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Pareciera que si alguien desarrolla una buena idea, original o rompedora que dé lugar a un crecimiento rápido, prácticamente no tiene más posibilidad que ser adquirida por alguna empresa más grande.

Por Enrique Dans, Profesor en Sistemas de Información en el IE Business School

Google es un monstruo enorme, que nadie puede detener porque crece prácticamente a la velocidad de la web. Apple es la compañía más grande del mundo, con reservas de cash como para comprar cualquier compañía que considere interesante. Amazon tiene el tamaño de un país pequeño: tras la adquisición de Whole Foods da empleo a más de 540,000 empleados. Facebook es el medio de comunicación universal, y decide si tus contenidos llegan o no a tu público o si debes pagar para que así sea.

Cada día más, la escena tecnológica aparece completamente dominada por un conjunto relativamente pequeño de compañías, los que algunos llaman “the frightful five“. En su momento, fueron startups, compañías pequeñas construidas en torno a una idea que logró crecer, apalancarse y convertirse en lo que ahora son, auténticos gigantes que dominan el panorama. Ahora, a pesar de ser compañías que aportan un enorme valor añadido y que trabajan en componentes fundamentales de eso que llamamos progreso, generan percepciones cada vez más preocupantes, hasta el punto de considerarse que la era en la que esos milagros de crecimiento rápido podían suceder ha terminado. Hoy, si una compañía desarrolla una buena idea, algo suficientemente original o rompedor que dé lugar a un crecimiento rápido, prácticamente no tiene más posibilidad que ser adquirida por una de las grandes, porque el desarrollo independiente se ha hecho cada vez más difícil. Compañías con recursos para adquirir cualquier cosa que necesiten o, si las negociaciones no fructifican, copiar su modelo hasta la extenuación, fallando tantas veces como sea necesario para, finalmente, lograr su objetivo. No es ya simplemente una cuestión de recursos económicos: es la capacidad de atraer talento, de reunir a los mejores desarrolladores, de poseer todo lo necesario para llegar a los medios y convertirse en protagonistas con cualquier lanzamiento. No importa lo que hagas, estas compañías lo harán mejor que tú, y si no aciertan a la primera, seguirán probando.

¿Se ha convertido la tecnología en un juego de gigantes en el que las compañías pequeñas, las nuevas ideas y la frescura de quienes comienzan ya no tiene ninguna oportunidad? ¿Cuánto hace que no vemos una startup realmente provocativa, como estas ahora grandes compañías lo fueron en su momento? De las grandes compañías que crecieron a la sombra del crecimiento de la web, pasamos a otro grupo de compañías, ahora también grandes aunque no tanto, que se desarrollaron gracias al ecosistema app, pero desde entonces, ninguna tecnología ha dado lugar a ese tipo de fenómeno, aunque tengamos numerosas tecnologías listas para crear oportunidades y marcar diferencias. Los inversores lo saben, lo que lleva a que la inversión en capital semilla y en rondas iniciales esté comenzando a disminuir.

¿Está descendiendo el dinamismo del entorno tecnológico, o se trata simplemente de negacionismo y del miedo inspirado por los grandes gigantes tecnológicos? ¿Ha cambiado la escala necesaria para poder competir en este ámbito? ¿Cuánto perdemos si la mayoría de las ideas con capacidad transformacional pasan a originarse tan solo en un puñado de compañías? ¿Tiene hoy una startup las mismas posibilidades que tenían compañías similares hace algunos años?

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