SHARE

El camino es muy largo y lleno de obstáculos, aún así, hay personas y empresas que ya lo están recorriendo y a las que les vendría bien un poco de apoyo ¿Responderá el Estado a este llamado? EDICION NÚMERO 9 SEPTIEMBRE – 0CTUBRE 2013

Por Juan Vargas Sánchez, analista de INCompany y MANAGEMENTSociety.

silicon-valleyEl camino es muy largo y lleno de obstáculos, aún así, hay personas y empresas que ya lo están recorriendo y a las que les vendría bien un poco de apoyo ¿Responderá el Estado a este llamado? EDICION NÚMERO 9 SEPTIEMBRE – 0CTUBRE 2013
Por Juan Vargas Sánchez, analista de INCompany y MANAGEMENTSociety.

 No debería empezar así este artículo, pero ahí va: en la situación en que estamos, es casi imposible que en el Perú se pueda generar algún clúster con pretensiones de convertirse en un centro tecnológico equiparable al mítico Silicon Valley estadounidense. Con todo, es bueno partir de esta afirmación porque a pesar de que estamos a 7.200 kilómetros de distancia (y de desarrollo) de la parte sur de la bahía de San Francisco, en el Perú sí existe un grupo de emprendedores apostando por hacer empresas tecnológicas y que podrían destacar a nivel mundial si contarán con el apoyo y el ambiente adecuado. Para apoyarlos, lo que hay que cambiar es la situación en que estamos.

Una muestra del potencial peruano se mostró en junio pasado durante el Perú Service Summit 2013 en el que un grupo de creadores peruanos de software se reunió con contratantes extranjeros y logró venderles productos por cerca de US$ 8 millones que se prevé se incrementarán a US$ 25 millones en los próximos doce meses.

Pero la existencia de algunas docenas de empresas invirtiendo en negocios de alta tecnología no basta para que se pueda hablar de un Silicon Valley. Se requiere mucho más que eso y para comprobarlo, basta hacer un breve repaso de la historia de este conglomerado estadounidense. Lo primero que se encuentra es que la gran impulsora de este fenómeno fue una universidad ubicada en Palo Alto, California.

En efecto, desde la década de los 30 del siglo pasado, la Universidad de Stanford impulsó el estudio y la investigación en las nuevas tecnologías electrónicas. Como consecuencia de ello, en 1939, un par de amigos graduados de esa casa de estudio fundaron una compañía llamada Hewlett Packard que se estableció en terrenos que la universidad había abierto a los emprendedores tecnológicos.

Ante el éxito de la iniciativa, Stanford decidió en 1951 crear el Parque Industrial de Stanford, el cual acogió decenas de empresas, entre ellas a Shockley Semiconductor, la primera en hacer semiconductores en base al silicio, la cual tuvo un rotundo éxito. El autoritario y paranoico manejo de William Shockley, provocó que algunos de sus mejores empleados se alejaran y fundaran sus propias empresas. Dos de ellos, Robert Noyce y Gordon Moore fundaron Intel.

La historia de empresas exitosas de donde algunos empleados salían para formar a su vez otras empresas exitosas se repitió por doquier y a comienzos de los 70, toda la zona estaba llena de empresas que fabricaban semiconductores a base de silicio; fue cuando el periodista Don C. Hoefler acuñó el término Silicon Valley o Valle del Silicio, en 1971.

Al aporte inicial de la universidad y el surgimiento de ese ambiente de técnicos emprendedores permitió el crecimiento de Silicon Valley, pero fue la llegada de un tercer elemento que ayudó al despegue definitivo: el establecimiento en 1972 de Kleiner Perkins, una de las primeras firmas de capital de riesgo. El éxito de esta primera empresa atrajo a más inversionistas, muchos de ellos, también ex alumnos de Stanford que permitieron el desarrollo de los emprendimientos de los ingenieros-empresarios. El fenómeno se hizo tremendamente notorio con la salida a bolsa de la primera gran fabricante de computadoras, Apple, que se había fundado en 1976 en Silicon Valley, y que en 1980 recolectó US$ 1.300 millones en una Oferta Pública de Acciones.

Luego de ello, con la llegada de más emprendedores y la masificación de internet, se fundaron empresas de programación y negocios en red como Google, Yahoo, e-bay, Atari, Adobe Systems, Cisco, Oracle, y un largo etc..
Así, tres de los cuatro factores claves para la aparición de Silicon Valley fueron: universidad, emprendedores y financiamiento; el cuarto factor todavía no mencionado, es el tamaño del mercado estadounidense. Sin los cientos de millones de consumidores de equipos electrónicos, primero, y de pc y servicios en internet, después; no hubiese sido posible que estas empresas surgieran.

Volviendo a la realidad local, de esos cuatro factores, la industria tecnológica peruana apenas tiene uno, el de los emprendedores y no es que sean muchos. La Asociación Peruana de Software, Apesoft, por ejemplo, tiene poco más de 50 asociados.

Universidades
Solo dos universidades peruanas aparecen en el QS World University Rankings: la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. De las 2.000 universidades de todo el mundo tomadas en cuenta, ninguna peruana logra entrar siquiera al Top 400. Peor aún, en el segmento de Ingeniería y Tecnología, las universidades peruanas no existen. Como dato, el ránking tecnológico es liderado por el MIT, seguido de Stanford, Cambridge, UC Berkeley y Harvard (cuatro estadounidenses y una británica).

“Es verdad que la gente en el Perú es muy inteligente, y además es emprendedora, pero estas capacidades se usan para sobrevivir, pues el punto de partida de la mayoría de Mypes es una situación de bajo conocimiento, baja tecnología y poco acceso a mercados y capitales. No tienen la fuerza de otros países, como Brasil o Chile, en donde parten de una base de conocimiento y de tecnología mucho más elevada”, señala Fernando Villarán, decano de la Facultad de Ingeniería y Gestión de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.

Y así también lo perciben los propios empresarios. Hernan Quintana, gerente general de Devosinc, que desarrolla aplicaciones para dispositivos móviles, señala que en la actualidad, el nivel profesional de los peruanos es bastante bajo comparado con otros países, siendo una gran desventaja cuando de competencia se trata.

Jorge Ucañan, gerente de marketing de Medisys International, que crea soluciones para la industria farmacéutica, indica que “una falla general de la universidad es que ofrece profesionales que no tienen experiencia en volcar sus conocimientos en aplicaciones comerciales”. “Además de un conocimiento limitado, les cuesta entender lo que el usuario final desea. Pocos tienen iniciativa, esperan que se les diga que hacer”. Ucañan considera que un parque tecnológico que permita contar con todos los recursos humanos dotados de conocimiento, también ayudaría.

Para Víctor Zegarra Salazar, gerente de Acuario Service, que desarrolla soluciones para la administración integrada de empresas, la falta de capacitación de los colaboradores dificulta la expansión, y a ello agrega que también hace falta difundir los beneficios de las nuevas tecnologías entre las pequeñas y medianas empresas con la finalidad de incrementar la demanda. Y sí, el mercado es otro factor a analizar.

Demanda
“Es necesaria la existencia de un sistema de educación superior que promueva la existencia de universidades dedicadas a la investigación científica y que reciban inversiones del Gobierno y de empresas; pero además, hay un factor muy importante que se considera en todo tipo de industria que está innovando: el tamaño del mercado interno”, advierte José Antonio Robles, profesor de la Maestría en Dirección de Tecnologías de Información de ESAN.

Y como el mercado peruano no es amplio, se requiere especialización. Rolando Liendo, gerente general de Lolimsa, firma dedicada a la creación de software para clínicas, hospitales y otras empresas del sector Salud, sostiene que el Perú debe tener un plan de desarrollo tecnológico. “Debemos empezar por nuestros sectores estratégicos: minería, pesca, agricultura. Toda la tecnología debería ser elaborada para estos sectores. Salir a competir con tecnología sin un mercado y sin propósito alguno, es un desperdicio de recursos”, afirma.

Otro sector a explorar en el mercado interno es el de las pequeñas y medianas empresas. William Castañeda, gerente de Soinfo, diseñadora de software de gestión, señala que las pymes peruanas son creadas por emprendedores que destinan el 95% de su tiempo en conseguir clientes y el 5% a la gestión, por lo que son un excelente mercado para la industria tecnológica que pueda proveerles de herramientas que le ayuden a mejorar su gestión. Para ello hay que educar a estos empresarios en el uso de la tecnología.

Sin embargo, no solo está el mercado interno, sino que es preciso pensar en la exportación. De hecho, todas las empresas mencionadas en este artículo son exportadoras de sus productos y compiten en el exterior con diseñadores de software de todo el mundo. “Brasil es número uno en fútbol porque exporta jugadores”, comenta Castañeda.

Roddy Rivas-Llosa, gerente general de Risko, firma que crea soluciones de avanzada para el análisis de riesgo financiero, también lo cree así y sabe cómo lograrlo: “La clave es desarrollar una cultura de calidad total en las empresas y los profesionales del rubro de tecnología. Para competir exitosamente en el mercado global, los clientes internacionales deben percibir que los productos tienen cero defectos, exceden las especificaciones, son entregados a tiempo, con documentación clara, capacitación efectiva, actualizaciones relevantes y soporte técnico eficiente en su idioma”.

“Nosotros desde el inicio inculcamos a los emprendedores que auspiciamos a pensar en el mercado global”, acota Juan Francisco Rosas, Director Ejecutivo de Wayra Perú, la aceleradora de proyectos de Telefónica y que con su fondo de inversión es, para la mayoría de emprendedores, la única alternativa para aspirar a concretar su idea de negocio. Porque financiamiento es otra de las patas que faltan para tener una mesa que pueda albergar un Silicon Valley peruano.

La plata que falta
Si bien las productoras de software dominan el sector tecnológico peruano, la masificación de la internet está haciendo que surjan numerosos emprendimientos de negocios en la red, unos con más éxito que otros, y lo que todos tienen en común es que necesitan capital de trabajo para desarrollar sus iniciativas, mercadearlas y venderlas. Dinero que es muy difícil conseguir.

Wayra Perú es una de esas alternativas de financiamiento que tienen los emprendedores tecnológicos. Ya opera dos años en el país y mantiene en su centro de aceleración (y capacitación) más de veinte grupos de emprendedores en los que invierte luego de haberlos seleccionado a través de concursos públicos.

Ya hay experiencias exitosas. Uno de sus primeros emprendimientos, Cinepapaya, ha logrado levantar US$ 4 millones de diferentes inversionistas, en tanto que Plazapoints ha captado US$ 2 millones.
Gracias a ello, en el Perú, Wayra ha obtenido una revalorización de su inversión de 20%, lo cual debería ser suficiente para animar a otros inversionistas a imitarla, pero ello todavía no se ha producido.

El apoyo del Estado es mucho más modesto, y eso que el Fondo para la Innovación, Ciencia y Tecnología puede presumir de apoyar el surgimiento de un software para el control de humedad en harina de pescado, trabajo desarrollado la Facultad de Ingeniería de Universidad de Piura en coordinación con la empresa pesquera Tierra Colorada y la Scuola Universitaria per la Svizzera de Italia. Pero no es suficiente para impulsar a la industria.
“Estamos nosotros y está el Estado con algunos programas, pero hacen falta fondos especializados de riesgo”, indica Rosas.

Rol del Estado
Resumiendo, emprendedores en el Perú no faltan y si bien el mercado interno es pequeño, ellos han aprendido que hacia donde tienen que mirar es al exterior. La mejora de la educación y la falta de financiamiento son los grandes problemas a solucionar.

“Como en el Perú no tenemos las mismas condiciones que existieron en Silicon Valley, el Estado tiene que intervenir, como ha hecho en China, la India y Brasil. No hay forma de tener una poderosa industria del software si es que el Estado no interviene y apoya a los esfuerzos que ya se están haciendo. Para comenzar debe elevar el conocimiento, la base tecnológica y el acceso a mercados de las Pymes, tal como hace Chile con su programa Start Up Chile”, indica Fernando Villarán, de la UARM, y que cuando fue ministro de Industria, impulsó el programa Prompyme, hoy olvidado.

Igual piensa Robles, el catedrático de Esan: “Así como se apoya el turismo por ser una industria sin humo y que genera empleo, el gobierno podría también apoyar actividades como la creación de software a través de fondos de garantía que animen a los bancos a prestar dinero a estos emprendedores; además de incentivos tributarios para educación, fondos para capacitación de capacitadores (para investigadores y académicos que regresen al Perú), fondos para investigación en mejores prácticas de desarrollo de software y para estar al día con los desarrollos a nivel mundial así como para participar en el desarrollo de las ciencias de computación”. Y lo mismo piensan los actuales emprendedores tecnológicos.

El camino a Silicon Valley es muy largo y lleno de obstáculos, aún así, hay personas y empresas que ya lo están recorriendo y a las que les vendría bien un poco de apoyo ¿Responderá el Estado a este llamado?

La experiencia interna del BCP
En el Centro de Innovación Tecnológica BCP, la institución financiera más grande del país ha reunido a sus ingenieros para que la entidad tenga estabilidad operativa y los sistemas estén siempre disponibles para los clientes. Se busca además que de este ambiente de trabajo surjan mejores procesos, productos y servicios, según explica Ricardo Bustamante, gerente de la División de Sistemas del Banco de Crédito BCP.
“El CIT BCP es una construcción de infraestructura industrial de clase mundial, pues para la ejecución del proyecto se ha tomado en cuenta las mejores condiciones eléctricas, de telecomunicaciones y de entorno urbano disponibles”, recalca Bustamante.
Hasta el momento, los resultados se van obteniendo de una manera satisfactoria y en forma creciente.
Bustamante considera que para replicar esta iniciativa y promover la innovación y tecnología, se requiere que el Estado y la empresa privada sumen esfuerzos. Buena parte de ese esfuerzo debería servir para cubrir la brecha en la demanda de profesionales en tecnología.

Imitadores del silicio
No son pocos los países que tratan de imitar lo que sucede en Silicon Valley, pero todavía ninguno ha logrado igualar la producción innovadora de la región que ha dado al mundo invenciones como las computadoras personales, los videojuegos y los buscadores.
Están los programas Bangalore en India e iHub en Kenia que se basan en masificar el uso de Internet entre su población. Quizás Israel, con su Silicon Wadi, e Irlanda sean de los casos más exitosos al desarrollar industrias de software de escala mundial, y la gran apuesta es la que fomenta actualmente el estado de Nueva York.

José Antonio Robles, profesor de la Maestría en Dirección de Tecnologías de Información de ESAN indica que en una escala menor, hay experiencias positivas en Latinoamérica.
Costa Rica, Chile y Uruguay son ejemplos. En estos tres casos latinoamericanos los gobiernos participaron apoyando con recursos y estímulos la formación de la industria local. En el caso de Chile, el gobierno formó académicos e investigadores en diferentes partes del mundo. Algunos de estos investigadores incluso formaron parte de equipos mundiales que desarrollaron los estándares que hoy se utilizan para desarrollar software. Luego regresaron a Chile para crear institutos de formación local y para fomentar el uso de estándares de calidad que permitan a las empresas ser competitivas a nivel mundial.
En el caso de Costa Rica, el gobierno central incluso dispuso de equipos de profesionales que fueron a negociar la entrada al país de grandes compañías como Intel, que necesitan la coexistencia de proveedores locales. También invirtieron en entrenar académicos e investigadores de diferentes universidades.

Robles destaca también el caso de Uruguay, en donde el gobierno tuvo la iniciativa de crear una zona franca en la que se instalaron importantes empresas incluyendo a Tata Software. Desde el World Trade Center de Montevideo, estas empresas proveen de software y consultoría a la región latinoamericana contando con incentivos tributarios.

“En cuanto a hardware, El Salvador, un pequeño país centroamericano, logró atraer a la industria de chips para computadoras y si abrimos computadoras ensambladas en los 80s y 90s encontraremos varios componentes fabricados en ese país”, detalla Robles.