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Los delanteros se han sumado a la soya y la carne vacuna como algunas de las principales exportaciones de Argentina, destaca Gabriele Marcotti en el Wall Street Journal.

El país sudamericano —finalista del último Mundial— tiene una larga y famosa tradición futbolera. Pero ahora parece estar exportando un género de futbolistas, el delantero goleador, como nunca antes. Llegó al punto en que en encuentran argentinos en la cima, o casi, de la tabla de goleadores en ligas de todo el mundo.

Comencemos en Europa. Luego de los partidos del fin de semana, Sergio Agüero, del Manchester City, fue el segundo mayor goleador de la Premier League inglesa (aunque desde entonces cayó al tercer puesto). En España, Lionel Messi, del Barcelona, otra vez marca el ritmo de La Liga con 32 goles en 27 apariciones. Luciano Vietto, del Villareal, se ubica en octavo lugar. Y en la Serie A de Italia, los dos máximos goleadores eran argentinos: Carlos Tévez de la Juventus y Mauro Icardi del Inter. También había dos argentinos en el top cinco: Gonzalo Higuaín del Napoli y Paulo Dybala de Palermo.

Las otras dos principales ligas europeas no tienen tantos goleadores argentinos, pero la Bundesliga de Alemania tiene a Franco Di Santo, del Werder Bremen, en el quinto lugar de la tabla de goleadores, mientras Lucas Barrios, del Montpellier, es el séptimo en la Ligue 1 de Francia. (Barrios nació y se crió en Argentina, pero juega para Paraguay, el país donde nació su madre).

El principal goleador en Grecia, Jerónimo Barrales, del Asteras Tripolis, también es argentino, y el país sudamericano también está representado en Portugal a través de Eduardo Salvio, del Benfica, que se ubica noveno.

Si vamos a Asia encontramos a Jorge Sebastián Sáez en el Al-Wakrah (décimo en Qatar) y, en Australia, Marcelo Carrusca, del Adelaide, se ubica octavo en la A-League.

Al cruzar el Pacífico y llegar a México, hay más. Si bien los mexicanos tienen una larga tradición goleadora desde los días de Hugo Sánchez, hoy las tablas de goleadores están dominadas por argentinos como Julio Furch del Veracruz (primero), Matías Alustiza del Puebla (segundo) y el trío que comparte el tercer lugar: Diego González del Santos Laguna, Gabriel Hauche del Tijuana e Ismael Sosa de la UNAM.

En Sudamérica, son aún más omnipresentes. Fuera de su país de origen, hay argentinos encabezando la tabla de goleadores de la liga en Chile (Pablo Calandria del O’Higgins) y Ecuador (Daniel Neculmán de River). En Venezuela, Tulio Etchmaite de Portuguesa se ubica tercero, mientras en Bolivia Martín Palavicini del Universitario está segundo y Mauro Bustamente del San José es cuarto. Incluso han ocupado a su rival y también potencia, Brasil. La temporada pasada, Hernán Barcos del Gremio terminó quinto, mientras Darío Conca del Fluminense fue décimo.

¿Cómo explicar esta situación?
Una vez que se toma en cuenta la mínima posibilidad de que sea tan solo una enorme coincidencia global, entran en juego otros actores.

Argentina, por supuesto, es una potencia futbolística y genera grandes cantidades de jugadores en general, no sólo delanteros. Pero cuando la economía argentina tiene problemas y no hay mucho dinero en la liga interna, hay un incentivo tanto para los clubes como para los jugadores para irse al exterior.
Una dinámica similar se registra en Brasil, aunque es más pronunciada en Argentina, en parte debido a que el mercado interno es más pequeño y es más difícil retener a los mejores jugadores.

Un estudio de la firma de marketing deportivo Euromericas lanzado en noviembre reveló que 2.715 argentinos jugaban al fútbol profesional en el exterior. Más que cualquier otro país y más que los 2.356 jugadores de Brasil, a pesar de que su población es casi cinco veces mayor que la de Argentina.

Dicho de otro modo, cuando se considera que la principal liga argentina, la Primera A, se compone de 30 clubes y que cada uno tiene entre 25 y 30 profesionales argentinos en sus planteles, uno se da cuenta de que hay casi el triple de argentinos jugando al fútbol profesionalmente fuera del país.

Vender delanteros argentinos es más lucrativo que negociar el pase de defensores. Eso podría explicar por qué el país produce más delanteros que otras posiciones, aunque anteriormente era conocido por sus excelentes defensores centrales y mediocampistas.

También influye un recambio natural. Producir un delantero en Argentina y, tan pronto como se pueda conseguir un precio decente, venderlo. Eso deja espacio para su reemplazo, que, se espera, se convertirá en un jugador que podrá ser vendido a un precio alto en unos años.

Los jugadores argentinos en general han resultado ser bastante adaptables a otros países. A diferencia de los brasileños o la mayoría de los africanos, crecen hablando español, lo cual facilita hacer negocios no sólo en mercados lucrativos como España o México sino también en el resto de América del Sur y Central. Debido a que tantos argentinos pueden rastrear con facilidad su ascendencia española o italiana, también les resulta más simple obtener un pasaporte de España o Italia, que, a su vez, les da acceso a las ligas europeas.

Por lo tanto, la omnipresencia de los delanteros argentinos se debe tanto a factores económicos como a otros técnicos. Y mientras sigan probando lo que valen, es difícil imaginar que se detenga la línea de ensamblaje.

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