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Aquella realidad de los antiguos motores a diésel ya no es válida, asevera Volkswagen en sus promociones comerciales para EE.UU. de vehículos que utilizan un combustible que solía “tener mal olor y pobre desempeño, y soltar mucho humo”.

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Parece ser que los esfuerzos de VW por cambiar la realidad de los vehículos con motores de diésel pueden haber incluido hacer trampas en las pruebas federales.

La abrupta caída de las acciones de VW refleja la seriedad de las acusaciones: engañar intencionalmente a la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. mediante el uso de software para hacer parecer que los motores de automóviles como el Golf y el Jetta son más ecológicos de lo que realmente son, señala John Gapper en un artículo del Financial Times.

El simple hecho de que Martin Winterkorn, director ejecutivo de VW, haya admitido públicamente haber “roto la confianza de nuestros clientes y el público” es suficiente para convertir esta situación en una grave crisis para la compañía que intenta sobrepasar a Toyota como el mayor fabricante de vehículos en el mundo para el año 2018.

Engañar al gobierno y a los reguladores es una de las faltas más graves que puede cometer una compañía. Un ejemplo fue la manipulación de la tasa Libor de referencia por parte de comerciantes de bancos como Barclays, UBS y RBS, lo cual resultó en cargos criminales, multas y acuerdos por más de u$s 3500 millones.

VW ahora enfrenta no sólo multas que pueden alcanzar los miles de millones, sino la posibilidad de cargos criminales. Winterkorn, quien ha anunciado una investigación externa y se ha comprometido a no tolerar “violaciones de ningún tipo de nuestras regulaciones internas o de la ley” es el mayor de los ejecutivos de VW que se encuentra bajo presión.

Esta crisis también pone en tela de juicio los esfuerzos de los fabricantes europeos, encabezados por VW, para transformar el mercado estadounidense al uso del diésel limpio. Los consumidores estadounidenses – desanimados por las generaciones antiguas y menos limpias de motores diésel, y los reguladores que han impuesto estrictas normas ambientales – eran difíciles de convencer incluso antes de esta situación.
La evidencia contra VW, combinada con el hecho de que ya ha pedido disculpas, es muy seria. En su queja oficial, la Agencia de Protección Ambiental detalla cómo se utilizó un “sofisticado algoritmo de software” para alternar los vehículos entre diferentes niveles de emisión, en dependencia de si se encontraban circulando en las calles o siendo sometidos a pruebas.

Existe una pequeña ambigüedad en la queja – plantea que VW “sabía o debía saber” que en efecto había instalado un “dispositivo de manipulación” en sus automóviles. Éste es un dispositivo que aumenta las emisiones como el óxido de nitrógeno cuando el automóvil está circulando en las calles, en lugar de cuando está siendo examinado.

Esto aumenta la posibilidad de que VW argumente que no rompió la ley de forma intencional. Éste es por mucho el caso más grave de presuntas violaciones a las normas de la EPA, pero otros fabricantes han sido atrapados haciendo afirmaciones falsas acerca del rendimiento de sus vehículos.

A menos que encuentre una defensa contra el cargo de engaño deliberado, la reputación de la compañía quedará muy dañada.

VW ha luchado durante mucho tiempo para lograr los mismos progresos en EE.UU. que los alcanzados en Europa y Asia. Ha construido una fábrica de u$s 1000 millones en Tennessee y ha prometido invertir miles de millones más en la expansión. Sin embargo, a pesar de su éxito con el Volkswagen Beetle en la década de 1960, la compañía está intentando darles alcance a los fabricantes japoneses y asiáticos en el mercado estadounidense.

Lo último que VW deseaba era un incidente que empañara tanto la reputación de su marca como la tecnología que encabeza. Pero eso es lo que ahora enfrenta VW.