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Por Enrique Dans, Profesor en Tecnologías de la Información en el IE Business School.
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Los últimos resultados de Yahoo! no fueron buenos, como ya es casi costumbre. La compañía sigue siendo un auténtico zombie, no solo por su condición de muerto viviente, sino también por su capacidad de convertir en zombie todo aquello que toca, como ha ido ocurriendo con casi todas sus adquisiciones. No conozco a prácticamente nadie que utilice Yahoo! para prácticamente nada, más allá de encontrarse de vez en cuando alguna noticia republicada en Yahoo! News.

Sin embargo, esta última comunicación a accionistas contenía un detalle: la compañía firma un acuerdo no exclusivo de tres años con Google para poder utilizar sus resultados de búsqueda y su publicidad como fuente de ingresos además de los de Bing. En la práctica, Yahoo! mira hacia Google para intentar salvarse de un descenso prolongado en su cuota de mercado de búsqueda – tenía alrededor de un 20% del mercado norteamericano cuando decidió firmar con Microsoft para utilizar su tecnología, y está ahora en torno al 12% – e intenta detener esa caída complementando aquel acuerdo de entonces con otro acuerdo no exclusivo adicional.

La gran verdad es que Yahoo! es una empresa sin alma, sin identidad y prácticamente sin posibilidades. La que fue una de las primeras grandes y míticas empresas puntocom se dedicó durante demasiados años a dilapidar toda su ventaja, a perder su personalidad y cultura, a sacrificar su innovación entregándola a terceros, a comprar empresas prometedoras para condenarlas a la irrelevancia y, básicamente, a no saber a qué se dedicaba. El acuerdo con Google significa un cambio en el mapa de poder de los buscadores en los Estados Unidos, pero llega en un momento en el que ya a muy poca gente le preocupa o le afecta lo que haga o deje de hacer Yahoo!, porque la mayoría de sus usuarios lo son por pura fuerza de la costumbre o porque no han mirado mucho más allá. Que los resultados de búsqueda de Yahoo! puedan supuestamente mejorar su calidad porque ahora puedan, además de los de Bing, ser también los mismos que ofrece Google no parece, como tal, una gran ventaja.

Para Yahoo! no ha funcionado ni fichar a un directivo de Hollywood, ni volver a poner al frente a uno de sus fundadores, ni hacerse con los servicios de una estrella de Google como Marissa Mayer: todo ha sido una espiral descendente y una progresiva desaparición del radar competitivo. Cuando ya lo único que te planteas para sobrevivir es ofrecer a tu descendente base de clientes los servicios de terceros, poco queda de lo que un día pudiste ser. Hoy, Yahoo! tiene ya muy poco sentido para nadie: su página es una reminiscencia del pasado, un híbrido entre un portal de los de finales de los ’90, una especie de agencia de noticias, un buscador que nadie utiliza, una red de publicidad con actividad descendente, y un conjunto de adquisiciones incoherentes. Un verdadero desastre.

El acuerdo con Google solo significa una cosa: que Marissa Mayer aún conserva suficientes amigos en su anterior empresa como para que la reciban y le firmen un acuerdo que le permita obtener algunos ingresos por publicidad en sus búsquedas. Sí, Yahoo!, la que fue la estrella de la internet de mediados de los ’90, lo sigue intentando… pero no parece que vaya a conseguir gran cosa.