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Or Abel, el fundador de ‘Yo’, se ha hecho conocido de la noche a la mañana después de programar una aplicación en ocho horas.

La idea, así como lo explica para Financial Times, ha venido de su jefe que le pidió una notificación rápida para reunirse con su asistente personal.

Por suerte para Or Abel, no sólo ha gustado a su jefe sino también a 50,000 usuarios en su día de estreno que coincidió irónicamente con el día de los inocentes, reseña Mihaela Marín en TICbeat.

Pero los números no paran aquí: Yo registró cuatro millones de mensajes enviados desde su lanzamiento y una financiación inicial de un millón de dólares por parte de un grupo de inversores entre los cuales se encuentra su propio jefe.

No es una aplicación que aporte una utilidad evidente y tampoco puede presumir de ser el resultado de un salto excepcional de novedad tecnológica pero aun así, debe de existir alguna causa que explique su viralidad. El tono de las primeras impresiones que ha cosechado su lanzamiento oscila desde el de broma hasta el crítico por parte de esas voces que reprochan una pérdida sin motivo de dinero para aplicaciones que devalúan la comunidad tecnológica.

Yo, así de simple
Las reglas que ayudan a incrementar el número de descargas son pilares básicos para los desarrolladores. Algunas de estas se centran en: compartir algo importante, facilidad de uso para los suscriptores, rapidez de registro para los amigos y ofrecer una recompensa. Con sólo ocho horas de desarrollo Yo sorprende por el desequilibrio entre el poco esfuerzo invertido en su creación y el resultado obtenido una vez lanzada. La aplicación parece el producto de una competición en broma con el fin de obtener una aplicación desprovista de cualquier desafío tecnológico y que reduzca su funcionalidad a un único objetivo: enviar una palabra de un contacto a otro.

Está claro que Or Abel ha tenido un momento de intuición y no ha abandonado la buena sensación que le ha dado el feedback de sus amigos, así que si Yo ha tenido éxito es por algún motivo. He aquí los principales elementos que hacen de Yo una aplicación viral:

1. El dinamismo está motivado por la facilidad de acción. Una aplicación que te permita conectar con tus amigos con un único gesto, eliminando el exceso de otras operaciones se convierte en un plus si se llega a hacer una comparación con desarrollos de larga duración que acaban por entregar un producto completo pero nada fácil de usar.

2. La sencilla forma de interactuar con los amigos ha sido otra ayuda para que Yo gane muchos usuarios. Si pensamos en Twitter, la conocida red de microblogging tenemos el ejemplo perfecto para demostrar la viralidad de los mensajes breves. Yo lo ha simplificado incluso más reduciendo el mensaje a una palabra que se envía de un contacto a otro en un juego de mensajes recíproco sin que haga falta ampliar el contenido y ni siquiera el gesto tan sencillo de enviar una foto que ha hecho famoso a Snapchat.

3. Su funcionalidad reducida se ha convertido en una ventaja que representa la base de su difusión contagiosa: la reciprocidad. Cada ‘Yo’ recibido se puede visualizar en la pantalla y para enviarlo de vuelta no hace falta ni abrir la notificación, este se reenvía al instante con sólo apretar el ‘Yo’ recibido. A pesar de su pobre estructura la aplicación tiene todas las posibilidades de atraer por la fácil forma de enviar un mensaje.

4. La recompensa entendida como valor añadido es un elemento clave en garantizar la viralidad de una aplicación. En el caso de’ Yo’ el valor añadido que ha ofrecido a sus usuarios se relaciona con la efimeridad de los mensajes reales. La aplicación copia de alguna forma la instantaneidad que caracteriza las conversaciones cotidianas y la transpone a sus notificaciones rápidas igualando el ‘Yo’ a la duración fugaz de cualquier gesto de la vida real.

Or Abel aprovecha el éxito de una aplicación que a pesar de su reducida utilidad ha ganado miles de usuarios, pero para ver si su notoriedad se ha debido a unas circunstancias pasajeras se verá con el paso del tiempo.

 

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