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Para a algunos el retiro puede significar una gran pérdida, para otros, una gran satisfacción, pero lo cierto es que siempre lleva aparejado la necesidad de invertir esfuerzo y energía en adaptarse a una nueva situación.
Por Guillermo Segón de Lahitte, consultor en Seguridad Social, Recursos Humanos, Derecho Tributario y Laboral en Argentina.

La persona que se jubila experimenta un gran cambio en su vida. Dejar de trabajar, implica inevitablemente la modificación de hábitos que, la mayoría de las veces, se han llevado a cabo durante largos años. Levantarse a determinada hora, salir de casa, realizar una actividad específica, relacionarse con ciertas personas, regresar a casa siempre en el mismo horario, etc., son acciones que suelen transformarse en costumbres luego de realizarlas durante mucho tiempo. Interrumpir estas costumbres, en forma repentina, no es fácil.

Para a algunos puede significar una gran pérdida, para otros, una gran satisfacción, pero lo cierto es que siempre lleva aparejado la necesidad de invertir esfuerzo y energía en adaptarse a una nueva situación.

Además, en nuestros países hay otra incertidumbre muy grande en los empleados por desconocer con cuanto se van a jubilar, es decir cuáles van a ser sus ingresos cuando se retiren.

Las personas próximas a jubilarse o recientemente jubiladas pueden tender a la depresión, sobre todo en el primer año de inactividad laboral. “No sentirse útiles o el hecho de que esta nueva etapa no sea como la habían planeado, que no cumpla sus expectativas, puede crear un cuadro depresivo.
Hay personas que no quieren retirarse, pues se encuentran perfectamente y no saben bien que harán con su tiempo una vez este en casa y hay otras muchas que pasan largos años de su vida soñando con el momento en que cumplan la edad reglamentaria para la jubilación.
No son pocas las personas que sueñan con el retiro como si éste fuese un paraíso.
“Jubilarse del trabajo no quiere decir jubilarse de la vida, es un momento de riesgos, pero también de oportunidades”, afirma la psicóloga María Dolores Ortiz, integrante del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.
Hay que pensar en un retiro dinámico y con actitud proactiva.
La persona retirada debe conservar siempre el derecho a ser útil y a serlo con dignidad. Cada individuo debe descubrir a tiempo sus capacidades y limitaciones.
La salud mental es clara y precisa en su recomendación de la vida activa. La actividad es un atributo de la persona mentalmente saludable.
La vida saludable ineludiblemente exige actividades que repercutan en sentimientos de satisfacción. La pasividad estanca y deteriora.

Algunas organizaciones se ocupan de ayudar a sus empleados a prepararse psicológica, emocional y familiarmente para el momento de la jubilación o retiro laboral. Ayudar preventivamente en esta etapa, es una forma de agradecer al empleado todo lo realizado, de contenerlo humanamente y de extender su identificación con la organización.

Además, preparar a las personas para la jubilación genera a las empresas importante reducción de costos laborales. Al momento de comunicar al empleado que se tiene que jubilar conforme lo establece la ley de contrato de trabajo, si el empleado previamente ha sido preparado, realizará sus trámites jubilatorios sin estirar los tiempos y se retirará antes evitando que el empleador siga pagando salarios por varios meses.

El apoyo al trabajador que se retira
De acuerdo a la experiencia de los consultores previsionales, el proceso de jubilaciones en las empresas suelen ser muy traumático y largo. El empleado no está preparado y, en caso contrario, este proceso suele ser muy agradable y de corta duración cuando el trabajador tiene planificado qué va hacer después de su jubilación.
Si la etapa de jubilación es una crisis de desarrollo que afecta tanto al empleado como a sus familiares convivientes, cuanto más preparados estén todos para acomodarse al nuevo estadio, mejores serán los resultados.

¿En qué consiste la orientación para la jubilación? Es un proceso en el desarrollo que incluye iniciativas que favorezcan la adaptación de los trabajadores a la nueva situación. Debe ser dirigido por un profesional orientador especializado en procesos de jubilación y es de gran valor para favorecer la vivencia de este tránsito vital con éxito. El asesoramiento fundamental trabaja la actitud que debe tener la persona para abordar esta etapa satisfactoriamente. Implica una revisión de vivencias, conocimientos acumulados y experiencias.