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Aunque también están expuestos a la caída de los metales y el crudo, Perú, Chile y Colombia disfrutan de mayor estabilidad gracias a anteriores reformas e instituciones fuertes, señala Dan Bogler del Financial Times.

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América Latina está sitiada. Las exportaciones de materias primas se han derrumbado, lo que debilitó las monedas, provocó la salida de capitales, alimentó la inflación. El nivel de vida empeoró en todo el continente y, como resultado, los políticos reciben fuertes críticas. Sin embargo, aunque este cóctel se ha vuelto tóxico en algunos países, hay otras naciones que resisten relativamente bien.

Argentina y Venezuela están inmersos en crisis o cuasi-crisis pero siempre fueron, para decirlo amablemente, los países volátiles. Brasil, por desgracia, se acerca rápidamente a la toxicidad. La rebaja de su nota crediticia viene acompañada de fracasos fiscales y rumores de un juicio político a su presidenta. Del lado más positivo de la balanza, México tiene su proximidad a EE.UU. y una historia de crecimiento basado en reformas estructurales audaces, que son reales aunque se demoren. Pero, ¿por qué las economías andinas tienen capacidad de recuperación?

En algunos aspectos, se parecen más bien a Brasil. Con la caída del precio del petróleo, el déficit de cuenta corriente de Colombia subió al 7% del PBI a principios de este año y el peso colombiano se depreciado casi tanto como el real brasileño. Los presidentes de Chile y Perú –Michelle Bachelet y Ollanta Humala, respectivamente– tiene índices de popularidad casi tan bajos como la presidenta brasileña Dilma Rousseff; sin duda, las promesas de reformas audaces que habían hecho se han evaporado.

Pero son las anteriores reformas y el fortalecimiento de las instituciones lo que ahora permite que los andinos disfruten de una mayor estabilidad. Aunque también muy expuestos a la caída de precios de los metales y del petróleo, dependieron menos del gasto de consumo alimentado por el crédito. Y, lo que es crucial, su deuda pública y balances fiscales están en mejor estado porque su única ancla ha sido la política monetaria.

No obstante, una forma leve de la gripe brasileña puede estar extendiéndose hacia los Andes. El primer síntoma fue la sorpresiva decisión del banco central de Perú este mes de elevar las tasas de interés, revirtiendo una disminución fijada tan recientemente como enero de este año.

El colombiano Banrep, que se reunirá el 25 de septiembre, bien podría seguir ese ejemplo, según Medley Global Advisors, un servicio de investigación macro de Financial Times. Y las autoridades de Chile probablemente guarden silencio y su próximo movimiento será también un aumento a tasas.

En las tres economías, la inflación está muy por encima del extremo superior del rango fijado como meta por el banco central y la debilidad de la moneda que se consideraba temporal a principios de 2015 corre el riesgo de continuar –en parte como respuesta a las turbulencias del mercado global provocadas por China.

Que Perú haya actuado primero es, en retrospectiva, comprensible: no sólo era demasiado alta la inflación, sino que las expectativas inflacionarias para los próximos dos años estaban perdiendo su ancla. Además, se espera que el crecimiento –a pesar de haber caído– llegue a 3%, por lo que la economía puede soportar un incremento de tasas. Por último, los funcionarios quizás estén preocupados por la posibilidad de que a fines de este mes MSCI cambie la clasificación de Perú a “mercado de frontera”, quitándole la de “mercado emergente”, lo que podría dar lugar a nuevas salidas de capital. Las tasas más altas podrían funcionar como antídoto.

En Colombia y Chile, se manejan bien las expectativas de inflación. Pero cualquier señal de cambio sería una bandera roja clara para cualquier banco central y dentro del Banrep, al menos, están quienes sostienen que un alza preventiva podría evitar el dolor más adelante y, con tasas reales efectivamente en cero, haría poco daño hasta a una economía en desaceleración.