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En el centro de los esfuerzos de SABMiller para obtener mejores condiciones en una oferta de adquisición por parte de Anheuser-Busch InBev NV está una familia cuyas arriesgadas jugadas en las mesas de negociaciones la ayudaron a convertirse en la más rica de Colombia.

FAMILIA-COLOMBIA-CERVEZA
Los Santo Domingo han controlado una red de empresas durante décadas. La venta de la cervecera Bavaria en 2005 a SABMiller llevó a multiplicar su fortuna de US$2.200 millones. El Bloomberg Billionaire’s Index estima que los activos de la familia están valorados en unos US$14.800 millones, señalan Ara Schaefer Muñoz y Tripp Mickle del Wall Street Journal.

El clan, que es el segundo mayor accionista de SABMiller, con una participación de 14% y dos puestos en la junta directiva, es ahora la pieza clave que AB InBev necesita para cerrar el acuerdo de unos US$99.000 millones que propuso a su rival. La familia está encabezada por Alejandro Santo Domingo, de 38 años y con estudios en Harvard.

Carlos Brito, presidente ejecutivo de AB InBev, dijo el miércoles pasado en una conferencia telefónica que pensaba que la familia era receptiva a la oferta lanzada ese mismo día. La combinación de efectivo y acciones en la propuesta de AB InBev, indicó, “fue diseñada con y para ellos”, con el entendimiento de que los Santo Domingo la aprobarían. Brito expresó su sorpresa cuando la familia la rechazó. “En este momento, no tenemos su apoyo”, reconoció y añadió que una precondición del acuerdo era “el compromiso irrevocable” de los dos principales accionistas de SABMiller, Bevco Ltd., el holding que representa los intereses de los Santo Domingo en la cervecera, y Altria Group Inc., la tabacalera que controla 27% y tres asientos en la junta. Altria informó que respalda la propuesta de AB InBev.

Las declaraciones de Brito pueden estar en conflicto con las leyes de fusiones y adquisiciones del Reino Unido, que exigen trato igualitario para todos los accionistas.

Quienes conocen a los Santo Domingo dicen que tienen un don para esperar el tiempo necesario para obtener el mejor resultado, con la esperanza de mantener también su influencia en un negocio en el que han estado involucrados por décadas. Un banquero cuya firma ha trabajado con los Santo Domingo dijo que el rechazo a la oferta actual “es una estrategia de negociación. Tienen el control de la situación”.

Rudolf Hommes, ex ministro de Hacienda de Colombia que conoce a la familia, la describió como un clan de negociadores que ha sido históricamente capaz de multiplicar su patrimonio. El abuelo de Alejandro Santo Domingo, Mario, expandió la fortuna y se la dejó a su hijo, Julio Mario Santo Domingo, dijo Hommes. Ahora, esa fortuna —en gran parte controlada por Alejandro Santo Domingo, quien sucedió a su difunto padre— podría significar una participación más amplia en un negocio que Hommes dice ha apasionado por mucho tiempo a la familia: la cerveza.

El joven Santo Domingo, un empresario alto y apuesto que vive en Nueva York y cuya vida social salpica las páginas de sociedad en la prensa, comparte la visión para los negocios de su padre, dice la gente que conoce a la familia. Recientemente se comprometió con la aristócrata británica Lady Charlotte Wellesley.

El padre de Santo Domingo era conocido por rechazar jugosas propuestas. En 1996, el brasileño Jorge Paulo Lemann —ahora uno de los principales accionistas de AB InBev— hizo una oferta por Bavaria, la cervecera de la familia, que éste rechazó.

Violy McCausland-Seve, que asesoró a los Santo Domingo hasta hace aproximadamente una década, señaló que la negativa obedeció a que la oferta infravaloraba el potencial de la compañía, dado que entonces sus márgenes eran inferiores a los de otras cerveceras. Bavaria optó por incrementar tales márgenes de 20% a 40%, y usó el mayor flujo de caja para comprar cerveceras en Panamá y Perú. McCausland-Seve dijo que luego Bavaria fue vendida a SABMiller en 2005 porque los Santo Domingo reconocieron que la industria se estaba consolidando globalmente. La asesora agregó que no sabía cómo la familia consideraba la propuesta de AB InBev, pero enfatizó que SABMiller estaba mejor posicionada para crecer en América Latina y África. “Rechazarla no sería una decisión descabellada”, indicó a propósito de los acercamientos de AB InBev.

Julio Mario Santo Domingo, una imponente figura en el mundo de los negocios en América Latina hasta su muerte en 2011, tuvo presencia en una gran variedad de sectores, desde la televisión hasta la radio, pasando por el turismo y la principal aerolínea colombiana, Avianca. También estaba conectado a la élite política. En los años 90, fue el blanco de muchas críticas después de apoyar públicamente al entonces presidente de Colombia, Ernesto Samper, que fue acusado de recibir dinero de uno de los poderosos carteles de la droga para su campaña política. Samper negó haber recibido fondos de los traficantes y fue absuelto en una votación en el Congreso.

Los críticos dijeron que los medios de comunicación de la familia Santo Domingo habían tratado con guante blanco al mandatario, cargos que Julio Mario Santo Domingo negó en su momento.

La fusión de Bavaria con SABMiller, uno de los mayores negocios de la historia latinoamericana, les reportó a los Santo Domingo US$3.500 millones. La familia fue duramente criticada por algunos miembros del gobierno colombiano y el público por argumentar que el acuerdo Bavaria-SABMiller fue una fusión y no una venta, lo que le permitió evitar el pago de millones de dólares en impuestos.

Desde la muerte de Julio Mario Santo Domingo, Alejandro ha estado en control de una amplia cartera, junto con su primo Carlos Alejandro Pérez Dávila, un ex banquero de Goldman Sachs Group Inc. Santo Domingo también es director gerente de Quadrant Capital Advisors Inc., una empresa de capital de riesgo con sede en Nueva York.

—Daniela Ramírez, Saabira Chaudhuri y Shayndi Raice contribuyeron a este artículo.