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Kotter ha llegado a cuantificar que “sólo un 20 por ciento de los actuales directivos que gestionan las empresas tiene talento de líder”.
Por José Manuel Casado González, Distinguished Clinical Professor del IE Business School y presidente de 2.C Consulting.

SOBRE EL AUTOR
José Manuel Casado González. Es presidente de 2.C Consulting, empresa especializada en consultoría de Organización, Estrategia de Capital Humano y Gestión del Cambio. Hasta diciembre de 2009 fue Socio Director de Accenture, responsable del área de Talent & Organization Performance. Actualmente es miembro del Advisory Board de varias instituciones; además es Distinguished Clinical Professor del IE Business School y profesor de la ESCP Europe de París.
Doctor en Sociología Industrial, Master en Organización y Dirección de Recursos Humanos y PDD por el IESE.
Es considerado uno de los mayores expertos españoles en Leadership. Incluso ha desarrollado un marco de referencia para líderes que ha denominado “EL Volante del Éxito”, que será el título de su próxima obra de ayuda para el desarrollo del liderazgo.

 

La escasez de talento para liderar es un hecho. El mismo Kotter ha llegado a cuantificar que “sólo un 20 por ciento de los actuales directivos que gestionan las empresas tiene talento de líder”. Ralph Larsen, consejero delegado de Johnson & Johnson, sostenía en cierta ocasión que “el liderazgo es la mayor restricción para el crecimiento de la empresa y nuestro principal problema de negocio”.

El mundo empresarial ha comenzado a reconocer de manera manifiesta lo que hasta hace muy poco había sido un hueco discurso: la necesidad de que las empresas estén dirigidas por líderes y no por gestores. Obviamente no lo ha reconocido porque a algún gurú se le haya ocurrido que ésta es una buena idea, sino al comprobar la tozuda realidad demostrada por la contundencia de los datos. En este sentido, multitud de estudios, algunos de ellos como los realizados por Kotter y Heskett, demuestran cómo la cotización en bolsa, durante un periodo de 10 años, de las empresas que han sido dirigidas por auténticos líderes, han llegado a alcanzar una capitalización bursátil de un 900 por ciento, frente al sólo 74 por ciento que consiguieran aquellas otras que fueron dirigidas por gestores carentes de capacidad de influencia y liderazgo sobre las personas.

Por otra parte, se estima que en torno a un 85 por ciento de las empresas han emprendido, en los cinco últimos años, procesos de cambio significativo y que, además, cerca de un 40 por ciento de estos procesos fracasaron. Si a esto sumamos que la causa primera de dicho fracaso fue la falta de liderazgo y que –como ha quedado demostrado por numerosas investigaciones– los mejores no abandonan la empresa en la que trabajan, sino a los jefes para los que trabajan, el resultado sale redondo: los directivos (que tengan madera de líderes) son el elemento fundamental y crítico de cualquier empresa. Así lo afirmó a principios de 2002 el propio Bill Gates, quien aseguró: “si los 40 primeros directivos dejaran mi empresa, ésta se hundiría”.

Ya no se trata de controlar y ordenar sino de liderar e influir. El “unos pocos piensan y otros muchos hacen” está obsoleto, es un anacronismo de gestión y su existencia tiene los días contados; y esto, mi querido lector, es otra de las grandes contradicciones de la empresa actual.

Contra la crisis…liderazgo
La necesidad de contar con auténticos líderes empresariales no ha sido nunca tan acuciante como en la segunda década de este de siglo. El mundo desarrollado está inundado de problemas y padece una gran falta de talento directivo que sea capaz de combinar los retos de la globalización y el avance de las nuevas tecnologías con una, cada vez más, necesitada cultura emprendedora. Estamos ante una nueva situación de transformación radical en la forma de operar y hacer negocio, en la que la imaginación de las personas y especialmente la de los directivos resulta determinante para ganar un futuro, del que apenas sabemos que será distinto al pasado.

El optimismo casi desenfrenado que caracterizó a la década de los noventa del siglo pasado, en la que parecía que todos los caminos conducían al éxito, ha desaparecido. El aterrizaje en la realidad comenzó con la ralentización económica -o incluso crisis- acaecida al cambiar el siglo, agravada por los terribles acontecimientos del 11 de septiembre de 2001; sus efectos en los Estados Unidos y en todo el mundo seguirán presentes durante bastante tiempo. La ruptura de expectativas, el hundimiento de muchas de las llamadas dot.com, el cuestionamiento de la nueva economía y algunos casos relevantes de abusos manifiestos en la gestión empresarial unidos a la debacle de la crisis iniciado por las subprime y que ha cristalizado en una crisis parece ser más estructural que coyuntural, han sido otros tantos jalones en este camino de incertidumbre en el que se encuentra la economía mundial. En este contexto, las cualidades directivas son y serán cada vez más importantes para predecir lo qué es y será el mundo de los negocios.

Además, para añadir mayor complejidad al panorama, la mayoría de los expertos asegura que, en esta época de trascendentales cambios que vivimos, muy pocas de las personas que están ocupando puestos de responsabilidad pueden ser consideradas como auténticos líderes, estos es, individuos capaces de transformar y crear contextos organizativos retadores y atractivos. La mayoría son más bien gestores, jefes que mantienen, reproducen, conservan y responden con soluciones viejas a problemas nuevos. John Kotter ha llegado a decir que “no se puede dirigir empresas del siglo XXI con estructuras del siglo XX y directivos del siglo XIX”, en clara alusión a este terrible déficit que padece el mundo de las organizaciones.