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Cada vez son más los que creen que arrancó la cuarta revolución industrial. Parece exagerado, pero lo cierto es que desde que los negocios vía Internet maduraron, son muchas las industrias tradicionales que están en jaque, sobre todo algunos sectores de intermediarios.

DIGITALIZACION-BANCOS
El negocio del turismo no es el mismo desde la aparición de Airbnb, y el transporte tampoco con la llegada de Uber. Lo propio comienza a pasar con los bancos tradicionales, que según los especialistas deberán ir mucho más allá de servicios en el celular para el cliente, destaca un artículo en el diario Clarin de Argentina.

Parece que ya no alcanza con que ofrezcan pagar impuestos y servicios o transferencias de modo online. Hay una “uberización” del sector financiero. Y la aparición de los bancos virtuales acelera la tendencia. En bancos como Webank y Mybank, en China, o más cerca, el Banco Original en Brasil, o Bankool, en México, que tiene apenas 2 o 3 años de vida y no tienen sucursales, la atención al cliente es 100% digital y son un éxito. En estos modelos, el contacto físico no existe. Las cuentas se manejan online, y los prestamos y plazos fijos se otorgan de esa manera.

Una de las firmas de software que está detrás de la digitalización de los negocios es BMC, que cada año realiza en Las Vegas, Estados Unidos, el BMC Engage, una reunión mundial con sus clientes donde les presenta nuevas soluciones. Este año, lo llamativo fue que el 80% eran de bancos y de otras áreas tradicionales del sector financiero. Los técnicos viajan hasta allí para ver qué es lo nuevo en materia de software. “Los bancos son los que están más presentes acá porque son los que están sintiendo más la presión del cliente en busca de cambios”, dice Sergio Vekselman, country director para Latinoamérica Sur de BMC.

Hasta Las Vegas llegaron varios ingenieros argentinos del Banco Galicia y del Santander. Otros bancos con presencia en la Argentina enviaron técnicos de otros países. “Es que los bancos ya son pura tecnología. Son bits y bytes. Todo es virtual”, agrega Vekselman. Y en el negocio esta idea se refleja en los hechos. “En mi empresa, mientras otras áreas se han recortado, en el departamento técnico y de innovación la cantidad de empleados se multiplicó por 10 en los últimos años”, confió un ingeniero de una tarjeta de crédito. Más temprano, Bob Beauchamp, CEO de BMC, había presentado un estudio que indicaba que el 67% de los CEO estiman que los próximos 3 años serán más críticos para la industria que los últimos 50.

Hoy todos los bancos están pensando en nuevas soluciones mobile, que ya son muy demandadas por el sector ABC 1, y que en breve serán requeridas por el resto de los clientes. “Los bancos son instituciones históricas, que tienen muchas capas de tecnología de diferentes edades que deben convivir. Y hay que ayudarlos a integrar todas esas capas, para que rápidamente se puedan mover hacia el mundo digital sin afectar la estructura actual”, explica Vekselman.

En Argentina ya hay varios casos que parecen del futuro. Afluenta acaba de lanzar su plataforma digital 5.0, que permite que los particulares se presten dinero entre sí simplemente desde su smartphone. En 4 años, esta empresa logró concretar préstamos por unos $125 millones, todos microcréditos.

“La tecnología será el conductor de una mejora de la productividad en la banca, en la misma escala que en otras industrias ya digitalizados. Y esto no es algo que va a suceder en el futuro. Ya está en marcha y sólo se acelerará. Los bancos deben convertirse en organizaciones impulsadas por los datos”, ya había dicho meses atrás en Harvard el presidente del BBVA, Francisco González. No sorprende. En la convención de BMC el foco estaba puesto en los millennials, una generación que quiza nunca entró a un banco pero que en una década manejará la economía.