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El mes pasado, Edilberto Soto fue detenido en el aeropuerto internacional John F. Kennedy de Nueva York con una encomienda de cinco kilos de Perú.

El contrabando: una colorida variedad de papas de los Andes, cerca del lugar donde el tubérculo fue cultivado por primera vez hace un milenio.

“Nos las quitaron”, dice Soto, un cultivador de papas que planeaba exhibir los ejemplares en una feria gastronómica en Brooklyn.

Soto se refería al escuadrón de defensa estadounidense contra el ingreso ilícito de productos alimenticios: un equipo de especialistas agrícolas y funcionarios de aduana que usan un perro beagle —con un chaleco azul marino con la frase en inglés “Protegiendo la agricultura estadounidense”— para identificar artículos de contrabando a través del olfato, y un enorme triturador industrial para destruirlos., reseña Leslie Josephs en The Wall Street Journal.

Fred Skolnick, especialista agrícola, afirma que simpatiza con los infractores. “La gente siente pasión por la comida”, dice. “Intente quitarle un salami a un italiano”. La comida ilegal es confiscada y los pasajeros podrían recibir multas de hasta US$300 por la infracción, pero Skolnick afirma que eso no es habitual. En cambio, dice, el equipo del aeropuerto JFK les da a los sospechosos muchas oportunidades para rectificar sus declaraciones de aduana para admitir que traen productos agrícolas. (Los agentes siguen intentando: “¿Está seguro de que no tiene nada en su equipaje? Parece que podría tener algo, ¿está seguro?”.

Aún así, Skolnick ha desarrollado un ojo experto para detectar potenciales contrabandistas. “Las mujeres de edad avanzada en sillas de ruedas, esa es mi primera sospecha”, dice.

En sus más de tres décadas en este empleo, afirma, ha descubierto “cabezas enteras de vacas, cabezas enteras de ovejas” y “mujeres con salamis debajo de sus abrigos”.

El objetivo de las autoridades es simple: proteger la agricultura de Estados Unidos de enfermedades.

Las papas son conocidas por ser transmisoras de pestes, ya que su cáscara delgada y la suciedad que se le pega pueden tener muchas plagas, como la que desató la hambruna en Irlanda en la década de 1840.

Según la unidad de seguridad de planta del Departamento de Agricultura de EE.UU., las papas frescas pueden ser importadas al territorio continental estadounidense sólo desde Canadá y México. Un puñado de otros proveedores se las vende a las islas de EE.UU. en el Caribe y el Pacífico.

Pero para muchos peruanos que viven en EE.UU., es una restricción difícil de aceptar. La papa es un pilar de la cocina peruana, con cerca de 3.000 variedades que se cultivan en Perú, según el Centro Internacional de la Papa en Lima, recuerda Leslie Josephs.

El área de Aduana y Protección Fronteriza de EE.UU. realiza más confiscaciones de papas entre pasajeros que llegan desde Perú que desde cualquier otro país, según datos de la agencia. Los agentes reportaron 21 confiscaciones de papas de pasajeros en vuelos provenientes de Perú en el año que terminó al 30 de septiembre de 2013, según los datos aduaneros más recientes, un aumento de 31% frente al año previo.

Muchos peruanos justifican el contrabando de papas con su profundo amor por su diversa cocina, en particular los platos a base del tubérculo, como la causa: puré de papas coronado con mezclas picantes de camarones, pulpo o carme vacuna, entre otros.

“Somos un país a base de papa”, afirma Tania Quevedo, quien trabaja en el negocio de su familia Peruvian Import Co., en Nueva Jersey, que importa comida peruana para vender a restaurantes.

Cuando el chef Alex Rojas abrió Jora, un restaurante peruano en Queens, Nueva York, su clientela peruana lo interrogó, dice. Tuvo que admitir que usaba papas del estado de Idaho para preparar su causa.

“No les podía mentir”, asegura, y agrega que la versión de Idaho no es lo mismo que la papa amarilla peruana, cuya textura, agrega, es más cremosa.

Víctor Albisu, chef y dueño de Del Campo, un restaurante peruano en Washington, sostiene que las papas Yukon Gold que usa para preparar su lomo saltado —que incluye papas fritas— son más densas que las papas amarillas de Perú. Luego la papa “se convierte (en sólo) una parte del plato, no es la estrella del plato”.

La papa forma parte de una larga lista de productos agrícolas y animales confiscados por las autoridades de EE.UU. en aeropuertos internacionales, incluidas rarezas como “plasma de sangre bovina” o un “nido de pájaros”.

Jasper es uno de los cinco perros beagle en la zona de equipaje del JFK. Las razas de mayor tamaño trabajan en la zona de correspondencia y carga.

Elegidos por su naturaleza agradable, los beagles son adoptados de refugios, y son entrenados para aprender “los cinco olores”: carne vacuna, carne de cerdo, mango, manzana y cítricos, según la aduana.

Jasper sube y baja de carros de equipaje y se sienta cuando huele comida. Por eso, lo recompensan con algo de comer, aunque sus adiestradores admiten que “a veces se sienta cuando quiere simplemente algo de comer”.

El paso final para la comida confiscada es el Monstruo Muffin, un enorme y potente triturador industrial con cuchillas de acero reforzado. La máquina destruye varios cientos de kilos de comida por semana.

Aunque los amantes de la papa peruana esperan que cambie la ley, es poco probable que suceda. Blair Richardson, presidente ejecutivo del Consejo de la Papa de EE.UU., un grupo comercial, afirma que “no tiene mucho sentido” importar papas desde Perú porque los agricultores de EE.UU. ahora producen variedades que comparten raíces con las del país andino, incluidas las famosas papas rojas. “Las podemos obtener aquí”, dice.

Conrado José Falco Scheuch, un economista de la Oficina Comercial de Perú en Nueva York, una agencia gubernamental, afirma que las papas tienen un precio demasiado bajo como para tomarse la molestia de pedir permiso al Departamento de Agricultura de EE.UU.
Eso ha generado desilusión entre algunos comensales.

Lizzie da Trinidade-Asher, presidenta de Macchu Pisco, una firma importadora de brandy de uva peruana, afirma que su abuela de 99 años, que vive en EE.UU., se niega a prepararle causa con papas estadounidenses.

“Ve las papas estadounidenses y se pone a llorar”, dice Da Trinidade-Asher.

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