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Por Guillermo Barba, economista y periodista mexicano autor del blog Inteligencia Financiera Global y analista especializado en mercados de oro y plata.

Bitcoin se supone que no es una sino tres cosas: una moneda digital, un protocolo y un software, ligados básicamente para realizar transacciones punto a punto (P2P) y pagos, en todo el mundo, con bajos o nulos costos de procesamiento.

Esta “criptodivisa” o dinero virtual, se ha convertido en la más popular de todas, de un total de 42 que hasta el momento contabiliza el portal Coinmarketcap.com.

Su software es libre de código abierto y opera sin una autoridad que la controle: no hay gobierno, ni banco central. Esta sensación de independencia sin duda la ha vuelto muy atractiva para muchos, y gracias a eso, su uso junto con su precio, se ha disparado.

De hecho, es la explosión de éste la causante de que ahora no haya ningún medio financiero que no publique notas y artículos sobre Bitcoin, cuando hace solo unas semanas la ignoraban por completo.

El gráfico siguiente (cortesía de Bitcoincharts.com) no deja lugar a dudas. Su crecimiento en los últimos dos meses fue espectacular. De 139 dólares el 1 de octubre a más de 1,200 dólares el 1 de diciembre. Pero eso, no es nada.

Debemos decir que no es la primera vez que Bitcoin tiene un comportamiento de este tipo. Antes hubo otros, uno en proporción más escandaloso, que deberían estar levantando muchas cejas, pues el patrón se está repitiendo en poco tiempo y no debería ser considerado como normal, sino hasta sospechoso.

Veamos. Su creador (o creadores) bajo el seudónimo de Satoshi Nakamoto, lo trajo a la luz en 2009, y en 2010, una vez que se comenzó a intercambiar por divisas, su precio pasó de cinco centavos a más de 30 dólares en junio de 2011. Para agosto, se había caído ya a 2 dólares.

Desde ese fondo avanzó a ritmo más moderado hasta los primeros cuatro meses de 2013, cuando aceleró la subida desde 13 a más de 260 dólares el 10 de abril. En menos de una semana, se desplomó de nuevo hasta 50 dólares.

Como ve, la volatilidad de Bitcoin ha sido y seguirá siendo extrema. Con esta, ya es la tercera vez que esto se presenta. Tal vez hasta sus más fervientes promotores estén en un conflicto de intereses, buscando alentar más subidas de precio para intentar salir desde la posición más ventajosa posible, y claro, volviendo a comprar cuando se abarate.

¿O habrá “insiders” tomando ventaja, llenando sus bolsillos a costa de bienintencionados pero ingenuos fanáticos que compran caro y venden barato? Es una simple pregunta.

Lo cierto es que voces demasiado optimistas se están apresurando a calificar a Bitcoin incluso, como la próxima “divisa de reserva” que desplazará al dólar, al euro y “tan brillante como el oro”.

Vaya, ese tipo de calificativos no deberían más que recordarnos que con superlativos y promesas de ganancias exageradas, se han construido –y luego derrumbado, todas las burbujas y esquemas Ponzi de la historia.

Ahora, si le damos el beneficio de la duda y creemos que no hay mala intención en ella, Bitcoin no es una mala idea. Al contrario.

Son de reconocer todos aquellos esfuerzos que se hagan en aras de un sistema monetario justo, en el que la corrupción de las divisas no sea el común denominador, como por desgracia, sucede en nuestros días.

Con los mayores bancos centrales del mundo como la Reserva Federal (Fed) estadounidense, el Popular de China, del de Japón, el Central Europeo y el de Inglaterra en una vorágine de impresión de divisas para “estimular” la economía, se fuerza a la gente a buscar refugios seguros a su poca o mucha riqueza.

Bitcoin se presume que habría surgido con la intención de ofrecer una salida de ese “agujero negro”.

Sin embargo, toda persona poniendo dinero en ella, debe ser cautelosa y percatarse de que muchos de quienes la promueven, están pasando por alto aspectos que en el mismo portal de Bitcoin.org advierten, como curándose en salud.

Por ejemplo, dice de manera explícita que se trata de una “nueva divisa experimental” en desarrollo, un “nuevo invento” del que “su futuro no puede ser predicho por nadie”.

Asimismo, que su precio es volátil, y por tanto “no se recomienda poner tus ahorros en Bitcoin en este momento”. Reconocen así que se trata de un “activo de alto riesgo” en el que no se debe apostar más de lo que se pueda perder, pues para decirlo claro, al ser un dinero virtual su precio puede llegar a ser, por la circunstancia que sea, un gran cero.

Bitcoin.org también hace notar que sus pagos son irreversibles, no del todo anónimos y que al no ser una divisa oficial, se requiere pagar todos los impuestos que apliquen en la jurisdicción de que se trate.

En resumidas cuentas, si Bitcoin no es una estafa, tampoco es una “divisa”. No es dinero real sino un “token”. Un mero símbolo y juego diseñado matemáticamente, y que gracias a la tecnología luce muy sofisticado y llamativo.

Es como aquellas fichas que se compraban (o compran) en establecimientos que ofrecían entretenimiento con juegos de destreza, azar y videojuegos. Tal vez esté bien divertirse un poco con ellas y a alguien le guste tirar dinero de vez en cuando, pero de ahí a pagar ridículas sumas por un instrumento virtual de intercambio que venden como “la próxima divisa de reserva”, le debería borrar la sonrisa a cualquiera.

Es una pena que en la actualidad nos hayan hecho olvidar qué es el dinero de verdad y cómo es que surgió.

Esa es la raíz del problema y nos pierde en confusiones.

El dinero es una institución social, establecida por la libre interacción de las personas en el mercado, que a través de un proceso de discriminación fueron utilizando diversas materias primas como el medio general de intercambio.

En los más distintos lugares y épocas, ese proceso ha concluido siempre en las dos sustancias más vendibles de todas, es decir, aquellas con el menor diferencial (spread) entre el precio de compra y de venta, gracias al apetito humano por aceptarlas de manera casi ilimitada: el oro y la plata. Valor de verdad.

En el fondo, ese trueque por dinero real, algo material que se recibe a cambio de un bien o servicio, es el que constituye un pago. La deuda ha dejado de existir.

Vaya diferencia con respecto al dinero “fíat” (dólares, euros, etc.), que es justo lo contrario: una deuda en sí misma, una promesa de pago que requiere ser canjeada por bienes tangibles y/o servicios para ser liquidada. Nadie quiere billetes por ser billetes, sino por lo que se puede adquirir con ellos.

¿Qué es entonces Bitcoin, si su “valor” está en función del precio que tiene respecto a otro falso dinero fíat, del que se supone pretende evadirse? Una deuda sobre otra deuda –nunca un pago, que aunque en teoría no puede ser creada sin límites, seguirán apareciéndole imitadores “más perfeccionados”.

Especulación es especulación. Para quien sabe jugarla o gusta de arriesgarse, mucha suerte con Bitcoin. Ojalá que les vaya bien.

Otros, seguiremos prefiriendo el anticuado camino seguro del sentido común para combatir a la Fed, a sus secuaces y a la sinrazón, con dinero auténtico (oro y plata) y activos reales. Disculpen ustedes nuestra “excentricidad”.

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