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Es imposible avanzar rumbo al desarrollo sostenible en América Latina sin una profunda transformación en los comportamientos empresariales.
Por María Emilia Correa, cofundadora y coreógrafa de Sistema B y Eloisa Silva, Coordinadora de Comunicaciones en Sistema B Internacional.

SOBRE LAS AUTORAS
María Emilia Correa. Cofundadora y coreógrafa de Sistema B. Miembro de la Junta Directiva de la Fundación Carulla, Colombia, del Consejo de Sostenibilidad de Amata Brasil, y del Grupo Técnico de Fundecor, Costa Rica. Profesora invitada en la Maestría (MGA) de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes, Colombia. Fue Vicepresidente de Responsabilidad Social y Ambiental de GrupoNueva, Directora de Sostenibilidad de Natura Cosméticos Brasil, y Presidenta del directorio de la Fundación Casa de la Paz de Chile. Miembro de los comités que diseñaron la Global Reporting Initiative – GRI y los Principios Sullivan de Responsabilidad Corporativa, fue delegado ante el World Business Council for Sustainable Development –WBCSD durante diez años. Fue directora del CECODES–Colombia, y de la Fundación Natura-Colombia, y miembro del panel de stakeholders de multinacionales como Alcoa y General Electric.

Eloisa Silva. Coordinadora de Comunicaciones en Sistema B Internacional. Magíster en Diseño Avanzado de la Universidad Católica de Chile. Licenciada en Diseño Integral de la Universidad Católica de Chile. Cofundadora del Blog Sociedad Anónima, La Segunda Online, para dar visibilidad a iniciativas de la sociedad civil y emprendedores sociales de Chile.

Las compañías solo sobrevivirán si ayudan a resolver grandes retos globales. Grandes compañías como Nestlé o Pfizer afirman que existe una intersección donde la sociedad espera que grandes empresas influencien su crecimiento como consecuencia de cambios positivos en sus comunidades y países . En la misma línea, en el pasado encuentro en Davos del World Economic Forum, el CEO de Unilever, Paul Polman declaró su aspiración a que esta gran compañía pueda transformarse en una Empresa B “enviando un poderoso mensaje donde el propósito de la empresa no es solo la generación de ganancia económica, sino también el tener un impacto positivo en la sociedad y el medioambiente” .

El interés de Polman responde asimismo a la reciente certificación de Natura cosméticos como Empresa B, siendo la primera compañía abierta a bolsa en tomar este compromiso, en el contexto de los desafíos propios de Natura en términos de sustentabilidad hacia los años 2020 y 2050 . Para Natura, convertirse en Empresa B responde a su larga trayectoria en ser líderes de sustentabilidad en negocios en Latinoamérica, y “ser una Empresa B refuerza su postura y compromiso hacia el futuro”.

LAS EMPRESAS QUE AMÉRICA LATINA NECESITA
Es imposible avanzar rumbo al desarrollo sostenible en América Latina sin una profunda transformación en los comportamientos empresariales. Por importantes que sean las políticas públicas, las organizaciones sociales y la expresión directa de las aspiraciones ciudadanas, el hecho es que las empresas ejercen control directo sobre la abrumadora mayoría de los recursos y responden por una parte decisiva de la ocupación y del empleo.

El carácter no sustentable de la economía refleja consecuencias económicas y financieras: si algunas empresas ganan, pierden el planeta y la sociedad. Las utilidades de las empresas aumentan, pero se acaba el agua, aumentan la obesidad o la delincuencia. La ciudadanía en general está cansada de sentirse abusada por empresas que justifican cualquier cosa solo por los resultados financieros: utilidades para pocos, costos para todos. Países como Brasil, Colombia y Chile han logrado reducir la desigualdad del ingreso, pero otras formas de desigualdad, como la de salud, de saneamiento básico, de educación, de acceso a la justicia, de acceso a bienes urbanos elementales, no se redujeron o, al menos, no se redujeron en la misma proporción.

Tratar de hacer que la solución de los problemas sociales y ambientales sea una fuente cada vez más importante para la creación de valor en la economía contemporánea, requiere nuevas habilidades y competencias, y sobre todo nuevas formas de liderazgo en el mundo de los negocios. Es en este contexto donde emerge la figura de la Empresa B como una nueva manera de hacer empresa.

La Empresa B es un fenómeno emergente que forma parte de estos nuevos actores híbridos (ubicados entre la empresa tradicional y las organizaciones sin fines de lucro) . Se organizan a partir de una doble y explícita intención. En primer lugar, son empresarios que desafían la manera habitual de hacer negocios en los sectores donde se encuentran. Existiría probablemente la posibilidad de lograr beneficios económicos con el Business as usual, pero la motivación ética del empresario es un factor esencial para el cambio de comportamiento frente a lo que prevalece en el sector. Además, existe una real posibilidad de beneficios económicos que viene del cambio representado por su negocio. Este empresario se distingue además por su deseo de cambiar las reglas de juego del mercado o de su industria.

La Empresa B amplía el deber fiduciario de accionistas y gestores para incluir intereses no financieros, se compromete a crear impacto positivo en la sociedad y el medio ambiente, y a operar con altos estándares de gestión y transparencia, al tiempo que busca el mejor rendimiento financiero y permite la repartición de utilidades entre accionistas. Este cambio del deber fiduciario se incorpora de forma vinculante en los estatutos de creación de la empresa, lo cual asegura el compromiso y protege la misión frente a procesos de escalamiento o cambios en la propiedad. Los requisitos necesarios para convertirse en una Empresa B están permanentemente incorporados en los estatutos de la compañía, en lugar de ser solamente un esfuerzo voluntario que responde a un líder en particular, lo cual permite a consumidores, ciudadanos e inversionistas reconocer la diferencia entre “empresas buenas” y “puro marketing”.

NUEVAS GENERACIONES, NUEVOS DESAFÍOS
Para los Millenials , frecuentemente citados como la generación que cambiará el mundo -y próximos líderes empresariales-, el compromiso empresarial con el impacto positivo social y ambiental tiende a ser la regla más que la excepción. Para responder a la creciente demanda de esta generación, las empresas han comenzado a entender que las “empresas pueden ser más productivas cuando todos sus ámbitos son capaces de entender los intereses, aspiraciones y compromisos de otros [públicos de interés], y trabajar en conjunto” . Por esto, grandes compañías como Unilever, Natura, Nestlé o Pfizer se ven enfrentadas al desafío de replantear sus modelos empresariales, aspirando a integrar los intereses empresariales con los mayores retos globales sociales y ambientales. La Empresa B aparece entonces como una forma empresarial que responde a esta creciente demanda y tendencia generacional para las empresas, como reales agentes de cambio comprometidos con un éxito más integral: social, ambiental y económico.

Si bien la Responsabilidad Social dentro de las empresas puede representar un avance importante hacia la generación de un mo¬delo económico más integrado y respon¬sable, sigue siendo necesaria la unión de iniciativas desde todos los miembros de la sociedad, y en ese ámbito las ONG y fun¬daciones cumplen un rol fundamental, don¬de se privilegia el beneficio directo frente a una necesidad, con recursos limitados. Sin embargo, la labor de estas instituciones ne¬cesitan del complemento de las empresas, el gobierno y la sociedad civil trabajando alineadamente para generar un Impacto im-portante. Esta separación tradicional entre empresa, organizaciones sin ánimo de lucro y servicios públicos se hace cada vez más difusa . En América del Sur y en el resto del mundo se reconoce el surgimiento de empresas que buscan redefinir el sentido del éxito en los negocios: operan vendiendo bienes y servicios pero lo hacen compitiendo por su capacidad para lograr un cambio social y ambiental positivo y no sólo por precio y calidad.

América Latina ha tenido un destacado crecimiento económico en las últimas décadas, sin embargo, el mismo no ha sido acompañado de una mejora en los ecosistemas sociales y ambientales. Este desarrollo se ha dado a expensas de un alto costo medioambiental y no ha logrado solucionar problemas sociales como la inequidad o el acceso a bienes públicos de primera necesidad. Por otro lado hemos sido testigos del gran esfuerzo de los gobiernos por impulsar fuertemente el emprendimiento como motor de desarrollo en los países, pero estos esfuerzos no han sido suficientes por si solos para generar una economía del bienestar. Hay una necesidad urgente de nuevas economías donde los mercados generen equidad y sustentabilidad, junto a un crecimiento económico. La generación de bienes y servicios debe ser compatible con las nuevas condiciones climáticas y los mercados deben ofrecer oportunidades reales de bienestar para la sociedad y la naturaleza y no únicamente crecimiento económico.

Las Empresas B son parte de este creciente movimiento global de un nuevo tipo de negocios con el potencial de apoyar transformaciones hacia la sustentabilidad en América Latina. Son empresas pertenecientes a un grupo emergente de empresas “híbridas” o “empresas con propósito”: compañías del sector privado que utilizan la fuerza del mercado para generar bienes públicos.
La figura de Empresa B nace en 2007 en B Lab , y las primeras compañías de este tipo comienzan a certificarse en Latinoamérica desde 2012. A la fecha hay Empresas B en más de 80 industrias alrededor del mundo, desde pequeñas a compañías multinacionales, suman más de 1.300 en 38 países y un 15% de ellas se encuentran en Argentina, Chile, Brasil, Colombia y Uruguay.

LA EMPRESA B

Son empresas donde los accionistas redefinen el sentido del éxito en los negocios, aspirando a ser las mejores empresas para el mundo, no solo del mundo. Para ser una Empresa B certificada es necesario acceder a la Evaluación B y obtener más de 80 puntos sobre 200. Los accionistas firman un contrato de interdependencia y se comprometen a ampliar el deber fiduciario de accionistas y gestores para incluir intereses no financieros, crear impacto positivo en la sociedad y el medioambiente y operar con altos estándares de gestión y transparencia.

Las Empresas B tienen ánimo de lucro, pero califican su propósito. Tres preguntas claves abren el abanico de las diferencias con las empresas tradicionales y con las organizaciones sin ánimo de lucro:

1. ¿UTILIDADES PARA QUE? REDEFINICIÓN DEL PROPÓSITO
Esta es la mayor diferencia con las actividades de Responsabilidad Social Empresarial o esfuerzos para disminuir el daño ambiental o social. Las empresas tradicionales deben demostrar la mejoría en la condición financiera de los accionistas, bien porque mejoran el riesgo o el rendimiento financiero de la empresa. Es la ya tradicional búsqueda del “Business case” o justificación de la actividad en razón de la mejor posición de mercado para la empresa, bajo la filosofía de la maximización de las utilidades.

Las Empresas B consideran las utilidades como la herramienta para lograr sus objetivos y no un fin en sí mismos. Las utilidades son indispensables para el crecimiento y la sostenibilidad en el tiempo de la organización, pero no son la razón de ser del accionar de la empresa. Estas empresas redefinen el propósito al redefinir su sentido del éxito. Los nuevos empresarios y emprendedores entienden su propósito como la mejora de las condiciones que se han propuesto cambiar, como por ejemplo la seguridad de sus empleados, la regeneración de los suelos, o la nutrición saludable. Es decir, su éxito no se mide solamente por el logro de sus objetivos financieros sino por el logro de los objetivos externos a la empresa, el ¿para qué? de las utilidades.

2. ¿UTILIDADES PARA QUIEN?
Las Empresas B amplían el abanico de beneficiarios de las utilidades, privilegian el reparto de estas entre empleados o la comunidad, y la menor distancia entre los salarios más altos y más bajos de la empresa.

3. ¿CÓMO SE OBTIENEN LAS UTILIDADES?
Califican a su vez su forma de operar, buscando tener las mejores prácticas de gestión internas y externas, y mejorar continuamente en este campo.
Con el apoyo de la Fundación Ford, Sistema B ha trabajado, dentro del marco de su rol de articulador del movimiento global de Empresas B, en construir una robusta comunidad de Empresas B con impacto positivo en entornos rurales, entre otros proyectos de articulación. En el contexto de este trabajo investigativo, hemos descubierto y comprobado que las Empresas B tienen la capacidad de cambiar las reglas del juego, y promover bienestar rural sustentable, minimizando el uso de energía, regenerando ecosistemas, construyendo comunidades fuertes, ofreciendo trabajos motivadores a la vez que articulan modelos de negocios financieramente robustos.

Algunas Empresas B hay creado modelos de negocios tremendamente innovadores, como empresas “regeneradoras de vida”, cuyo objetivo es la restauración de ecosistemas naturales degradados y comunidades vulnerables, como Selva Nevada que produce helados producidos con materia prima de la selva reforestada del Amazonia en Colombia, o Guayakí, Empresa B creada para restaurar 60.000 hectáreas de bosque atlántico en Paraguay, Brasil y Argentina. Hasta la fecha han restaurado más de 30.000 hectáreas de bosque, trabajando con comunidades indígenas locales vulnerables. Guayakí vende Yerba Mate y productos derivados en más de 12.000 puntos de venta en Estados Unidos y Canadá.

Otro ejemplo es OVIS 21, dedicada a la regeneración de pampas y a aumentar la rentabilidad de negocios rurales de la Patagonia chilena y argentina. Han restaurado más de un millón de hectáreas vendiendo lana merino a Patagonia (marca de ropa outdoor internacional), otra Empresa B.
Entre Ovis 21 y Patagonia han regenerado más de 6 millones de hectáreas en los últimos cinco años. Ovis 21, además, vende los productos a diseñadores internaciones como Stella McCartney o a Cúbreme, una pequeña Empresa B de Argentina. Ofrecen una solución sustentable que aporta al esfuerzo de la Convención de las Naciones Unidas para combatir la desertificación, mientras que mejora la sustentabilidad económica, ecológica y social de familias, negocios y comunidades de la Patagonia.

Como conclusión del proyecto apoyado por Ford, las Empresas B pueden generar beneficios e impactos positivos sociales y ambientales desde sus modelos de negocios, operando en áreas rurales, así como en otros ámbitos. Algunas formas en que las empresas pueden generar este impacto desde su core business es a través de productos o servicios que generan beneficios a la comunidades donde son producidas y/o a los clientes, incluyendo a veces la intencionalidad de regenerar ecosistemas naturales. Otras maneras son a través de empoderar a los trabajadores en la participación accionaria de la empresa, o de sus proveedores. El acceso a oportunidades comerciales para proveedores locales es otra manera de potenciar el beneficio local, así como el apoyo a fundaciones u organizaciones sin fines de lucro que apoyan el desarrollo local.

Pero la labor de las Empresas B, si bien generan un impacto positivo real y medible, requieren de un ecosistema favorable que las fortalezca y genere un entorno propicio para que este tipo de empresas puedan transformar la economía.

SISTEMA B
Sistema B (http://www.sistemab.org/) es la organización que desde 2012 impulsa el movimiento global de Empresas B en América Latina. Nuestra visión es una economía donde el éxito se mida por el bienestar de las personas, de las sociedades y de la naturaleza. Para lograrlo, co-construimos un ecosistema favorable para fortalecer empresas que utilizan la fuerza del mercado en la solución de problemas sociales y ambientales. Las Empresas B, hoy Sistema B, existen formalmente en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Uruguay, y diversos países de la región.

Este ecosistema está compuesto por los principales actores de la economía, con quienes Sistema B vincula el movimiento de Empresas B, y promueve relaciones de interdependencia. Entre ellos podemos mencionar: academia, políticas públicas, líderes de opinión, mercado e Inversionistas

Sistema B nace de manera simultánea en Chile, Argentina y Colombia. En 2013 se incorpora Brasil y en 2014 ingresa Uruguay, y muy prontamente estará en Ecuador y Perú. Además de crecer en Sudamérica, Sistema B colabora activamente junto a B Lab para promover este cambio económico a través de la promoción de este movimiento en Europa y Oceanía, generando un cambio de paradigma de manera global.

¿Cómo proponemos motivar este cambio cultural?
Nuestra puerta de entrada, el punto para desencadenar el cambio, es el actor más relevante en la economía: la empresa. Para esto proponemos el fortalecimiento de un nuevo actor, las Empresas B. Pero la suma de actores a nivel micro no es suficiente y sabemos que para lograr un cambio cultural es necesario una estrategia multidimensional, que vincule lo micro con lo macro y que apoye el desarrollo de un ecosistema donde muchos actores cambien su sentido del éxito empresarial: clientes, grandes y pequeños compradores, academia, políticas publicas, medios y lideres de opinión.

Nuestra estrategia plantea lograr el desarrollo del ecosistema a nivel local y nacional, apoyando la creación de una comunidad robusta, diversa y creciente de Empresas B en Latinoamérica y el mundo, y que estas sean cada vez mejores, aumentando su impacto positivo social y ambiental a la vez que generan rentabilidad económica.

El Sistema B opera a través de dos herramientas:
“OutReach and Engagement”, promoviendo comunidades de práctica que logren sinergias entre actores diversos, y la creación o reconocimiento de nuevos Sistema B a nivel local y nacional. Buscamos trabajar co-construyendo en alianza con otros actores, con humildad y compasión, y tratar de “ser el cambio que queremos ver”.

Las Comunidades de Práctica son grupos de personas con una visión común, que interactúan con regularidad para mejorar sus prácticas y articular condiciones que faciliten esa visión. Las Empresas B y otros actores del movimiento se articulan en Comunidades de Práctica para que juntos lleguemos a una economía donde el éxito se mida por el bienestar de las personas, de las sociedades y de la naturaleza.

Movimiento global
El movimiento global de Empresas B cuenta con más de 1.300 compañías certificadas en 37 países; estando 154 de ellas establecidas en Latinoamérica entre Chile, Argentina, Colombia, Brasil, Uruguay, Perú y Ecuador. En su mayoría son empresas del sector de Servicios (58%), seguidas de empresas del sector Manufactura (20%) y Ventas (19%). Hay, además, una cifra superior a 200 empresas en proceso de certificación en la región.

Proceso para ser una empresa B
El proceso de transformación a Empresa B certificada es sencillo pero riguroso. Requiere de un compromiso de la empresa para transparentar su desempeño en cinco áreas: Modelo De Negocios, Prácticas de Gobernanza y Transparencia, Políticas con sus Trabajadores, con la Comunidad (proveedores, distribuidores y clientes), y sus Prácticas Medioambientales. Para poder acceder a la certificación como Empresa B, se debe estar constituido como tal (no ser fundación o institución pública) y llevar al menos 12 meses funcionando.

El proceso consta de seis pasos. El primero es realizar la Evaluación B, [http://www.evaluacionb.net]. Esta evaluación es como una hoja de ruta sobre cómo la empresa opera en todos sus ámbitos. Es gratuita y en línea y se adapta según el tamaño, rubro de la empresa y mercado donde opera. Son aproximadamente 120 preguntas que abarcan las 5 áreas de la empresa ya mecionadas.

Es una poderosa herramienta de gestión empresarial, desarrollada por B Lab , que está siendo usada por más de 15.000 compañías alrededor del mundo para medir su desempeño y mejorar sus negocios. “Nos ha permitido visualizar de una forma más estructurada nuestro compromiso social y ambiental, midiendo nuestro desempeño y abriendo nuevas puertas de aprendizaje”, destaca Javier Vásquez, CEO de Fruandes, Empresa B Colombiana.
“La Evaluación B le entregó a Patagonia un mecanismo para conducir una medición comprehensiva de nuestros programas actuales sociales y medioambientales”, señala a su vez Elissa Loughman, de Patagonia en Estados Unidos.

¿Cómo se relaciona esta Evaluación B con otros sistemas de medición de impacto? La Evaluación B entrega un diagnóstico (por medio de una escala objetiva y comprehensiva) en qué tan significante es el Impacto de una empresa. La Evaluación es comúnmente confundida con el sistema de reportes o los parámetros de definición (normas) que detallan cómo debería la empresa recolectar sus datos de impacto, pero no entrega necesariamente un diagnóstico cuán importante es ese impacto.

Por ejemplo, la iniciativa Global Reporting Initiative (GRI) o IRIS, son plataformas que definen una manera específica de reportar las emisiones de carbono, para que los reportes de emisiones sean comparables en el futuro (por ejemplo Empresa X es responsable de producir 30.000 toneladas de carbón, basadas en sus emisiones directas de su planta productiva y uso energético). Las definiciones IRIS y GRI sobre los estándares de reporte son una parte clave de la Evaluación B. Como resultado, los indicadores GRI o IRIS pueden indicarte que la compañía está reportando sus emisiones como una buena práctica. Por otro lado la Evaluación B aspira a evaluar si la empresa ha aumentado o disminuido las emisiones, en relación con el retorno o con las prácticas de otros negocios, porque esta distinción permite a un número creciente de consumidores, inversores e instituciones que quieren apoyar a negocios que pongan sus valores en acción.

El segundo paso es la revisión del puntaje en la Evaluación B por parte del equipo de estándares de B Lab para resolver dudas y entregarle a la empresa el puntaje real. Se puede optar por la certificación si se logra obtener más de 80 puntos de un total de 200.

El tercer paso, una vez alcanzado los 80 puntos, consiste en entregar documentación que respalde lo declarado en la Evaluación B. El equipo de estándares de B Lab solicita a la empresa documentar un 50% de respuestas de la evaluación en forma aleatoria.

El cuarto paso es el compromiso a través de la firma de la Hoja de Términos, donde se explicitan los deberes y derechos como Empresa B y se hace oficial el ingreso a la comunidad de Empresas B Certificadas.

Luego viene el Cambio de Estatutos, ampliando de esta manera el deber fiduciario de la empresa para incorporar intereses no financieros que apunten al compromiso de generar impactos sociales y/o ambientales positivos. Se consideran en este cambio de estatutos, todos los públicos de interés de la empresa: trabajadores, comunidad y medioambiente en la toma de decisiones de las empresas, con miras al largo plazo.

Beneficios de ser una Empresa B
La principal motivación de las empresas para transformarse en Empresas B (muchas empresas ya “son B” pero no lo saben) es la certeza de pertenecer a un movimiento global creciente de compañías con el mismo foco que transparentan su desempeño y se comprometen con la generación real de impactos positivos sociales y ambientales. La certificación como Empresa B protege la misión de la empresa, permitiendo que ésta amplíe su deber fiduciario para incorporar resultados no financieros.

La certificación como Empresa B les permite diferenciarse de una declaración de buenas intenciones y distinguirse mediante sus acciones de solo “buen marketing”. Además, ser una Empresa B les abre oportunidades de inversión con Inversionistas de Impacto, aquellos que buscan una medición que va más allá de la rentabilidad económica y quieren asociar el crecimiento de la empresa con un impacto positivo socioambiental. La medición de la empresa en el momento de certificarse, mediante la Evaluación B les permite obtener un benchmark de empresas con estándares similares, permitiendo aprendizaje y transferencia de conocimiento de mejores prácticas y modelos de negocios de impacto.

Las Empresas B que pertenecen a este movimiento global entran en una Comunidad Global donde encuentran oportunidades comerciales reales, como empresas que exportan sus productos a través de otras Empresas B.

Este es, por ejemplo, el caso de la Empresa B colombiana Fruandes, quienes exportan sus productos a Chile, siendo proveedores de la compañía Rumbo Verde. Otro beneficio de ser una Empresa B es la atracción de talento, principalmente de la creciente generación de los denominados “Millenials” .

Por último las Empresas B tienen un mayor crecimiento y capacidad de resiliencia que las compañías convencionales: Se realizó un estudio durante 15 años (entre 1996 y 2011) y se descubrió que en este lapso de tiempo las empresas en del Standards and Poor’s 500 Stock Market Index crecieron un 157%, las Empresas Good to Great (creado por Jim Collins, Colorado) crecieron un 177% y las Empresas Concientes (Conscious Businesses, parecidas a las Empresas B en EEUU) crecieron casi 1600% .

Estos resultados demuestran que las compañías que están interesadas en hacer la diferencia, que tienen un propósito en su modelo de negocio, que comprometen sus empleados y clientes y que incluyen a externalidades en su modelo de negocio tienen más probabilidades de tener éxito.

Reflexiones y desafíos
Las Empresas B y Sistema B necesitan de un trabajo ecosistémico, es decir, es necesario que todos los actores de nuestra sociedad tomen acciones y acepten el desafío a sumarse a este movimiento global para redefinir el sentido del éxito en los negocios, comprobando que efectivamente el mercado va evolucionando hacia abordar los principales desafíos globales del presente, construyendo un futuro donde el bienestar sea la medida de éxito y desarrollo [sostenible].

Un cambio de economía requiere de la acción conjunta e interdependiente de todos los ciudadanos, participando en la creación y/o transformación de las compañías hacia empresas con propósito, consumiendo productos de Empresas B, aplicando el conocimiento de estas nuevas compañías en la academia, invirtiendo en modelos sustentables de negocios, colaborando de manera integral entre organizaciones públicas, organizaciones sin fines de lucro y empresas, y por supuesto, dando a conocer que existe una alternativa.

Un ejemplo de esto es el éxito de las pequeñas cervecerías artesanales y librerías independientes en Estados Unidos, donde el éxito de los pequeños es abundante (“Small is Bountiful ”) y ha logrado superar las ventas de grandes compañías, rompiendo los esquemas actuales de eficiencia en la generación de valor, algo que ya no es exclusivo de las grandes empresas. El impacto generado por la elección de los clientes y la apuesta de los emprendedores por una real diferenciación, puede generar grandes impactos.

¿Quiénes se sumarán a este desafío?