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El periodista Pablo Ximenez de Sandoval del diario El País de España fue uno de los pocos invitados a conocer las instalaciones de Netflix en el corazón de Silicon Valley.

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Relata el periodista que una vuelta por los pasillos de la empresa deja la sensación de que aquí hay alguien a quien le gusta mucho el cine y la televisión. Los despachos tienen nombres de estrellas de cine, personajes de series, directores, películas. Grandes fotos de personajes de la pantalla adornan serigrafiadas los cristales de los despachos. A la vuelta de la esquina espera un mural de House of Cards. En otro salón, uno de Mad Men. Este es el lugar donde alguien le da a un botón y sirve vídeos por Internet instantáneamente, sin horarios ni publicidad a 65 millones de personas. Entre mesas ergonómicas, ambiente universitario y comida gratis, se piensa y da forma al futuro de la televisión.

Mas allá de los aspectos arquitectónicos de las oficinas, el periodista de El País destaca que Netflix quiere que todo el mundo pueda verlo. La exclusividad o los vetos no forman parte de su lenguaje. Su objetivo es estar en todos los televisores, en todos los móviles, en todo lo que tenga una pantalla o se conecte a una pantalla. Los usuarios no encontrarán un canal, sino una aplicación. Netflix está adaptado a todas las consolas de videojuegos, los sistemas Android y Apple iOS para móviles y tabletas, web para acceder desde cualquier navegador, los reproductores multimedia de Apple, Chromecast, Amazon, Nexus, Nvidia y Roku, y está integrado en el software de al menos una decena de grandes marcas de televisión desde hace un par de años. “Queríamos estar en todos los aparatos”, explicaba en julio Hunt. “Si no, habríamos acabado compitiendo en los supermercados”. En total, en julio calculaban que la aplicación se podía usar en 3.000 aparatos, una lista que crece por horas. Al menos 700 de estos aparatos pueden reproducir calidad 4K (el doble de Full HD).

En el recorrido, el periodista encuentra una habitación llena de televisores y algunos de ellos aún no han salido al mercado. Netflix prueba absolutamente todos los aparatos en los que está disponible. Comprueba cómo se ve, cómo se oye, a qué velocidad se carga el contenido, la facilidad de manejo del mando, la facilidad de acceso a la aplicación. En un rincón de la habitación hay un televisor de tubo antiguo: también prueban cómo es la experiencia en una tele cuadrada antigua, donde se puede ver a través de otros aparatos. Los televisores Sony en EE UU ya tienen directamente un botón Netflix en el mando. La empresa emite certificados de “TV recomendada para Netflix”.

Con 100 horas de contenido que se renuevan constantemente, las posibilidades de saturar y aburrir al cliente son muchas. La clave de Netflix está en la personalización. Lo registra todo: qué has mirado, qué has visto a medias, qué has visto durante horas, qué has seleccionado para ver luego, de qué te has arrepentido. Su objetivo es conocer a cada uno de sus 65 millones de clientes como Facebook o Google conocen a los suyos. Hunt calcula que un cliente medio ojea unos 12 títulos antes de perder la paciencia si ninguno le ha convencido. Más concreto: Netflix cree que tiene entre 30 y 90 segundos para convencerte de que tiene exactamente lo que te apetece ver en este momento. El 80% de lo que los clientes ven son recomendaciones y el 20% búsquedas directas.

Netflix no lo da todo. De hecho, es un chiste habitual que cada vez que uno tiene un antojo justamente ese título no está. Lo que busca es “un equilibrio entre un catálogo alucinante y precios bajos”, entre mantener los precios del servicio y comprar todo lo que pueda, explica el director de contenidos, Ted Sarandos. La promesa de Netflix al usuario no es que vas a encontrar lo que buscas, es que ellos te van a ofrecer algo que te interesa antes de que lo busques. “Literalmente, se suben cientos de títulos cada día” a los servidores. Cada título se lanza en el mismo momento en todas partes.

Netflix se propone producir contenido original en cada país, pero lo hace con sus propios ritmos. En México, destacan en la empresa, se tardó cuatro años en encontrar un proyecto por el que apostar fuerte (la serie Club de Cuervos). En este apartado es donde se percibe la ambición de la empresa de ser una fuente de contenido global. Las producciones de cada país están disponibles para los 65 millones de usuarios de Netflix y se convierten a su vez en escaparates únicos de sus países. No hay una producción mexicana, italiana o francesa que llegue instantáneamente, tocando un botón, a esa cantidad de espectadores en todo el mundo si no es a través de una plataforma como esta.

Todo esto, las horas de programación alojadas en servidores, los 1.900 empleados, una oficina en el centro creativo de Hollywood y otra en el centro creativo de Silicon Valley, los cientos de millones invertidos en series propias, los diseños de cabeceras, los algoritmos para personalizar… es lo que hay detrás del cuadradito rojo que el 20 de octubre aparecerá en las tiendas de aplicaciones españolas. En el centro pone Netflix. Solo se trata, como dice Hunt, de “pinchar y ver”.