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Las marcas comienzan a preocuparse por que se las vea asociadas con contenidos de dudosa calidad en la redes sociales.

“No seguiremos invirtiendo en plataformas que publiquen noticias falsas o cuyos contenidos inciten al odio, la xenofobia, el sexismo o la violencia”, declaraba recientemente Keith Weed, director de marketing de Unilever.

No conviene pasar por alto una noticia de este calado, dada la magnitud de la compañía de la que estamos hablando: nada más y nada menos que Unilever, uno de los mayores fabricantes de productos de consumo a escala mundial. Y es que cuando el segundo anunciante del mundo (tan sólo superado por Procter&Gamble) decide retirar su publicidad de plataformas como Facebook y Google, algo muy serio está pasando en la industria de la comunicación.

La decisión ha sido dada a conocer por Keith Weed, director de marketing de Unilever, en la IAB Leadership Conference celebrada en Palm Desert (California) entre los días 11 y 13 de febrero. “Daremos prioridad a las inversiones en plataformas responsables que estén comprometidas con la creación de un impacto positivo en la sociedad”, apuntaba.

Todo parece indicar que Unilever quiere aprovechar su poder para presionar a las plataformas digitales a que aumenten los controles sobre sus contenidos para evitar la difusión de noticias falsas u opiniones racistas, sexistas y violentas que se puedan relacionar con apología del terrorismo o abusos a los niños.

Facebook y Google van a tener que tomarse muy en serio esta amenaza si quieren seguir embolsándose ingresos publicitarios de Unilever, que sólo el año pasado se gastó unos 6.200 millones de euros en publicidad.

Se acabó el “todo vale” en las plataformas digitales.

La decisión de Unilever es sólo un síntoma más de que algo está cambiando en el entorno digital. Basta recordar el caso del youtuber que compartió un vídeo en el que mostraba el cadáver de un suicida para darse cuenta de la creciente necesidad de establecer un control sobre las plataformas de contenidos abiertas al público. Si los usuarios no son lo suficientemente responsables como para darse cuenta del impacto que pueden tener sus vídeos, posts o comentarios, no queda más remedio que establecer unas normas para evitar herir susceptibilidades. Fundamentalmente de las marcas, que son las que no quieren verse asociadas con contenidos de dudosa calidad.

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