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Cambio climático: las personas no están a la altura

Cambio Climático – Un estudio publicado recientemente en Nature, “Current fossil fuel infrastructure does not yet commit us to 1.5 °C warming“, está siendo ampliamente comentado por la relevancia de sus conclusiones: en las condiciones actuales, podríamos evitar el calentamiento del planeta por encima de la fatídica cifra de 1.5ºC fijada como crítica por el informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), si iniciásemos inmediatamente la retirada de la tecnología de los combustibles fósiles, es decir, si simplemente no renovásemos los aparatos que actualmente la utilizan, asumiendo una vida útil de 40 años para centrales de carbón y hornos de cementeras, de quince años para los automóviles y de 25 para aviones y barcos. Esas fuentes son conjuntamente responsables del 85% de las emisiones de gases que provocan el calentamiento global, lo que nos ofrecería una probabilidad del 64% de mantenernos por debajo de ese nivel de 1.5ºC. En caso de no comenzar esa fase de retirada de la tecnología de los combustibles fósiles hasta el año 2030, las probabilidades se reducen por debajo del 33%.

Escribe Enrique Dans, Profesor en Sistemas de Información en el IE Business School

Mientras algunos intentan calcular el tiempo que nos queda, otros siguen empeñados en abrir centrales de carbón o en fabricar vehículos de gasoil y gasolina.

Todo indica que, diga lo que diga el informe, las posibilidades de lograr una retirada de esas tecnologías son prácticamente nulas. Una parte de la humanidad está demasiado ocupada ganando dinero como para que se planteen algo tan insignificante como salvar el planeta y la civilización humana. Mientras algunos intentan calcular el tiempo que nos queda, otros siguen empeñados en abrir centrales de carbón o en fabricar vehículos de gasoil y gasolina. De hecho, otro estudio, descrito por Joshua Goldstein en su reciente libro “A bright future“, afirma que esa retirada de los combustibles fósiles únicamente es posible si volvemos a abrazar la generación de energía mediante centrales nucleares, una posibilidad que genera un importante nivel de rechazo. Las centrales nucleares pueden ser muy eficientes, pero nadie quiere una cerca de su casa.

Otras posibilidades de cara a obtener ese objetivo apuntan a tecnologías dedicadas a la reducción de las emisiones en la fabricación de cementos y hormigones, a desarrollos en el ámbito del transporte aéreo mediante aviones eléctricos, a los éxitos cosechados por Tesla, la marca que más lealtad genera entre sus usuarios, que parecen estar impulsando ya a otras compañías de su industria a competir en el ámbito del vehículo eléctrico, o tecnologías que mejoran el rendimiento de la carga de las baterías para hacerla mucho más rápida.

Lo he comentado en numerosas ocasiones: la tecnología va a estar a la altura del que es, sin ninguna duda, el desafío más importante de la humanidad. Lo que no está a la altura son las personas, que se empeñan en minimizar ese riesgo y en insistir en no renunciar a determinados estándares de lo que consideran “bienestar”. La respuesta a un planeta que amenaza con convertirse en inhabitable en pocas décadas debido al cambio climático, no es prohibir los vehículos de combustibles fósiles “en el año 2040 ó 2050”, porque eso es simplemente absurdo: en esas fechas, ya no quedará nada por salvar.

La respuesta lógica, y de hecho, la única respuesta, tendría que ser prohibir la fabricación de esos vehículos ya, de manera prácticamente inmediata, y obligar a todas las compañías que los fabrican a ser competitivos en la fabricación de automóviles eléctricos. Dar por amortizada la tecnología del motor de explosión, pasar página y seguir adelante. Mientras sigamos con la mentalidad de aplazar las medidas a varias décadas vista, seguiremos incumpliendo los plazos y condenándonos a un futuro que nadie debería vivir.

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