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Cómo la red que conocimos cambió para siempre y qué significa eso para nuestras vidas

 

RESUMEN CON IA

Lo que más nos gustaba de Internet — su naturaleza social, humana y abierta — ha cambiado profundamente. No ha desaparecido por completo, pero ha sido desplazado por modelos que priorizan métricas, algoritmos y contenido automatizado. Esta transformación tiene consecuencias no solo para cómo consumimos información, sino también para cómo pensamos, cómo nos relacionamos y cómo construimos cultura.

 

Hubo un tiempo en que “estar en Internet” significaba experimentar, conocer gente nueva, explorar páginas personales, intercambiar ideas en espacios independientes y abrir ventanas a mundos desconocidos. Era un lugar donde la palabra “social” tenía sentido auténtico — tus contactos eran personas reales que conocías o con las que querías conectar; las recomendaciones venían de tus amistades y de tu entorno, y el contenido se construía desde la curiosidad y la creatividad humana. Esa Internet, la que muchos recordamos con nostalgia, ya no existe.

En su reciente video Lo que más te gustaba de Internet… ya no existe, el tecnólogo y creador de contenidos Santiago Bilinkis plantea una tesis profunda y preocupante: la red que transformó nuestra cultura está cambiando de forma radical — no por accidente, sino por diseño. Incluso sin darnos cuenta, estamos migrando a una versión de Internet dominada por algoritmos, inteligencia artificial y contenido automatizado, que transforma no solo qué vemos, sino cómo pensamos y qué valoramos.

 

El tecnólogo y creador de contenidos Santiago Bilinkis plantea una tesis profunda y preocupante: la red que transformó nuestra cultura está cambiando de forma radical — no por accidente, sino por diseño.

 

  1. El internet “social” desapareció

Cuando pensamos en las primeras redes sociales — MySpace, los blogs personales, los foros — la Internet era un espacio de diálogo genuino entre individuos. Allí, las voces humanas eran el centro. Compartías lo que querías decir, veías lo que tus contactos publicaban, y la interacción tenía lugar entre personas con identidades reales, intereses compartidos y relaciones establecidas.

Pero esa Internet social fue gradualmente reemplazada por plataformas que monetizan la atención. Hoy, lo que consumimos “casi nunca viene de gente que conocés”.

¿Qué cambió?

Las plataformas modernas priorizan engagement: mantener al usuario mirando la pantalla tanto tiempo como sea posible. El motor que lo hace posible no es tu red de amigos, sino algoritmos que predicen qué contenido te va a enganchar más — aunque no provenga de tus amigos, ni tenga ninguna conexión humana real contigo.

Este cambio, que en su momento parecía “una mejora”, tiene consecuencias profundas:

  • Las recomendaciones ya no nacen de tus intereses personales reales, sino de modelos matemáticos que maximizan retención.
  • Ya no eliges qué ver: te lo “sugieren” los algoritmos.
  • La experiencia deja de sentirse personal y se convierte en un flujo interminable de estímulos diseñados para capturar tu atención.

Como Bilinkis y otros analistas han señalado, esto marca el ocaso de lo social y el auge del entretenimiento algorítmico.

 

  1. El ascenso del contenido basura y la IA

Si hay una frase que resume gran parte del contenido actual en Internet, esa podría ser “AI slop” — es decir, basura digital generada por inteligencia artificial con el objetivo de saturar plataformas y captar atención sin aportar valor real.

¿Qué es AI Slop?

AI Slop es contenido masivo creado por modelos de IA para capturar clics y tiempo de pantalla.
No es necesariamente malicioso — muchas veces es simplemente ruido — pero su efecto es devastador:

  1. Inunda nuestros feeds con información que no proviene de humanos.
  2. Es difícil distinguir lo que es producido por personas de lo generado por máquinas.
  3. Política, entretenimiento y educación quedan mezclados en un flujo indistinguible.

En Lo que más te gustaba de Internet… ya no existe, Bilinkis explora cómo este contenido se multiplica sin control, desplazando lo que antes era creación humana genuina.

Esto significa que incluso pensar que estamos “eligiendo” qué consumir es engañoso: muchas veces no hay elección real, sino lo que las plataformas deciden mostrarte para maximizar métricas.

 

  1. De espectadores a consumidores pasivos

Cuando la red era un espacio social, éramos participantes activos. Escribíamos entradas de blog, interactuábamos en foros, enviábamos correos personales, compartíamos enlaces con amigos. Internet era un espacio donde uno contribuía y moldeaba la cultura digital.

Hoy, en gran parte, somos espectadores:

  • Desplazamos sin parar en feeds infinitos.
  • Consumimos contenido preparado para atrapar nuestra atención.
  • Se nos entrena para valorar la gratificación instantánea en lugar de la profundidad.

Este cambio no es trivial; tiene consecuencias psicológicas y sociales:

  • Aumenta la adicción digital.
  • Reduce la capacidad de concentración.
  • Transforma nuestra relación con la información — de curar a devorar sin filtro.

Como varios críticos han notado, la lógica de las plataformas ha pasado de “social” a entretenimiento y manipulación de atención.

 

  1. La ilusión de lo real

Uno de los efectos más inquietantes del auge de la IA y el contenido automatizado es lo que podríamos llamar “el colapso de la verdad visual”. Antes, una foto, un video o un testimonio online tenían un anclaje de autenticidad: era difícil falsificarlo.

Hoy, herramientas avanzadas permiten:

  • Crear videos extremadamente verosímiles.
  • Generar imágenes y audios que parecen reales.
  • Producir textos sin intervención humana.

Incluso creadores como Bilinkis han confesado que han llegado a creer que un video generado por IA era real.

Esto abre un problema profundo. Antes, incluso si había desinformación, existía algún filtro de autenticidad: si algo venía de un humano real con contexto social, era más fácil de interpretar. Ahora ese filtro se ha desvanecido.

  • Lo que ves puede no haber sido creado por nadie.
  • Puede ser diseñado para manipularte.
  • Puede estar optimizado para emocionar, no para informar.

 

  1. La manipulación de la atención y la economía de la adicción

Ya desde hace años, pensadores como Bilinkis alertaban sobre el peligro de las redes sociales que “no muestran a tus amigos, sino lo que más tiempo te mantiene cautivo”.

Esto no es un accidente sino una estrategia de diseño:

  • Las plataformas compiten por tu atención como si fuera un recurso escaso.
  • Tu tiempo viendo su contenido es su producto más valioso.
  • Tus clics, vistas y reacciones alimentan algoritmos que te exponen a más de lo mismo.

Este modelo ha modificado radicalmente la naturaleza de la interacción online:

  • Ya no buscamos contenido, el contenido nos busca a nosotros.
  • Ya no conectamos con otros, conectamos con patrones de consumo.

Y lo que es peor: esta economía de la atención está diseñada para ser adictiva, explotando vulnerabilidades cognitivas humanas para mantenernos pegados a la pantalla.

 

  1. ¿Qué queda de la Internet humana?

Ante este panorama, surge una pregunta inquietante: ¿Qué queda de la Internet como espacio social, humano y auténtico?

Algunas reflexiones útiles:

  • Existen espacios todavía centrados en personas reales

A pesar de la saturación, todavía hay comunidades, blogs personales, foros especializados, sitios independientes y proyectos colaborativos que mantienen el espíritu original de la red.

  • Internet no está físicamente “muerta”… pero su alma sí puede estar cambiando

Lo que ha cambiado es el modelo dominante: ya no se trata de conectar personas, sino de monetizar atención y automatizar contenido.

  • Recuperar el control es un desafío, no un retorno al pasado

No podemos volver a los primeros años de Internet; serían imposibles en un mundo donde todos tenemos teléfonos inteligentes y 5G. Pero podemos:

  • Ser más conscientes del papel que juegan los algoritmos.
  • Elegir plataformas menos invasivas.
  • Fomentar espacios digitales centrados en humanos, no en métricas.
  • Desarrollar hábitos digitales más saludables.

 

  1. Más allá de la nostalgia: una oportunidad de reconstrucción

Es importante aclarar algo: nostalgia no debe ser una trampa. La idea de la “Internet de antes” no debe idealizarse sin crítica. Lo que existía también tenía problemas: anonimato dañino, toxicidad en foros, falta de regulación, etc. Sin embargo, lo que se plantea hoy no es solo un problema de viejos versus nuevos, sino un problema de modelo, valor y propósito.

La Internet humana tenía sentido porque:

  • Priorizaba a las personas sobre la atención.
  • Permitía contribuciones auténticas, no automatizadas.
  • Facilitaba diálogo real, no solo consumo pasivo.
  • Era un espacio para descubrir, aprender, colaborar.

La Internet de ahora prioriza:

  • Engagement sobre significado.
  • Comportamientos medibles sobre experiencias humanas.
  • Optimización por métricas sobre cultura digital saludable.

Esa transición no fue forzada por la tecnología per se, sino por modelos de negocio y diseños algorítmicos que transformaron la red en una fábrica de atención. El desafío hoy es reimaginar una red que retome sentido humano sin renunciar a la innovación tecnológica.

 

Esa transición no fue forzada por la tecnología per se, sino por modelos de negocio y diseños algorítmicos que transformaron la red en una fábrica de atención.

 

  1. ¿Cómo podemos responder como sociedad?

Responder a esta transformación implica acciones en varios niveles:

Educación digital

Las personas necesitan herramientas para:

  • Entender cómo funcionan los algoritmos.
  • Diferenciar entre contenido humano y automatizado.
  • Evaluar críticamente lo que consumen.

Regulación y responsabilidad

Gobiernos y reguladores pueden:

  • Exigir mayor transparencia sobre cómo se recomiendan contenidos.
  • Regular prácticas que exploten la atención de forma dañina.

Tecnología con propósito

Los desarrolladores pueden crear plataformas que:

  • Prioricen la autenticidad humana.
  • Fomenten relaciones reales.
  • Limiten prácticas diseñadas para adicción.

Hábitos individuales

Cada usuario puede:

  • Elegir conscientemente qué plataformas usar.
  • Desconectarse del scroll infinito.
  • Buscar comunidades que valoren la presencia real sobre la gratificación instantánea.

 

Si Internet ha cambiado tan radicalmente, la gran pregunta es: ¿queremos seguir en una red dominada por máquinas que optimizan nuestra atención o podemos rediseñar un espacio digital que honre nuestra humanidad?

 

  1. La pregunta que queda en el aire

Si Internet ha cambiado tan radicalmente, la gran pregunta es: ¿queremos seguir en una red dominada por máquinas que optimizan nuestra atención o podemos rediseñar un espacio digital que honre nuestra humanidad?

Esa pregunta no tiene una sola respuesta, pero es la más importante que debemos hacernos en esta década.

Conclusión

Lo que más nos gustaba de Internet — su naturaleza social, humana y abierta — ha cambiado profundamente. No ha desaparecido por completo, pero ha sido desplazado por modelos que priorizan métricas, algoritmos y contenido automatizado. Esta transformación tiene consecuencias no solo para cómo consumimos información, sino también para cómo pensamos, cómo nos relacionamos y cómo construimos cultura.

Como recuerda el análisis de Bilinkis y de múltiples observadores de la era digital, Internet no es solo una herramienta tecnológica; es un espacio social que refleja quiénes somos, qué valoramos y hacia dónde vamos.

Revertir la pérdida de lo que más nos gustaba no será un proceso sencillo, pero reconocer lo que ha cambiado es el primer paso para imaginar una red que vuelva a poner a las personas en el centro.