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Klaus Schwab, padre del foro de Davos, proclama el comienzo de otra era industrial, en la cual los paradigmas que estuvieron vigentes desde hace más de un siglo empiezan a dejar de funcionar y las cosas cambiarán para siempre, destaca Ricardo Ávila Pinto, Director de Portafolio de Colombia desde la cumbre de líderes.
CUMBRE-DAVOS
Los cerca de 2.500 delegados que empezaron a congregarse en Davos, la pequeña población de los Alpes suizos en la que tiene lugar el Foro Económico Mundial, se encontraron con mucho más que calles cubiertas de nieve por cuenta del invierno europeo que arreció en intensidad el pasado fin de semana.

Durante la inauguración, uno de los temas preferidos de conversación fue el libro escrito por el padre del evento que reúne a la élite del poder mundial, Klaus Schwab.

Y es que el conocido profesor alemán viene de proclamar el comienzo de la cuarta revolución industrial, que incluye no solo la creciente presencia de la telefonía móvil inteligente o de la computación en la nube, sino el cambio estructural en el diseño y la manufactura que representa la impresión en tercera dimensión, al igual que la irrupción del Internet de las cosas.

Por ejemplo, este último comprende la conectividad de todo tipo de aparatos, desde electrodomésticos y automóviles, pasando por la ropa que usamos. El cálculo es que para el 2025 habrá vinculados al ciberespacio cerca de un billón de aditamentos que entregarán información en tiempo real sobre gustos individuales o colectivos.

Al mismo tiempo, la tendencia hacia la automatización parece inevitable. El número de robots va en aumento e incluye variados expresiones como los drones y las aeronaves no tripuladas cuyas aplicaciones son múltiples.

Junto a las posibilidades que ofrece el futuro, también llegan los riesgos. Schwab cita a dos investigadores de la Universidad de Oxford según los cuales casi la mitad de los empleos en Estados Unidos se encuentran en riesgo de ser sustituidos por las máquinas.

En general, las oportunidades estarán en sectores en donde el conocimiento y la capacidad creativa tienen un rol, mientras que aquellas labores repetitivas o manuales son las que están en mayor peligro.

Algunos de los oficios con menor futuro son muy importantes en Colombia. En concreto, la lista de los peor posicionados la encabezan los telemercaderistas, pues la idea es que gracias a la sofisticación de los sistemas de reconocimiento de voz una máquina puede atender a cualquiera y resolver sus inquietudes, aparte de venderle un producto. Cuando se tiene en cuenta que los ‘call center’ en el país tienen en nómina a cerca de 150.000 personas, el panorama es inquietante.

Y la lista no se detiene ahí. Los contadores, las secretarias o los mensajeros también conforman el grupo de mayor vulnerabilidad. Mención aparte merecen los choferes dedicados al servicio público o al transporte, pues la promesa del vehículo sin conductor se ve cada vez más cercana, como lo demuestran las pruebas hechas por Google.

En contraste, hay otras áreas que pintan mejor. El envejecimiento paulatino de la población mundial exigirá un número mucho mayor de personas en todo lo referente al cuidado y la salud. Quienes se dedican a las artes o a lo relacionado con el mar, deberían tener un horizonte despejado, al igual que los analistas de sistemas o los antropólogos.

Nadie sabe, a ciencia cierta, cuál va a ser el balance final entre los que pierdan su trabajo y los que encuentran oportunidades en campos distintos. No obstante, el mensaje es que los paradigmas que estuvieron vigentes desde hace más de un siglo empiezan a dejar de funcionar, y que las cosas cambiarán para siempre. Y eso afectará a Colombia, gústenos o no.