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Que Facebook haya desembolsado la friolera de 2.000 millones de dólares por Oculus VR es una noticia que ha dejado a más de uno con la boca abierta.

En primer lugar, porque sólo hace mes compraba WhatsApp por 19.000 millones de dólares y cabía esperar que la red social se tomara unas “vacaciones” después de una adquisición con tantos ceros. Y en segundo lugar porque el único mérito de Oculus VR es haber sacado de la chistera un vistoso dispositivo de realidad virtual, Oculus Rift, que ni siquiera está a la venta para el gran público.

Es cierto que quienes han tenido la suerte de probar las gafas de realidad virtual Oculus Rift aseguran que la experiencia es absolutamente mágica, pero ¿tanto como para que Facebook haya puesto sobre la mesa un cheque de 2.000 millones de dólares por una empresa cuyo producto estrella no ha salido aún del cascarón?

Parece que sí. Al menos así lo cree Mark Zuckerberg, el “derrochón” consejero delegado de Facebook. “Nuestra misión es hacer un mundo más abierto y conectado. Durante los últimos años eso se ha traducido en la creación de mejores aplicaciones móviles que ayudan a compartir con las personas que nos importan. Tenemos mucho más que dar en el sector móvil, pero en este momento sentimos estar preparados para empezar a centrarnos en lo que vendrá después”, señala Zuckerberg.

“Oculus ya tiene grandes proyectos que no se van a cambiar y que esperamos que se aceleren. Oculus Rift es muy esperado por la comunidad de jugadores y hay mucho interés por parte de desarrolladores. Nos vamos centrar en ayudar a Oculus. Pero esto es solo el comienzo. Vamos a hacer de Oculus una plataforma para muchas otras experiencias“, recalca el fundador de Facebook. “El futuro está llegando y tenemos la oportunidad de construirlo juntos. No puedo esperar para empezar a trabajar con todo el equipo de Oculus para traer ese futuro al mundo y desbloquear nuevos mundos para todos”, añade.

“Oculus tiene la oportunidad de crear la mayor plataforma social nunca vista y de cambiar la manera en que trabajamos, jugamos y nos comunicamos”, dice Zuckerberg.

Lo cierto es que no hay razones para dudar de la sinceridad de Zuckerberg. La realidad virtual, pese a su larga gestación plagada de reveses, podría convertirse muy bien en esa gran plataforma social que profetiza el CEO de Facebook. Además, la red social más grande del mundo simplemente no puede permitirse el lujo de quedarse atrapada en un mundo plano de imágenes y vídeos convencionales mientras afuera se está gestando algo tan maravilloso como la realidad virtual.

Sin embargo, y más allá del potencial de Oculus Rift para convertirse en la mayor plataforma social nunca vista, hay otra razón por la que Facebook ha comprado a su fabricante. Oculus Rift podría venirle como anillo al dedo al ya boyante negocio publicitario de la red social. Los anunciantes no paran de quejarse de lo que poco inmersivas que son las experiencias de marca en la televisión y en internet, pero podrían cambiar completamente de parecer con la entrada en escena de la Oculus Rift de Facebook.

Algunos aseguran que Facebook se ha precipitado con la compra de Oculus VR o más bien que Oculus VR se ha precipitado a la hora de dejarse comprar por la red social. “Vender la compañía ahora, justo cuando la realidad virtual comienza a emerger, es como vender las llaves de internet sin explorar su verdadero potencial”, advierte Ambarish Mitra, CEO y co-fundador de la empresa de realidad aumentada Blippar, en declaraciones a Forbes.

Aun así, y pertrechado de los miles de millones de dólares que le ha deportado la salida a bolsa de su empresa, Zuckerberg no parece preocupado por el hecho de que su compra tarde aún bastantes años en dar brotes verdes. Con esta nueva y multimillonaria adquisición, el fundador de Zuckerberg quiere gritar a los cuatro vientos que es capaz de hacer frente al denominado dilema del innovador, ese dilema que lleva a algunas compañías pioneras a perder relevancia por centrarse en exceso lo que tienen entre manos e ignorar las nuevas tecnologías.

Puede que a algunos la manera de Zuckerberg de afrontar el dilema del innovador les parezca excesivamente onerosa, pero puede que en realidad no lo sea tanto. De hecho, hay quienes comparan su última compra con la adquisición de Android por parte de Google en 2005. Puede que Zuckerberg sea un genio mucho más visionario de lo que pensamos después de todo.

Fuente: marketingdirecto.com

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