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Resulta interesante pensar en el poder que se puede llegar a alcanzar con la gestión de una simple aplicación de correo electrónico.

Atención: lo que sigue es una mera hipótesis, no acuso de nada a nadie, no afirmo que nadie esté específicamente haciendo nada, no tengo pruebas para ello, dice el especialista Español Enrique Dans.

Con todo, me llamó la atención ver, en una de las “intriguing things” que Alexis C. Madrigal suele publicar en The Atlantic, una referencia al efecto que había provocado en una de sus newsletters el hecho de que Gmail la hubiese clasificado como spam y le hubiese estampado un aviso en rojo en la parte superior de “Be careful with this message”: la tasa de apertura cayó del habitual 60% a un 25%, y prácticamente nadie hizo clic en ninguno de los enlaces suministrados. Está claro: un aviso de alerta en rojo puede llegar a ser muy convincente.

El origen de esa clasificación, el porqué el algoritmo, en su supuestamente inabarcable inteligencia, decidió etiquetar el inofensivo correo, que no solo no contenía ningún enlace perjudicial o mínimamente cuestionable, como potencialmente dañino es un oscuro misterio que solo Google conoce. Pero yo lo relacioné inmediatamente con lo que me sucede desde hace ya bastante tiempo con los correos procedentes de Amazon: en una cantidad alarmantemente elevada de ocasiones se van a la carpeta de spam. Vaya por delante que nunca he marcado un correo de Amazon como spam: los que recibo, los recibo porque quiero, porque si no fuese así, Amazon tiene perfectamente localizable en su página unas preferencias de correo que me permitirían anular esos envíos. Si algo está en principio alejado del concepto de spam es claramente Amazon. Además, muchos de sus correos me aportan información interesante: para un académico, las recomendaciones de libros pueden tener un gran valor – sobre todo si tienes un historial amplio de compras que permiten configurar tu filtro de preferencias adecuadamente – y otras comunicaciones, como las facturas de compra, la actividad en Kindle o los reportes de actividad de Associates, son elementos que necesito guardar para mis registros.

Probé añadiendo a Amazon a mi lista de direcciones. No funcionó. Intenté desmarcar como spam cada vez que veía un correo en esa carpeta. Tampoco. Incluso me encontré varias veces con un aviso que me proponía enviar ese resultado a Google para mejorar los resultados del filtro de spam. Ni así. En su momento, hace ahora un año, ya manifesté mis quejas a través de Twitter al Gmail team, pero no hubo respuesta. Y parece, además, que no soy el único al que le ocurre.

No, no digo que Google esté saboteando a Amazon utilizando Gmail para provocar un descenso en su tasa de apertura y en el clickthrough de sus enlaces. Pero sí conviene hacer una pequeña reflexión acerca del funcionamiento de algo tan aparentemente simple como una aplicación para gestionar el correo electrónico, y el poder que su manejo puede llegar a brindar. Incluso aunque consiguiese alguna forma de evitar que los correos de Amazon fuesen a la carpeta de spam, que posiblemente aún no las haya probado todas, caben pocas dudas sobre que, en el agregado de usuarios, una acción así llevada a cabo conscientemente daría lugar a un perjuicio notable sobre la eficiencia de las actividades comerciales de cualquier comercio afectado. El último dato difundido sobre el número de usuarios de Gmail corresponde a junio de 2012, y era de 425 millones de usuarios, una cifra perfectamente capaz de influir sobre las campañas de publicidad de cualquiera.
¿Es posible reclamar a Google transparencia o información completa en el modo en que funcionan los filtros de spam de Gmail? Probablemente no, porque suministrar dicha información implicaría facilitar a quienes pretenden abusar de dichos filtros para enviar spam hacerlo de una manera más ventajosa. Es curioso como funcionan este tipo de cosas: la condición que te impide ser transparente te da la posibilidad de abusar de dicha falta de transparencia.

El lanzamiento de Gmail el 1 de abril de 2004 fue un paso fundamental para Google: consiguió que muchos de los usuarios de sus servicios se acostumbrasen a usarlos tras pasar por un proceso de login, tras identificarse de manera voluntaria, paso obviamente indispensable para que el servicio tuviese sentido. Además, desde el punto de vista estrictamente competitivo fue un lanzamiento brutal, que multiplicaba por mucho las prestaciones de la oferta preexistente y lo hacía de manera gratuita, con la contrapartida de sazonar con publicidad relacionada con el contenido del mensaje el lateral derecho de la pantalla en la que estos eran leídos. Hoy, Gmail es con mucho la mejor manera de gestionar el correo: no he encontrado nada que le haga mínimamente sombra en prestaciones y fiabilidad. Su filtro de spam es generalmente muy bueno, tanto que no se me ocurre cómo podría trabajar si no lo tuviese. Pero no lo olvidemos: la mano que maneja el correo, puede ser la mano que domine el mundo…

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