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Mauricio Macri define a su estilo de gobierno como gradualismo. De ese modo, intenta despejar las dudas que buena parte de la sociedad pueda tener sobre sus propósitos.
MACRI-GRADUALISMO-ARGENTINA
Busca desterrar los prejuicios de quienes lo ven como un representante de la ortodoxia financiera. Gradualismo vendría ser entonces lo contrario a la catástrofe del ajuste. Ser un gradualista, en ciencias naturales, es promover cambios a través de pasos lentos. Charles Darwin fue un gradualista convencido con su teoría de la evolución.

El problema de Macri es que gobierna la Argentina, dice Fernando Gonzalez, Director Periodístico de El Cronista Comercial. El país salvaje por excelencia. El país que jamás tiene tiempo para los gradualistas porque las urgencias se devoran siempre las mejores intenciones. Nunca ha sido fácil administrar la flotación del dólar a través del gradualismo. Ni frenar la inflación o bajar el gasto que alimenta el déficit fiscal. Las recetas graduales deben darle respuesta a las demandas salariales, a la protesta social y al crecimiento de la pobreza. El Presidente deberá demostrar que puede mantener en movimiento los platillos chinos de la ansiedad de sus aliados y los reclamos de sus adversarios políticos.

Los frentes de batalla se multiplican cada día. La inflación, las paritarias o la tortuosa negociación con los bonistas de la deuda en default. Macri agita la bandera del gradualismo ante una Argentina presa de las adicciones de su historia y cautiva de las terapias de shock. Hasta Darwin se hubiera espantado de esta sociedad atrapada mucho más por los episodios de involución que por las etapas de la evolución y del crecimiento.