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Durante las primeras semanas del 2018, abría las puertas AmazonGo. El Amazon del futuro que, en cierto modo, regresaba al pasado. Paradójico, señala Ara Rodríguez en su artículo publicado en Hipertextual.

El gigante del comercio digital, aquellos que han conseguido poner cuentas de su compañía en millones de casas del mundo para adquirir lo que sea, en cualquier momento y en cualquier lugar del mundo se pasaba a lo físico. ¿Cómo era eso posible? ¿Amazon trabajando con lo analógico? En 2016 se presentaba la idea, un año después se anunciaba su apertura en los próximos meses y, justo en las primeras semanas de 2018, Seattle inauguraba el primer comercio de AmazonGo. Desde luego, nada que ver con el concepto de tradicional. Al estilo de Amazon. Una compañía que, por cierto, registraba días después beneficios superiores a los 1.000 millones de dólares por primera vez en su historia en el cierre de 2017.

200 metros cuadrados de tienda física con todo tipo de productos a disposición de los clientes, una app registrada en el móvil, entrar, meter lo que se necesite en una cesta que detecta los pesos de los productos y salir con las mismas. Un mensaje al móvil será el encargado de decirte a cuánto asciende la cuenta final. No exento de fallos que, quiera la tecnología o no jamás podrán solucionarse, AmazonGo ha sido víctima de extensas colas para entrar (producto, muy seguramente, de la novedad), de algunos fallos y, por supuesto, de los robos. Aún así, todo el establecimiento cuenta con miles de sensores de inteligencia artificial para procurar que todo vaya como lo esperado. En este punto, Amazon fue rápido en comentar el hecho de que si bien existe un gran número de receptores basados en inteligencia artificial, no se hace reconocimiento facial en ningún momento del proceso. Todo basado en datos, su recolección y análisis, la realidad es que el nuevo modelo de negocio de Amazon es algo más que una tienda al uso: es todo un experimento sociológico que afecta a un sinfín de cuestiones.

Entre otros muchos interrogantes que se presentan, uno de ellos podría ser la posibilidad de que AmazonGo pueda traspasar fronteras en un futuro cercano. Hipertextual se ha puesto en contacto con la compañía, pero hasta la fecha no tienen ninguna declaración que hacer al respecto. Lo que sí está claro es que de funcionar, el concepto de tienda irá expandiéndose primero por Estados Unidos, para luego abordar las principales capitales de Europa. Muy poco a poco y muy a largo plazo con sistemas de economía de escala. El nivel de inversión que requiere abrir este tipo de negocios supera con creces lo que un negocio digital podría soñar. Las tiendas físicas le podrían salir muy caras a Amazon.

Antes de hacer vaticinios sobre la repercusión que tendría un negocio como AmazonGo, algunos expertos se preguntan si realmente este sistema funcionará a largo plazo. Para Eparquio Delgado, psicólogo y director del Centro Rayuela, “todas estas cosas son imprevisibles desde todo punto”. Apuntando al hecho, en muy pequeña escala, de la sustitución de los sistemas de autopago en los pequeños supermercados, la realidad es que después de tantos años, “no se ha eliminado la figura del humano de forma absoluta en las cajas”. “Algunos por cuestiones ideológicas y otros por costumbre, lo cierto es que muchos han llegado a la conclusión de que te están haciendo pagar lo mismo por un trabajo que tienes que hacerte tú”, apunta Eparquio, mientras se ha prescindido de un gran número de puestos de trabajo. Carlos Gutierrez, secretario de juventud y nuevas realidades del trabajo de CCOO, estaría en la misma línea: “Este tipo de proyectos tan avanzados y tecnológicos están muy cerca de Black Mirror y hay que mantenerlos en cuarentena a ver cómo evolucionan. Habrá que ver si los clientes y usuarios tienen una experiencia satisfactoria y repiten”. En este caso, añade Eparquio, “el rechazo o la aceptación de este tipo de propuestas dependerá de las costumbres, de la percepción del cambio y si de este si identifica con algo bueno o malo”.

Lo importante es gobernar el proceso tecnológico, y no adaptarse a él, porque eso implica tener una figura altamente pasiva

Ahora bien, ¿y si realmente funciona? Un informe acuñado en Oxford apuntaba que en los próximos años, el 47% de los empleos están en peligro a causa de la digitalización y la robotización de algunos procesos productivos. En este caso, desde Comisiones apuntan a un cambio o revolución mucho más amplio que trascendería a las cuestiones de AmazonGo. “Sin entrar en el impacto neto de los nuevos modelos de negocio: de si van a crear o van a destruir más empleos”, explica Carlos, “es un debate interesante que hay que tener a futuro porque sí es cierto que se van a crear nuevos empleos con nuevas capacidades”. Esto sería un caso interesante de abordar con la cuestión de AmazonGo; si bien no necesita de personal de caja, sí que debe recurrir a profesionales que instalen, controlen y gestionen la tecnología de su nuevo local. Destruir para crear, en términos simples y resumidos. Asimismo, “habrá que ver si los trabajos que se automaticen son los de salarios medios y se mantengan los bajos. Depende de las estrategias y de las empresas”, argumenta Carlos.

En este punto, en el que se está produciendo un proceso de transición en toda regla, lo difícil es abordar el cambio. Evitar las desigualdades de compañías en un mismo sector y, desde el punto de vista del trabajador, abordar las nuevas cualificaciones que se requieren. Para Carlos, “lo importante es revisar todo lo que está sobre la mesa para gobernar el proceso tecnológico, y no adaptarse a él, porque eso implica tener una figura altamente pasiva”. De momento, la realidad es que el mundo se está adaptando como buenamente puede.

Otro punto para abordar sería el del gasto. ¿Menos fricción incurría en más gasto? En este caso hay teorías para todo los gustos, pero ciertamente se ha concluido que la ausencia de la sensación de gasto en efectivo aumenta nuestras opciones de gasto. Lo que hace unos años se planteaba como el dinero el efectivo vs. el dinero de plástico se dibuja ahora con la desaparición de ambas. En esta cuestión, se pregunta Eparquio, “habría que analizar si causa rechazo o, si como ha pasado con otras cosas en la historia, generan normalidad y terminan por aceptarse”.

Lo que sí está claro es que el concepto de AmazonGo no ha supuesto sólo la apertura de una tienda diferente. Supone, a la larga, un cambio mucho más profundo en cuestiones altamente complejas.

 

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