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A simple vista, parecen ser una lancha rápida inflable no demasiado sofisticada. En realidad, son unos “drones” de última tecnología capaces de navegar autónomamente o ser operados por control remoto.
DRONES-INFLABLEZ
Las compañías BAE Systems y ASV los desarrollaron para la Marina Real británica, que planea usarlos para proteger la que será su nueva generación de portaaviones, la clase reina Isabel.

En la actualidad, estos drones marinos ya forman parte del equipamiento de las fragatas tipo 23 y de los destructores tipo 45.
Y en Estados Unidos desde hace más de un año experimentan con un modelo similar para proteger su Armada con un enjambre de lanchas autónomas.

Misiones de alto riesgo
El modelo británico es capaz de ejecutar misiones de vigilancia durante 12 horas continuas en un radio de hasta 40 kilómetros de distancia de su nave nodriza.

Pueden alcanzar una velocidad de hasta 38 nudos (más de 70 km/h) y ser controlados remotamente desde tierra o desde un barco u operados como un bote cualquiera.

Su capacidad para navegar de forma autónoma se sustenta en un complejo sistema de sensores que incluyen un radar de navegación, una cámara infrarroja panorámica de 360 grados y un telémetro láser que ofrece a los operadores una imagen detallada sobre el entorno en el que se mueve la embarcación.

Con esto, pueden realizar misiones complejas y del máximo riesgo, evitando colisiones y sin poner en peligro la vida de los marineros.
“Tienen la flexibilidad y sofisticación para desempeñar varios roles tácticos distintos como patrullar áreas de interés, realizar tareas de vigilancia y supervisión previas al envío de misiones en las que participen personas o proteger a barcos más grandes de la misma flota”, comentó Dan Hook, gerente de ASV.

Estados Unidos realizó pruebas el año pasado un tipo similiar de drones marinos con capacidad de navegación autónoma, que destacaban porque podían realizar maniobras para defender a naves de su propia flota sin una intervención humana directa.

Con ocasión del aniversario del ataque suicida contra el destructor USS Cole, ocurrido en Yemen en octubre de 2000 y en el que murieron 17 marinos, la Marina estadounidense hizo una demostración en la que un barco era el objetivo de un pequeño bote cargado con explosivos.
La estrategia estadounidense es la del enjambre: proteger la nave mayor con una multitud de lanchas rápidas autónomas manejadas por un solo operador.

Y es posible porque van equipadas con un software especial para manejar la nave a distancia, el mismo desarrollado por la NASA para los vehículos enviados a Marte.