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La revista Inc. nos muestra los datos de la Oficina de Investigación Económica de EEUU, que utiliza los datos del censo, para averiguar cuándo es la mejor edad para iniciar un proyecto de éxito.

Mark Zuckerberg concibió Facebook en 2004 en la habitación del campus en la que vivía cuando era estudiante de Harvard. Tenía 20 años, la misma edad en la que Bill Gates había fundado Microsoft -aunque no sería rentable hasta más de una década después-. El gran competidor de este último, Steve Jobs, ya era millonario a los 26 años gracias al éxito de Apple II. Por su parte, Jeff Bezos abandonó a los 30 años una exitosa carrera en Wall Street a mitad de los entusiastas años 90 para fundar una librería online a la que bautizó como Amazon. Sin embargo, aunque parezca la tónica general, sólo son casos puntuales entre los emprendedores, ya que la mejor edad para fundar una compañía es bastante más alta, según este artículo de Inc.

El vitalismo y la imaginación asociados a la juventud suelen interpretarse como sinónimos de éxito. Incluso Alejandro Magno se lamentaba de no haber empezado antes a fundar Alejandrías cuando murió a los 28 años habiendo conquistado medio mundo. No obstante, existen casos muchos casos en los que la idea revolucionaria llega tarde: Jeffrey Nash inventó uno de los caminadores portátiles más usados para bebés cuando tenía 56 años; Tim y Nina Zagat fundaron su imperio editorial publicando guías de restaurantes cuando tenían 60 y 58 años; y, en España, quizás uno de los ejemplos más reconocibles se encuentre en las artes escénicas: Chiquito de la Calzada debutó en televisión a los 62 años tras varias décadas haciendo reír en bodas, bautizos y comuniones y alguna que otra aparición esporádica en teatros.

Existen muchos casos en los que la idea revolucionaria llega tarde: Jeffrey Nash inventó uno de los caminadores portátiles más usados para bebés cuando tenía 56 años; Tim y Nina Zagat fundaron su imperio editorial publicando guías de restaurantes cuando tenían 60 y 58 años;
Fundar a los 42 años

La mejor edad para fundar un negocio de éxito es a los 42 años
Tal vez, la conclusión sea que el éxito no conoce edad. Sin embargo, la Oficina de Investigación Económica de EEUU ha obtenido una cifra concreta: 42 años. Buceando en los datos censales de cientos de miles de startups exitosas -especialmente aquellas que han registrado un rápido crecimiento- y encuestando a una muestra representativa de emprendedores y expertos, han llegado a la conclusión de que la edad óptima para fundar un negocio de éxito se aleja de casos aislados como los de Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Bill Gates o Steve Jobs.

Es cierto que, en el caso de estos cuatro exponentes del éxito precoz en el ámbito de las tecnológicas, se unen varios factores que lo favorecen: un cambio en el modelo económico, productivo y social que rige el mundo -la digitalización-, unas mentes capaces de prever ese cambio paradigmático y una voluntad por transgredir los convencionalismos y el orden establecido. Algo así como cuando los antiguos colonos llegaban a una tierra completamente desconocida y fundaban ciudades desde la nada: lo importante es básicamente ser capaz de imaginarse esas ciudades en un territorio inexplorado con nuevas técnicas que se adapten al entorno. Pero siguiendo un esquema similar los previamente existentes.

La experiencia es un grado (y un seguro del éxito)

O eso es lo que señala este estudio que, de hecho, considera que los fundadores de startups con un crecimiento ultrarrápido son aún mayores de 42 años. El conocimiento y la experiencia en un sistema relativamente estático -no como el caso de territorios inexplorados- es básico para el éxito: según este estudio, en el 5 % más exitoso de las startups con un crecimiento rápido la edad media de sus fundadores es de 42.1 años, mientras que si reducimos ese segmento al 1% más exitoso, la media sube hasta los 43.7 años. Aún más: en el 0,1% más exitoso de este tipo de empresas la media se dispara hasta los 45 años.

Pero, ¿a qué se debe esta singularidad?

Una posible explicación es que la experiencia -y la edad- es un grado. Cualquier proyecto, por muy innovador y potencialmente lucrativo que resulte, está sujeto a ciertos baremos no cuantificables: ser un hombre blanco, crecido en un entorno privilegiado y procedente de una universidad de élite. Estos intangibles, que aparentemente no deberían ser tomados en consideración, son cruciales a la hora de atraer a inversores. Un buen -y extremo- ejemplo de este sesgo es que, en la actualidad, las mujeres emprendedoras sólo reciben el 2 % de los que los grandes inversores apuestan en nuevas iniciativas.

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