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Servicios como los coches autónomos y los drones dependen de una capacidad computacional de la que solo disponen Amazon, Google y Microsoft, que cada vez tienen más peso en los asuntos públicos.

INFLUENCIA-GIGANTES-NUBE
Dependemos de Amazon, Microsoft y Google mucho más de lo que creemos. Mientras los negocios y los gobiernos trasladan sus bases a la nube, los tres proveedores principales se están convirtiendo en la plataforma invisible de la vida cotidiana, señala Tom Simonte en un artículo en MIT Technology Review.

Los informes de que Amazon y Microsoft están pujando por controlar una infraestructura de mapeo crucial para operar los modelos más independientes de coches autónomos recuerda que la influencia de los gigantes de la nube está creciendo en nuevas direcciones. Estas empresas se están posicionando para alimentar la infraestructura pública que impulsará el mundo
.
Reuters informa que Amazon y Microsoft se encuentran en negociaciones con BMW, Audi y Mercedes para que coloquen en sus nubes la potencia computacional del servicio de mapeo HERE, que el trío de fabricantes automovilísticos compró a Nokia por 2.850 millones de dólares (unos 2.500 millones de euros) el año pasado. Invirtieron mucho en HERE, e incluso superaron la puja de Uber, porque la empresa ha dedicado años a la creación del tipo de detallados mapas en 3D que necesitan los coches autónomos para lidiar con todo tipo de conducción. Estos mapas graban la posición de cada bordillo de acera y cada poste de semáforo.

Google es la única otra empresa que dispone de unos mapas comparables. Maps y HERE han sido elaborados mediante coches equipados con sensores y cámaras. Pero, a diferencia de Google, cualquier empresa automovilística que quiera lanzar grandes cantidades de vehículos autónomos a la carretera necesitarán emplear estos mapas y dependerán de una empresa de computación en la nube. Google afirma que quiere colaborar con la industria automovilística para lograr un amplio uso de coches autónomos, y probablemente acabará proporcionando sus propios mapas a los fabricantes automovilísticos.

El sueño de multitudes de drones comerciales que llenen los cielos para entregar paquetes, monitorizar las cosechas y realizar otras tareas podría depender de la infraestructura proporcionada por las empresas de la nube. Amazon y Google están colaborando estrechamente con la NASA en un proyecto que intenta elaborar un sistema nacional para controlar el tráfico de drones. Este proyecto probablemente también incluirá un importante componente en la nube. La Agencia Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA, por sus siglas en inglés) y la NASA parecen estar abiertas a que esta red sea operada de forma privada, con la supervisión de los reguladores. El diseño propuesto por Google para el tráfico de drones incluye la operación de esa parte del sistema por parte de empresas privadas, mientras que Amazon ha trazado su propio diseño preferido.

Si alcanzamos un futuro en el que bandadas de drones sobrevuelan unas carreteras repletas de coches autónomos, la infraestructura que lo permita probablemente dependerá fuertemente de los gigantes de la nube.