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El término norteamericano worhaholic surge en los años setenta de la unión de trabajo (work) y alcoholismo (alcoholism). Introduce los rasgos característicos del comportamiento alcohólico al ámbito del trabajo y del mundo laboral.

En un mundo en el que trabajar demasiado no basta, estar ocupado y renegar del ocio se ha convertido en el símbolo de estatus definitivo. Lo cool ahora es asumir la pose de “no tengo tiempo para nada”.

El artículo completo puede leerlo en la edición impresa de INCompany que ya se encuentra a la venta en librerías y Kioscos.
Aquí les dejamos un resumen del artículo.

El término norteamericano worhaholic surge en los 70 de la unión de trabajo (work) y alcoholismo (alcoholism). Introduce los rasgos característicos del comportamiento alcohólico al ámbito del trabajo y del mundo laboral. El primer registro de su utilización data de 1968 y luego es popularizado en 1971 por Wayne Oates, en su libro Confesiones de un workaholic .

Pero el término no obtuvo mucha difusión, sino hasta la década de 1990, cuando se expandió gracias a su relación con las teorías de autoayuda, movimiento centrado en las adicciones, formando analogías entre las conductas dañinas socialmente como la adicción al trabajo y drogadicción, incluyendo la adicción al alcohol. Aunque el término workaholic no es una acepción admitida dentro de la terminología psicológica, se ha extendido para referirse a aquellas personas quienes dedican su tiempo al trabajo, o problemas relacionados al mismo, quienes llevan una vida muy ajetreada y que va en detrimento con su salud y funciones fisiológicas, vidas sociales, familiares y personales o sencillamente contra su tiempo libre.

Para las personas que son adictas al trabajo, éste constituye el centro de su vida, el propio empleo resta importancia a todo lo demás, incluida la familia, el ocio y la vida social. Lo consideran como su refugio. El hecho de llevarse trabajo a casa para acabarlo por la noche o los fines de semana es algo que resulta habitual en la persona que lo padece.

Esta situación define a aquellos trabajadores que, de forma gradual, van perdiendo estabilidad emocional y se convierten en adictos al control y al poder, en un intento por lograr el éxito, según explica la psicóloga Marisa Bosqued en su libro ¡Que no te pese el trabajo!

Hablamos de adicción cuando la dedicación al trabajo tiene carácter compulsivo y está exento de control. Las consecuencias suelen traducirse en efectos negativos sobre el bienestar y la salud psicológica, y física de la persona. El trabajo se convierte en el ámbito más importante, al tiempo que se descuidan las relaciones afectivas y sociales. Las adicciones suelen estar mal consideradas, en cambio, la adicción al trabajo está socialmente aceptada. Por eso es fácil negarla, e incluso invalidar los juicios de otros que tratan de poner al descubierto el comportamiento adictivo.

El perfil del adicto al trabajo

Siguiendo a los especialistas, algunas de las manifestaciones más frecuentes son:

* Pensar en el trabajo cuando no se está trabajando.
* No tomar vacaciones.
* Ansiedad e inseguridad ante responsabilidades laborales.
* Compromiso excesivo y compulsivo con la actividad profesional.
* Personalidades obsesivas que controlan su ambiente y evitan situaciones novedosas, lo que contribuye a disminuir su inseguridad personal.
* Intentar hacer todo ahora.
* Imposibilidad de abandonar, al final de la jornada, un trabajo inacabado.
* Incapacidad de negarse ante nuevas propuestas laborales.
* No disponer de un sistema de prioridades estables.
* Ser acusado por sus familiares de que muestra más interés por el trabajo que por ellos.
* Ser competitivo en cualquier actividad, incluso cuando practica deportes en familia.
* Impaciencia.
* Mirar frecuentemente el reloj.
* Sentido de culpa cuando no se trabaja.
* Sus “entretenimientos” tienen que ver con su profesión.
* Esperar que todos trabajen como él.
* Dificultad para implicarse en las actividades de los otros.
* Experimentar placer cuando relata lo mucho y lo duro que trabaja.

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