Esa es la pregunta que ha puesto sobre la mesa un informe publicado en Substack por Citrini Research, una firma poco conocida que, en cuestión de horas, ha logrado sacudir a Wall Street y reavivar el debate sobre los riesgos estructurales del auge de la IA.
El documento, titulado The Global Intelligence Crisis of 2028, plantea un escenario hipotético —no una predicción cerrada, según sus propios autores— en el que el éxito masivo de la inteligencia artificial termina generando una crisis global. La publicación está vinculada a Citrinitas Capital Management y, aunque no es un gran banco de inversión, ha ganado notoriedad por sus análisis provocadores sobre tecnología y mercados.
El miedo no es el fracaso de la IA, sino su éxito
La tesis central es inquietante: el problema no sería que la IA falle, sino que funcione demasiado bien. Si la inteligencia —históricamente un recurso escaso y valioso— pasa a ser abundante y barata gracias a los agentes de IA, el trabajo cualificado humano perdería gran parte de su valor económico.
El informe describe una “espiral de desplazamiento de la inteligencia humana”. El proceso sería el siguiente: las empresas sustituyen empleados de oficina —analistas, programadores, administrativos, gestores— por sistemas automatizados más eficientes y baratos. Esto reduce costes a corto plazo, pero también elimina empleos o empuja a muchos trabajadores hacia puestos peor remunerados.
En economías como la estadounidense, donde el consumo de los hogares representa cerca del 70% de la actividad, menos ingresos implican menos gasto. Y si los consumidores gastan menos, las empresas ingresan menos. Ante esa caída de ingresos, las compañías recurren a más automatización para reducir costes, generando nuevos despidos y reforzando el ciclo. Más eficiencia productiva, pero menos personas con capacidad de compra.
El concepto de “PIB fantasma”
Uno de los términos más llamativos del informe es el de “PIB fantasma”. Se trataría de un escenario en el que las estadísticas muestran crecimiento económico —más producción, más beneficios empresariales—, pero la mayoría de la población no percibe mejora alguna en sus ingresos.
Este planteamiento coincide con advertencias de gestoras como PIMCO, que han señalado el creciente peso del capital intangible (software, datos, algoritmos) frente al trabajo en la distribución de la renta. En Estados Unidos, la proporción de la riqueza nacional destinada a salarios lleva años disminuyendo. Si la IA acelera esta tendencia, el crecimiento podría concentrarse en empresas e inversores, mientras los sueldos se estancan o retroceden.
En su escenario más extremo, Citrini proyecta que el desempleo en EE. UU. podría superar el 10% en 2028 y que la participación salarial en el PIB caería de forma significativa.
Sectores especialmente expuestos
El informe identifica tres áreas particularmente vulnerables:
- Software tradicional en la nube (SaaS).
Empresas como ServiceNow o Asana podrían enfrentarse a un doble desafío: compañías que desarrollan herramientas internas con IA y una creciente guerra de precios. Si los agentes pueden generar código a medida en minutos, muchas licencias actuales perderían sentido. - Plataformas de intermediación.
Modelos como los de DoorDash o Uber dependen en parte de la fidelidad del usuario y de ciertas fricciones del mercado. Pero si agentes de IA comparan precios en tiempo real y eligen siempre la opción más barata, la lealtad a una app concreta podría diluirse.
- Redes de pago y banca.
Si los sistemas automatizados priorizan las opciones más eficientes y económicas, gigantes como Visa, Mastercard o American Express podrían ver reducidos sus ingresos por comisiones. No es casual que varias de estas compañías registraran caídas bursátiles tras la difusión del informe.
Señales que alimentan el debate
Aunque el escenario descrito es hipotético, el debate se apoya en datos reales. Amazon ha anunciado planes para automatizar buena parte de sus operaciones y recortar decenas de miles de empleos. Microsoft, por su parte, ha informado de que una parte significativa del código de sus nuevos productos ya es generado con IA, contribuyendo a mejoras en eficiencia y márgenes.
La cuestión de fondo ya no es únicamente si la IA destruirá empleos —algo que empieza a observarse en distintos sectores—, sino si su avance puede alterar los fundamentos del modelo económico actual. ¿Podría una economía extremadamente productiva, pero con una base de consumidores debilitada, sostenerse en el tiempo?
Por ahora, el informe de Citrini no es más que un ejercicio prospectivo. Sin embargo, ha tocado un nervio sensible en los mercados: el temor a que el éxito tecnológico, mal gestionado, termine convirtiéndose en el detonante de la próxima gran crisis estructural.







