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El Black Friday ya está aquí. En los últimos años esta jornada no ha hecho más que popularizarse, convirtiéndose en una oportunidad de oro para los minoristas y en una auténtica fiebre del consumo. Pero lo cierto es que sus orígenes distan mucho de lo que hoy conocemos como “Viernes Negro”.
BLACK-FRIDAY
Para conocer sus inicios hay que remontarse a 1869, momento en el que Estados Unidos se estaba recuperando tras la Guerra Civil. Pero como en toda crisis que se precie, para muchos estafadores era una ocasión única para aprovecharse de la situación y hacer negocios de cuestionable moral.

Es el caso de Jay Gould y Jim Fisk, millonarios especuladores con intereses en el ferrocarril. Gould ideó un audaz plan que les generaría exorbitantes beneficios: subvertir el mercado del oro -que entonces no estaba regulado- para provocar la subida del precio del metal y liquidar así a otros comerciantes.

La práctica que pusieron en marcha los especuladores, que hoy ya es ilegal pero que entonces era muy popular entre los comerciantes sin escrúpulos de la época, consistía en comprar la mayor cantidad de acciones que pudieran, y una vez controladas, dictar el precio.
Pero en sus planes se interponía un importante obstáculo: el gobierno federal. Si el Tesoro de Estados Unidos iba a vender oro, inundando el mercado en el momento en el que Gould y Fisk iban a manipular el mercado para hacer que el precio subiese, los conspiradores no conseguirían sus objetivos y su plan se desbarataría.

Debían encontrar una manera de mantener al gobierno al margen, y por ello se acercaron a funcionarios del gobierno, incluyendo al propio cuñado del Presidente Ulysses S. Grant, Abel Corbin, sobre el que ejercieron como “lobbystas”. Sobornaron a Corbin para reunirse con Grant e intentar influir en su opinión sobre los beneficios que tendría un oro más alto.

Gould, Fisk, y otros implicados comenzaron a acumular oro entre agosto y septiembre de 1869, y a lo largo del mes el precio fue aumentando de forma constante. Pero a pesar de su astuta planificación, el plan se vino abajo cuando el gobierno entró en el mercado del oro y llevó a los precios a la baja.

El caos alcanzó su culmen el 24 de septiembre 1869, el famoso “Viernes Negro”. En verano el oro cotizaba a 132 dólares, pero ese día su valor superaba los 160 dólares, llegando a alcanzar hasta los 200 dólares.

Mientras que los comerciantes impulsaban al alza los precios, Gould, que tenía indicios de que no habían convencido a Grant, comenzó a vender las acciones de oro a espaldas de Fisk. El precio del oro cayó un 33% hasta los 133 dólares y se produjo el pánico en Wall Street. Pero para el mediodía se supo que el gobierno federal podría vender suministros de oro para bajar el precio. El plan se había frustrado, y muchos comerciantes estaban en ruinas.

Sin embargo, Gould y Fisk no solo se beneficiaron y consiguieron varios millones de dólares gracias a su treta, sino que además lograron salir impunes. Gould, gracias a que vendió sus acciones antes de que se produjese el colapso de los precios, escapó con un beneficio enorme que, aunque no está claro, algunos estiman en 10 millones de dólares, mientras que las consecuencias de “Viernes Negro” fueron catastróficas y duraron meses.