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La periodista Lucía Martín de la revista Forbes de España resalta que, según la norteamericana Michelle Schalin, para ser un adicto al trabajo, el tipo de labor desempeñada es irrelevante: “Esto le puede pasar a cualquiera, lo de que solo le ocurre a gente que desempeña grandes cargos es un estereotipo, le puede pasar a una ama de casa por ejemplo, que no pare ni un solo minuto y no sepa relajarse”, comenta. Michelle es miembro desde hace 7 años de la asociación Workaholics Anonymous (Adictos al trabajo Anónimos), que surgió en EE UU en 1983.

Actualmente es voluntaria, pero hace unos años recaló en este grupo por su propia adicción al trabajo. “Me di cuenta de que tenía un problema hace 15 años, y ese problema se acrecentó cuando me puse a trabajar por mi cuenta. Hace 7 años tuve una depresión y entonces es cuando empecé el programa con Workaholics”, comenta.

La asociación, que bebe de las fuentes de Alcohólicos Anónimos, con un programa de 12 pasos para empezar a trabajar y a vivir de otra forma, tiene reuniones presenciales, también online y por teléfono si son necesarias, y facilita a sus miembros herramientas para tomarse el trabajo, y la vida en general, de otra forma. “Vivimos en una sociedad muy workaholics. Y desde el desarrollo de los smartphones, que permiten que podamos estar conectados en todo momento, el fenómeno va a más”, comenta Schalin. En efecto, las nuevas tecnologías son como una barra libre para estas personas: si antes tenían que poner excusas para ir a la oficina, ahora ya no lo necesitan porque la tienen al alcance de los dedos, en su teléfono o tablet.

Schalin explica que cambió su ritmo de vida cuando tomó conciencia de los efectos que la adrenalina estaba teniendo sobre su cuerpo: “Es alucinante la adrenalina para el cuerpo que supone esta adicción, al igual que cualquier otra”, explica esta mujer de 50 años.

No es raro que el adicto a la oficina sufra de otras adicciones, como el alcohol o las drogas: “Abunda mucho un consumo secreto de drogas, como la bebida o la cocaína”, comenta Alonso. “Es muy común que a la asociación llegue gente con otras adicciones, yo misma estuve previamente en Alcohólicos Anónimos”, confiesa Schalin.

La asociación americana tiene miembros en multitud de países. “Al principio a las reuniones venían más hombres, había pocas mujeres, ahora hay más que antes, sobre todo profesionales. Incluso tenemos estudiantes universitarios”, comenta la voluntaria norteamericana.

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