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Simon Kuper, en un artículo de opinión en The Financial Times, destaca que los cambios que se están produciendo muestran que el mundo va por un lado los políticos parecen ir por otro.

Este otoño en las noticias de la televisión de Estados Unidos, los incendios forestales y los huracanes reemplazaron al terrorismo y -mayormente- hasta los tiroteos masivos en los contenidos de la franja horaria primetime. El cambio climático está aumentando la frecuencia de los desastres naturales, y más ciudadanos estadounidenses ahora viven en zonas de riesgo. Pero, entretanto, Donald Trump discute en Twitter sobre qué le dijo supuestamente a la viuda de un soldado. Hasta ahora, Trump es peligroso no tanto por lo que dice (pura palabrería) o hace (poco), sino por los temas que evita.

No es el único: la política en muchos países occidentales se transformó en una distracción para no atender ciertos asuntos. La mayoría de los políticos no dejan de hablar de la identidad mientras pasan por alto temas como la automatización, el cambio climático y la inminente revolución de la medicina. Hablan más de la década de 1950 que de la de 2020. Esto es en parte porque quieren distraer a los electores de problemas reales y en parte porque los políticos de hoy suelen ser abogados, conductores y ex periodistas que saben menos de tecnología que un chico promedio de 14 años. (Trump dijo en una declaración jurada en 2007 que no tenía computadora; su secretaria mandaba sus e-mails.) Pero las nuevas fuerzas ya están transformando la política.

Irónicamente, dada su negación del tema del cambio climático, Estados Unidos parece estar transformándose en el primer país occidental que será perjudicado por el cambio climático. Cada nuevo desastre natural suscitará debates políticos sobre si Washington debería rescatar a la región afectada. Ciudades en riesgo como Miami y Nueva Orleans perderán gradualmente su atractivo a medida que los riesgos se vuelvan inasegurables. Si uno compra un departamento en Miami Beach ahora, ¿se puede confiar en que sobrevivirá otros 30 años sin sufrir daños? ¿Y quién querría comprarlo en 2047? Miami podría desaparecer como Detroit.

La negación de Estados Unidos del tema del cambio climático también podría desaparecer, a medida que empresas de tecnología desplacen a Big Oil como los principales grupos de lobby del país. Ya en el primer semestre de este año, Amazon superó a Exxon y Walmart en gastos de lobby. Facebook, que está sufriendo las consecuencias de las noticias falsas, recuperará su lugar mediante el lobby. Entretanto, Europa septentrional, al menos por algunos años, se beneficiará gracias a su histórica ventaja diferencial exclusiva: su clima templado y lluvioso. El problema será que millones de africanos tratarán de mudarse allí.

El lado positivo es que muchos africanos pronto tendrán, por primera vez en la historia, acceso a energía (gracias a paneles solares) y atención médica (con aplicaciones que controlan desde la presión arterial hasta los niveles de azúcar e indican inmediatamente el tratamiento). Pero a medida que África se vuelva más calurosa, seca y superpoblada, la gente luchará para poder alimentarse, afirma la Universidad de las Naciones Unidas. Así que se dirigirán al norte en oleadas mucho mayores que los sirios y pasarán a ser los nuevos “cucos” para los populistas europeos. Los robots de vigilancia -posiblemente con capacidad de ataque- protegerán a la “Fortaleza Europa”.

En todas partes, la automatización seguirá eliminando los empleos de baja calificación. Eso mantendrá a la gente enojada. Carl Benedikt Frey, de la Oxford Martin School de la Universidad de Oxford, recuerda los trabajadores que destrozaban máquinas durante la revolución industrial británica y señala: “El año pasado hubo un motín en contra de la maquinaria: fueron las elecciones presidenciales de Estados Unidos”. Los trabajadores estadounidenses perjudicados por la automatización votaron abrumadoramente a favor de Trump porque él no habla de robots.

Pronto, los hombres de la clase trabajadora perderán sus empleos de conductor por los vehículos autónomos. Podrían encontrar nuevos puestos de trabajo sirviendo a gente rica en tareas de limpieza (una profesión que es sorprendentemente difícil de automatizar), como cuidadores o profesores de yoga. Los hombres jóvenes desarrollarán nuevas nociones de masculinidad y adoptarán este trabajo tradicionalmente femenino. Pero los hombres mayores de la clase trabajadora probablemente adhieran a políticos como Trump.

El bien más codiciado de todos -los años de vida- se distribuirá en forma aún más injusta. La expectativa de vida de los occidentales pobres seguirá estancada o se acortará tras el incremento de la obesidad a nivel mundial desde la década de 1980. Muchas personas más pobres trabajarán hasta los setenta y luego morirán, salteándose la fase ya establecida de jubilación. Entretanto, a partir de la década de 2020, los ricos vivirán cada vez más a medida que empiezan a comprar medicamentos de precisión. Según predice Vivek Wadhwa, pensador en tecnología, corregirán su ADN defectuoso y editarán sus embriones. (Escuché a él y a Frey en el excelente Khazanah Megatrends Forum que se celebró este mes en Malasia.) Incluso si los gobiernos pretenden corregir la desigualdad, no podrán hacerlo, dado que el pago de impuestos se ha vuelto casi voluntario para las compañías globales.

El país más perjudicado por la automatización podría ser China (aunque Alemania también podría sufrir, especialmente si los fabricantes de automóviles no se transforman). El modelo de China de explotar mano de obra barata sin reglamentaciones ambientales llegó a su fin, sostiene Wadhwa. “No creo que precisemos robots chinos”. Incluso si la economía china sigue creciendo, las personas poco calificadas no encontrarán carreras atractivas, y ni siquiera tendrán la opción de elegir a un falso “rompesistemas” como Trump. El resultado más probable es que el régimen de China se una a la tendencia populista y adopte un nacionalismo agresivo.

Los regímenes con problemas también aumentarán la vigilancia. En la actualidad, ellos simplemente saben lo que dices.

En 10 años, gracias a tus dispositivos, sabrán tu próximo movimiento incluso antes de que lo hagas. Los satélites ya están monitoreando los campos de trigo de Egipto para predecir la cosecha, lo que permite anticipar la posibilidad de conflictos sociales. Entretanto, los políticos occidentales probablemente seguirán obsesionados con los problemas de identidad que constituyen una noticia para los medios. Mi predicción para 2020: se producirá un pánico moral frente al sexo de realidad virtual.

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