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La banca online, los pagos móviles, las apps están ganando terreno en todo el planeta, así que los bancos no pueden permitirse perder el paso en esta batalla y la mayoría de los más importantes del mundo están realizando fuertes inversiones para no quedarse atrás.
Por Ignacio de la Vega, analista de INCompany

 El 70% de los que tienen entre 18 y 34 años estaría interesado en la oferta de servicios financieros de empresas que no son bancos, según un estudio de Accenture. La llegada de los nativos digitales -nacidos a finales de la década de los 90- a la mayoría de edad va a suponer un cambio trascendental en el negocio retail de la banca. 

En el informe “Banking 2020” elaborado por la prestigiosa consultora Accenture, se afirma que hasta el 35% de los beneficios anuales de las entidades bancarias está en peligro en la próxima década por la irrupción de empresas digitales, como Facebook o Google, que empiezan a entrar o lo van a hacer con algunos productos financieros.

Sin embargo, estos nuevos competidores solo lo van a ser, por ahora, en una parte limitada del sector: la de los pagos. Y el negocio financiero es mucho más que eso: son los préstamos, los depósitos -sin los que el crédito resultaría imposible-, los fondos de inversión, los productos asociados a la cuenta corriente o a la hipoteca. Y todo ello está regulado de una manera a la que nunca han tenido que someterse las empresas tecnológicas. Aunque eso tampoco va a proteger a los bancos tradicionales que no cambien.

Así que los bancos no pueden permitirse perder el paso en esta batalla y la mayoría de los más importantes del mundo están realizando fuertes inversiones para no quedarse atrás. El que pierda el ritmo desaparecerá. La banca online, los pagos móviles, las apps están ganando terreno en todo el planeta. Diversos estudios a nivel mundial señalan que, en 2016, los clientes irán sólo una o dos veces al año a su oficina financiera, mientras que contactarán de 20 a 30 veces con el banco a través del móvil.

Un mando para todo
El móvil se ha convertido en el mando a distancia para todo y pronto todo se resolvería a través de el. Se estima que en 2015 habrá más de 20.000 millones de dispositivos conectados a internet, multiplicando así por cuatro los que había hace menos de cinco años.
Hay proyectos que casi parecen de ciencia ficción como el ‘pay by thinking (pago con el pensamiento)’ del banco australiano AZN, que consiste en utilizar las ondas cerebrales a partir de procesos de pensamiento para la autenticación del usuario y la autorización de pagos. También procesos de seguridad mediante identificación biométrica como la huella dactilar, el registro de voz o el iris del ojo están siendo estudiados para ser incorporados a los procesos bancarios en lugar de las contraseñas numéricas, señala la periodista española Amparo Estrada.

Pero, por encima de estos elementos -llamativos aunque circunstanciales-, lo que se está produciendo es un cambio en el modelo de negocio que va a acabar afectando de lleno no solo a los clientes sino también a los empleados de banca.

Aunque en la actualidad, todavía el 60% de los productos bancarios se venden en las oficinas, los bancos tendrán que ser entidades ‘omnicanal’, integrando todas las vías de acceso: oficinas, móvil, ordenador, asesores personales. Las oficinas quedarán para realizar una labor de asesoramiento y eso exigirá acabar con el empleado puramente administrativo, que deberá transformarse en un asesor financiero especializado y buen conocedor de las nuevas tecnologías.

En el informe The future of Retail Banking 2014, elaborado por el departamento de inteligencia corporativa de la publicación americana Business Insider, se analiza cómo entre los años 2000 y 2013, los depósitos domésticos en bancos comerciales estadounidenses han aumentado de 3.400 billones de dólares a 8.900 billones, con una tasa de crecimiento anual compuesto del 7,61%. Sin embargo, en la última mitad de ese período el número de sucursales se ha mantenido estable (entre 82.000 y 83.000), al igual que el de empleados de banco (entre los actuales 1,91 millones y los 1,95 millones -a excepción del descenso a 1,88 durante lo peor de la crisis, en 2009). Es decir -casualmente o no-, desde el momento en que se lanzó al mercado el primer smartphone.
¿La razón de ello? La explosión de la banca online, que se sitúa en los 90 millones de clientes con una tasa de crecimiento anual compuesto del 4,8% únicamente en el período 2012-2014. Cabe destacar que la mitad de estos clientes son usuarios de la banca móvil, canal cuya tasa de crecimiento ha superado el 25%.

Es cierto que el ritmo de crecimiento de los clientes de servicios móviles ha decrecido entre el segundo cuatrimestre de 2013 (28-32%) y el mismo período de 2014 (17-23%) en tres de los principales bancos de EE UU (Wells Fargo, Bank of America y Chase). Pero también es cierto que es el único canal (junto a las redes sociales) cuyo porcentaje de usuarios aumenta (del 13% al 22%) en el último año. Las apps móviles, según Business Insider, se usan ante todo para comprobar el saldo de las cuentas, realizar transferencias, pagar facturas y comprobar depósitos

Bancos amenazados
Pero sobre la mesa no está únicamente el traslado del negocio bancario presencial a los canales online, sino también la posibilidad de una inminente fuga de clientes a aquellas compañías tecnológicas que se atrevan a lanzarse al campo de los servicios financieros. Este informe se hace eco de una encuesta recogida por otro estudio anterior de Accenture en el que se recoge que al 50% de los clientes de bancos estadounidenses le gustaría poder manejar su dinero con servicios de la tecnológica Square (más un 41% para Paypal, un 29% para Apple, un 29% para Google, y un 26% para Amazon). En el caso del pujante segmento demográfico de los Millennials, al 72% de los mismos les seduce la idea de trabajar con estas compañías ajenas al negocio financiero (y el 39% no tendría ningún problema en recurrir a los servicios de un banco digital carente de sucursales).

A los bancos no les va a quedar otro remedio que aumentar su inversión en tecnología de consumo. Así, el informe pronostica que los 1.590 millones de dólares invertidos en 2013 se convertirán en 1.650 millones a finales de este año y de ahí a 1.800 en 2016. Para la inversión en materia de tecnología móvil, las cifras son algo superiores: los 1.700 millones de 2013 podrían ser 2.000 este año, 2.500 en 2016 y 3.340 en 2018.

El futuro en América Latina
En el informe “Descifrando el futuro. Las claves de la transformación de la banca en Latinoamérica en un mundo global”, elaborado por PWC y el IE Business School de España, y que se publicara en MANAGEMENTSociety, se desataca que el cambio de orientación del sector financiero hacia las necesidades de los clientes y la creciente penetración de Internet exigen un reajuste en el modelo de distribución, en particular para progresar en el proceso de bancarización y para rentabilizar el crecimiento de la clase media en la región. La implantación de sistemas tecnológicos adaptados a estas tendencias es clave para satisfacer las demandas de los clientes, que prefieren realizar determinadas operaciones (como pagos periódicos o comprobación de saldos) desde dispositivos móviles. El papel de las oficinas bancarias seguirá siendo relevante, aunque habrá de adaptarse a los nuevos hábitos de consumo financiero y enfocar su actividad al asesoramiento personal.

Ingresan las compañías online
Las empresas de tecnología tienen sus ojos puestos en la banca y los fondos de capital de riesgo están invirtiendo dinero en empresas startups de “fintech”, señala John Gapper, editor asociado del Financial Times.

¿Quiere Silicon Valley realmente destruir la banca minorista y crear un nuevo sistema financiero, o preferiría aprovechar el ya existente?, se pregunta Gapper. La evidencia parece apuntar a la segunda opción. Apple Pay suena radical, pero es esencialmente una forma de convertir un teléfono en una tarjeta de crédito o de débito, con el apoyo de los bancos estadounidenses. Otras empresas nuevas están picando un poco en los servicios más rentables de los bancos, no compitiendo con ellos de frente.

No hay duda de que la infraestructura de los bancos minoristas está en revisión y está construida de una manera que permite e invita la competencia.

Los análisis de la consultora Accenture sugieren que, si estas entidades fueran capaces de aprovechar el poder de las nuevas tecnologías digitales para simplificarse y hacerse más relevantes para el consumidor, podrían cerrar dos tercios de la brecha de rentabilidad que todavía están luchando por alcanzar.

Pero ¿cuál es la mejor manera de competir con una industria que tiene pocas ganancias, de servicios intensivos en capital regulados con enormes barreras a la entrada, y una gran cantidad de agregados menos protegidos? La pregunta se responde sola, por lo que Silicon Valley se centra en los pagos, dice Gapper.

El mayor obstáculo para una mayor competencia es que el negocio principal de tomar depósitos y mantenerlos seguros no es muy rentable en un mundo donde hay bajos intereses. Y es mucho menos riesgoso añadir nuevos servicios a la infraestructura bancaria existente – y absorbe menos capital -, señala John Gapper del Financial Times.

Esto es lo que la mayoría de los emprendedores – y empresas como Apple y Google – están haciendo. Ellos no están prestando dinero, excepto a través de un socio bancario. Ofrecen servicios basados en la red bancaria – PhotoPay y WorldRemit, por ejemplo – o productos financieros derivados facilitados por otros, como Moneysupermarket.
La tecnología puede llegar a cambiar la infraestructura de la banca, pero no va a suceder pronto. Hasta entonces, Silicon Valley competirá en los bordes, donde los bancos hacen sus mejores ganancias. No es un mal trato para ellos, ni para los clientes, destaca Gapper.

Prestamistas online
Existen empresas digitales de Silicon Valley como Lending Club, Zopa o Kiva que quieren entrar al negocio tradicional de los bancos y buscan conectar a prestamistas directamente con deudores sin usar los costosos servicios bancarios. Y lo están logrando… todo a través de Internet, destaca el periodista Pablo Majluf en Forbes Magazine.

Se llama peer-to-peer lending, o préstamo de punto-a-punto en español. Funciona como los polémicos BITtorrent, servicios donde gente que busca archivos digitales (películas, música, libros) se conecta con gente que los tiene y los quiere compartir. Unos suben los archivos, otros los descargan. Muy sencillo.

Bueno, pues con el dinero sucede prácticamente lo mismo. Supongamos que un prestamista quiere colocar 20.000 dólares de deuda a una tasa de interés equis, por ejemplo 3% anual; ¿qué hace? Busca a una de estas empresas, sube su dinero a la red, un algoritmo identifica a un deudor dispuesto a pagar esa tasa, se efectúa una conexión, se transfiere el dinero y el banco se queda ipso facto fuera de la jugada. El prestamista y el beneficiario no se conocen –ni se conocerán– pero uno tiene algo que el otro necesita, señala Majluf.

Lending Club, la empresa líder en este incipiente mercado, ya ha facilitado, desde que se fundó en 2007, operaciones de deuda por un valor superior a los 4.000 millones de dólares. El éxito reside en que los prestamistas obtienen una tasa de interés más alta de lo normal, y los deudores una más baja. Como no hay intermediario, sino que la transacción es directa, el prestamista puede pedir un poquito más de lo que le daría un banco, pero un poco menos de lo que un banco le cobraría al deudor. En pocas palabras, el algoritmo empata a prestamistas y deudores justo en el margen de ganancia de los bancos. La empresa obtiene una muy pequeña comisión y todos ganan, resalta Majluf.

La británica Zopa fue la pionera de los préstamos P2P. Los prestamistas acuden a sitios como Zopa en busca de una buena rentabilidad, una media del 30% mayor que la de los depósitos e inversiones tradicionales. Además de escoger cuánto tiempo desean prestar su dinero y el tipo de interés que quieren ganar pueden seleccionar los beneficiarios según su riesgo de devolución o el tipo de proyecto que quieran financiar.
Desde luego que, por el momento, el quid pro quo es el riesgo. Un prestamista no sabe a quién le está prestando, y empresas como Lending Club no se hacen responsables de la morosidad. Si un deudor no paga, el prestamista tiene que asumir la pérdida. Y ése es precisamente uno de los argumentos que los bancos utilizan para justificar su existencia.

Sin embargo, la misma tecnología ha ido disminuyendo los riesgos del famoso default. Por ejemplo, a través de sólidos perfiles psicológicos de los deudores, sistemas de puntuación para calificar la puntualidad, opciones de diversificación para los prestamistas, etcétera. De modo que hoy, según reportes de la empresa, la morosidad ronda el 4% –mucho menos que la de los bancos comerciales.

Aquí entra en juego un componente crucial: la disponibilidad de información fiable sobre la solvencia de los prestatarios. Zopa ha tejido una red de acuerdos con Equifax, Call Credit y Experian, que verifican la información sobre hipotecas, deudas e ingresos mensuales de quienes solicitan préstamos en su web. Sin esta información, que permite segmentar a los prestatarios según su historial crediticio, el sistema no sería viable. En caso de impago, se utilizan los procedimientos tradicionales de reclamación y embargo.

Este modelo aún está en la cuna, destaca Pablo Majluf. Según la revista The Atlantic, en el primer trimestre del 2014, Lending Club registró un total de 56.557 transacciones por un valor aproximado de 800 millones de dólares. Si lo comparamos con los 47.000 millones que JP Morgan Chase obtuvo en el mismo periodo –solamente en su rama de deuda comercial–, la desproporción se vuelve evidente. Sin embargo, el futuro es promisorio. La empresa crece a un 40% anual y hoy vale 520.000 veces su ingreso neto. Además, importantes inversionistas de riesgo –los famosos venture capitalists– le han estado inyectando grandes cantidades de dinero a esta y otras empresas similares.

Upstart tiene otro modelo interesan¬te, basado en otro concepto del que los adultos jóvenes se sienten más cómodos en participar: crowdsourcing. Este sitio de préstamos peer to peer (o de igual a igual, entre usuarios) juzga la calidad crediticia de los prestatarios potenciales no sólo por su historial crediticio tradicional, sino también mediante el uso de un algoritmo que incluye la escuela a la que asistie¬ron, sus títulos académicos e incluso el resultado de sus exámenes de admisión a la licenciatura o maestría. Hasta el momento se han financiado alrededor de 400 préstamos a través de Upstart, desde que comenzó en abril a aceptar solicitudes de préstamos con tasa fija de entre 6% y 17.5%, y una comisión de apertura pagada a Upstart de 1% a 6%.

Préstamos entre particulares
Los bancos tradicionales no quieren quedarse afuera del negocio de los prástamos entre particulares. El Fidor Bank, por ejemplo, se ha asociado con una empresa alemana de préstamos entre particulares para ayudar a sus clientes a hacer operaciones entre ellos.
El préstamo entre particulares es una modalidad cada vez más popular entre individuos no relacionados entre sí sin utilizar un intermediario financiero tradicional.

Empareja a los posibles prestatarios con los potenciales prestamistas sin poner en peligro el balance del banco, y así algunos líderes del sector están intentando impulsar la participación del cliente convirtiéndolo en parte de este proceso. Un buen ejemplo es el banco Santander, que está negociando su colaboración con Funding Circle, una empresa de préstamo entre particulares especializada en pequeñas y medianas empresas en el mercado del Reino Unido.

Inversiones y asesoramiento financiero
Una nueva raza de administradores de riquezas online está seduciendo a clientes de las mayores entidades británicas de banca privada.
En los últimos años surgieron firmas nuevas dedicadas a la gestión de activos como Nutmeg y Wealth Horizons, que ofrecen acceso online a expertise en inversiones o asesoramiento financiero a una fracción de lo que cobran las instituciones de banca privada, señala Emma Dunkley en el Financial Times.

La mayor demanda de servicios online –y para móviles– y el creciente costo que significa recibir asesoramiento financiero han creado una oportunidad para estas startups.

El año pasado se hicieron semanalmente casi 40 millones de transacciones bancarias a través de Internet y de móviles, según datos de la Asociación de Bancos Británicos. Las aplicaciones para hacer operaciones bancarias con móviles se usaron 18,6 millones de veces por semana, más del doble que en 2012.

Los oficiales de banca privada admiten que les preocupa que las firmas online estén atrayendo a sus clientes, lo que los está llevando a mejorar sus propios servicios digitales.

Hein Van der Loo, jefe de estrategia de ABN Amro, advirtió que la banca privada “perderá” frente a las startups online si no abrazan los servicios digitales para clientes, los cuales considera que son un “factor de éxito clave”.

Bancos online
También están apareciendo bancos enfocados principalmente en el sevicio online. Imagine que puede participar en un juego online (el mercado virtual de divisas, por ejemplo) o aportar financiación a proyectos de crowdfunding que le resulten de interés al mismo tiempo que comprueba el estado de su cuenta bancaria. O que tiene la posibilidad de iniciar sesión a través de Facebook Connect y dejar que los «me gusta» de Facebook determinen el tipo de interés de sus cuentas –con un sistema según el cual, cuantos más clientes diferentes hagan clic en «me gusta», más alto será el tipo de interés–.

El banco alemán Fidor Bank ofrece todo esto, además de una gran variedad de servicios prácticos de tipo financiero. Sus clientes pueden plantear sus necesidades y compartir ideas, por ejemplo a través de chats con los asesores especializados del banco, que se encuentran siempre a su disposición para ofrecerles ayuda. Fidor no tiene personal de ventas. Cuenta con una comunidad online para que lo recomiende a otras personas y también para que proponga innovaciones de productos; por eso Fidor describe la experiencia de sus clientes con la entidad como «banca con amigos», destacan Juan Pedro Moreno, Anton Pichler y Andy Starrs de Accenture.

Sin embargo, para Fidor eso supone mucho más que amigos que se divierten. Este banco, que opera solo por Internet y tiene su sede en Múnich, ha atraído a personas que han perdido la confianza en las finanzas tradicionales durante la crisis y ahora demandan una experiencia bancaria diferente: más personalizada, más atractiva y más sensible a sus intereses cotidianos. Fidor está satisfaciendo esas necesidades mediante la utilización de las nuevas tecnologías digitales –en particular, las redes sociales– que están configurando la vida de sus clientes.

¿La generación de las finanzas digitales?
Alexa von Tobel, la mujer que aspira a cambiar los servicios financieros en el siglo XXI, enlista algunas aplicaciones que han reimaginado la for¬ma en que su generación interactúa con el mundo: Uber para el transporte, Tinder para encontrar pareja, incluso Washio para hacerse cargo de la lavandería y tintorería. Su punto, por supuesto, es que los ser¬vicios financieros están suficientemente maduros como para soportar la disrup-ción juvenil.

Von Tobel fundó y dirige LearnVest, un sitio y app diseña¬dos para hacer el manejo de tu dinero tan fácil como escuchar música o comprar algo en Amazon. Desde el 2009 ha levantado financia¬miento por la friolera de 72 millones de dólares, incluyendo la participación de Jim Breyer de Accel Partners, célebre por financiar a Facebook en sus primeras etapas. La última ronda de 28 millones, cerrada en abril pasado, valuó a LearnVest en más de 250 millones de dólares, señalan Janet Novack y Samantha Sharf en Forbes Magazine.

Y no está sola. En los últi¬mos tres años, según CB Insights, se han invertido más de 1.000 millones de dólares en empresas de finanzas personales impulsadas por la tecnología —261 millones sólo en el segundo trimestre de 2014— con especial énfasis en startups dirigidas a inversio¬nistas jóvenes y que ofrezcan interfaces amigables, de bajo costo, con las caracte¬rísticas móviles habilitadas que tanto an¬helan.

Novack y Sharf señalan a empresas como Wealthfront, que ayuda a los jóvenes empleados de empresas tecnoló¬gicas a diversificar su cartera de inversio¬nes; Betterment, que automatiza el ahorro y la asignación de activos, y también Motif Investing, que permite a los pequeños inver¬sionistas apostar su dinero a toda una industria o tendencia (por ejemplo, “dólares digitales”) en vez de a una sola acción. Hay una cosa que todos de estos conceptos tienen en común: son prácticos. Ha¬cen hincapié en la intermediación, la apreciación a largo plazo y el uso de la tecnología para reducir costos.

Los Millennials controlan unos dos billones de dólares en activos líquidos, según Wealthfront. A finales de la década se espera que ese número aumente a siete billones. La cifra se hará mucho más gran¬de a medida que los Millennials entren en sus años de ganancias más altas y empiece la transferencia masiva de riqueza de sus padres Baby Boomers.

Más que tocar el tesoro de las arcas de los Millennials, estas nuevas empresas, y los administradores financieros que compiten activamente con ellos, apuestan a que, si imitan la forma de pensar de esta generación podrán desarrollar innovacio¬nes en línea en materia de presupuesto, planificación y administración de dinero que podrían transformar el manejo de los activos invertibles de estas personas.

Millennials y finanzas
La búsqueda de seguridad es una de las razones por las que los Millennials están resultando ser ahorradores jóvenes. Al igual que sus mayores de la Generación X, muy pocos creen que recibirán Seguridad Social y muchos Millennials han co¬menzado a ahorrar para su jubilación a los 20 años, en comparación con el promedio de edad de 35 años de los Baby Boomers, de acuerdo con un nuevo estudio del Transa¬merica Institute.
Irónicamente, esta generación de nativos digitales comprende intuitivamen¬te la tecnología de punta, por lo que está en mejor posición que cualquiera antes en la historia humana para poner en marcha negocios trascendentes, sin embargo, como grupo, son demasiado reacios al riesgo de dejar un buen traba¬jo por uno más arriesgado, dicen Novack y Sharf.

Kapitall, una casa de bolsa con sede en Nueva York, combina una interfaz digna de un videojuego con la inversión de valores. Los veinteañeros tienen el doble de probabilidades de jugar videojuegos que las generaciones mayores, pero aún no se sienten cómodos con las acciones. Una reciente encuesta de UBS descubrió que los inversionistas de entre 21 y 36 años tienen sólo 28% de sus activos invertidos en acciones y más de la mitad en efectivo. Las generaciones mayores tienen 46% en acciones y 23% en efectivo.

El líder hasta el momento: Wealthfront, con sede en Palo Alto, ha recibido 65.5 millones de dólares en inversión de varios miembros de la realeza de Silicon Valley (Marc An-dreessen y Ben Horowitz son inversores ángeles personales) con 1.250 millones de dólares bajo su supervisión en más de 13.000 cuentas (promedio: 93.000 dólares cada una). Está dirigido a los empleados tecnológicos que tienen gran parte de su patrimonio en acciones de la compañía para la cual tra¬bajan, y ha emprendido programas espe-ciales en Facebook y Twitter para ayudar a los trabajadores a vender sus acciones de manera ordenada tras la salida a bolsa de las empresas.

“Cuando a la gente se le paga en acciones se genera una gran cantidad de estrés” dice el CEO Adam Nash, de 39 años, un veterano de LinkedIn, eBay y fondos de capital de riesgo. “Todo el mundo sabe que en algún nivel debería diversificarse, pero la mayoría no hace nada. Terminan quedándose con sus acciones durante largos periodos de tiempo, viendo su patrimonio subir y bajar.”

El uso de computadoras en vez de asesores humanos tiene una enorme ven¬taja en costos. En lugar de la estructura de comisiones de la industria de gestión de activos tradicional, que cobra un mayor porcentaje de los activos (típica¬mente 1% anual o más) a las cuentas más pequeñas, Wealthfront cobra un 0.25% plano de los activos al año en todas las cuentas y administra los primeros 10.000 dólares de forma gratuita, aumentando esa cifra en 5.000 dólares por cada amigo que se registre.

Betterment, con 45 millones de dólares levantandos hasta el momento, tiene un pedigrí más auténtico para su público: fue puesto en marcha en 2008 por dos amigos de Nueva York en sus veintes, con sus propios ahorros. Su CEO y cofundador Jon Stein, de 35 años, es un economista graduado de Harvard con una maestría en Colum¬bia, quien dice haberse desilusionado de cuatro años como consultor bancario de Nueva York.

Betterment se basa en gran medida en las finanzas conductuales para hacer del ahorro y la inversión algo simple. La mayoría de los clientes permite que las contribuciones sean deducidas de sus cuentas corrientes, y en contraste con Wealthfront, atrae a ahorradores más pequeños. Actualmente tiene 730 millones de dólares en activos en 40.000 cuentas, con un promedio de 18.250 dólares. Asigna el dinero a través de 13 acciones y bonos de etfs de bajo costo basados en la edad del inversionista, sus metas (fondos de emer¬gencia o de jubilación) y el tipo de cuenta. La tarifa oscila entre el 0.35% de los acti¬vos hasta el 0.15%, señalan Novack y Sharf.

En qué invierten los Millennials
No todos los jóvenes empresarios están buscando a los asesores financieros tradicionales para que les ayuden a administrar su dinero. Una cantidad cada vez mayor de ellos también están, sorprendentemente, confiando en un servicio con raíces en el mundo de la tecnología, comenta Hibah Yousuf de CNN Expansión.

Wealthfront, a la cual CNNMoney denominó como una de las 15 mejores aplicaciones y sitios financieros del último año, es el asesor financiero en línea de mayor crecimiento. Los activos se han disparado de menos de 100 millones de dólares a inicios del 2013 a más de 650 millones de dólares en la actualidad. Cerca del 60% de los clientes del sitio son menores de 35 años y muchos residen en Silicon Valley. Los empleadores principales de sus clientes son compañías de tecnología de influencia: Google, Facebook, LinkedIn, Microsoft, Twitter, eBay, Amazon y Apple.

En promedio, estos clientes jóvenes de Wealthfront solo tienen un poco menos de 100.000 dólares en sus cuentas. “Estas son personas que crecieron con las computadoras, se sienten cómodos con el software y tienen muchas riquezas porque sus compañías las comparten con ellos”, dijo Adam Nash, director ejecutivo de Wealthfront. “A ellos realmente les gusta la idea de un sistema de inversión que es automatizado, así pueden pasar más tiempo en lo que a ellos realmente les importa”.

“No es que los Millennials no confíen en el mercado de valores…ellos no creen que hay una manera de ganarle al mercado”, afirmó Nash. “Ellos son bastante realistas en cuanto a sus expectativas. Ellos saben que el mercado sube con el tiempo, pero han pasado por dos crisis financieras. Es por eso que a ellos les gusta la idea de inversiones pasivas y diversificadas”.

Fuente: Financial Times, Forbes Magazine, CNN Expansión, CB Insights, The Atlantic,

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