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La sobreoferta mundial de petróleo y una demanda que no crece al mismo ritmo han mantenido la tendencia descendente de los precios del petróleo, que el miércoles llegaron a sus niveles más bajos de los últimos cuatro meses tanto en el Brent, el valor de referencia global, como el West Texas Intermediate, el referente en el mercado estadounidense, señala Russell Gold en The Wall Street Journa. 

Una demanda global debilitada por el estancamiento económico de la zona euro y la desaceleración de China y otras economías emergentes se han combinado con una ola de crudo que proviene principalmente de la nueva producción de Estados Unidos para amenazar la estabilidad de algunos países y lanzar un salvavidas económico a otros. Con el WTI que ayer cerró a US$81,78 en Nueva York (llegó a caer hasta US$80,01) y el Brent a US$83,789 (el más bajo desde noviembre de 2010), algunos analistas predicen que el WTI caerá hasta US$72 por barril.

Países cuyas economías tienen una fuerte dependencia del petróleo, como Rusia, Irán y Venezuela, ya sienten el impacto. La demanda global está estancada y la Agencia Internacional de Energía proyectó la semana pasada que la demanda de petróleo durante este año crecerá a su menor nivel en cinco años.

Sin embargo la producción de petróleo sigue en un nivel alto. En EE.UU., la fracturación hidráulica ha desatado un nuevo torrente de crudo que inunda el mercado. Se prevé que la producción estadounidense vuelva a aumentar este año, señala Ed Morse, director global de investigación de materias primas de Citigroup Inc. El descenso en los precios, sin embargo, podría desacelerar el crecimiento del año próximo.

La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que controla alrededor de un tercio del suministro global, no se ha mostrado dispuesta a reducir la producción. Arabia Saudita desea conservar cuota de mercado aunque signifique precios más bajos, una postura polémica abordada el martes en una inusual carta pública del príncipe y célebre inversionista saudita Al-Waleed bin Talal al ministro de petróleo del reino. Irán dio señales de que también aceptaría precios menores.

Las posibles consecuencias económicas y sociales varían en todo el mundo. Algunos economistas advierten que, aunque la caída en el precio del combustible deja más dinero en los bolsillos de las personas y por ende apuntala el consumo, el impacto sobre EE.UU. y Europa puede ser negativo puesto que una de las mayores razones detrás de la caída del crudo es el enfriamiento de la economía global. “Si no tenemos mercados a los cuales vender nuestras exportaciones, eso arrastrará a la economía aunque los consumidores tengan un poco más tras comprar gasolina”, señala James Hamilton, profesor de Economía de la Universidad de California en San Diego.

En cambio, las economías de países que importan energía, como Japón, Corea del Sur y Taiwán, probablemente se beneficiarán aunque la caída en los precios del crudo se revierta antes de lo previsto.

Hasta hace poco, los precios del crudo seguían altos a pesar del aumento en el suministro debido a que guerras y conflictos civiles perturbaban el mercado. Ahora, sin embargo, “hay una abundancia de riesgo geopolítico, pero hay una abundancia de petróleo aún mayor”, afirma Daniel Yergin, vicepresidente de investigación la consultora IHS Inc.

Las semillas del exceso de suministro se plantaron hace poco más de una década en el norte de Texas, EE.UU., cuando empresas estadounidenses fueron las primeras en emplear técnicas de perforación horizontal combinadas con tecnología de fracturación hidráulica. El resultado fue extraer petróleo y gas de rocas que antes se consideraban inservibles.

La producción petrolera de EE.UU. ha subido 56% desde 2004, el equivalente a bombear 1,3 millones de barriles adicionales al día a la producción petrolera habitual del país, procedente de yacimientos tradicionales. Rex Tillerson, presidente de la junta directiva de Exxon Mobil Corp. , declaró la semana pasada que EE.UU. y Canadá han ingresado en una “nueva era de abundancia energética”.

Las disputas al interior de la OPEP se podrían intensificar si los precios siguen en baja, puesto que algunos miembros quieren bombear más para mantener sus ingresos. Un reciente informe de Deutsche Bank calcula que Venezuela necesita que los precios superen los US$120 el barril para equilibrar su presupuesto. El presupuesto de Angola, en tanto, contempla un barril a US$98.

China ha aumentado de forma constante su dependencia del crudo extranjero. Más de 61% del petróleo que consume será importado el año próximo, según estimaciones oficiales. La baja del petróleo coincide con la desaceleración del crecimiento económico chino. El petróleo más barato podría ayudar a reducir los costos de producción en una amplia gama de sectores y contener la inflación. India, que importa 75% de la energía que consume, también se beneficiaría.

No es el caso de Venezuela, donde el gobierno del presidente Nicolás Maduro hace frente a una moneda al borde del colapso y la escasez de pañales, papel higiénico, medicinas, autopartes y otros bienes.

El país ya sufría una escasez de divisas debido al elevado gasto fiscal y otros problemas. Cuando los precios del petróleo bordeaban los US$100 el barril este año, los venezolanos salieron a las calles a protestar por la escasez y lo que muchos líderes de las manifestaciones llamaron el mal manejo de la economía por parte del parte del gobierno. “Los precios del crudo venezolano están altos desde hace varios años, y el país aún tiene problemas para pagar su deuda a esos precios”, resalta Russ Dallen, socio de la firma de corretaje de Caracas, Capital Markets. Asdrubal Oliveros, director de la consultora Ecoanalítica dijo que Venezuela tiene pocas opciones. “Los venezolanos pueden hacer todo el ruido que quieran en la OPEP, pero la que manda es Arabia Saudita”, observó. El banco central y el ministerio de Finanzas de Venezuela no respondieron a pedidos de comentarios.

El presidente ruso Vladimir Putin reconoció la semana pasada que el presupuesto nacional está “bajo presión”. Cerca de la mitad de los ingresos del gobierno ruso provienen de las ventas de crudo y gas. El banco central ya trabaja en lo que denomina un “escenario de shock” en el que los precios se desploman a US$60 el barril.

—Benoît Faucon, Ezequiel Minaya, Mark Magnier y James Marson contribuyeron a este artículo.

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