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Por suerte llegaron “al fin del mundo”, tal y como dijo el flamante Papa argentino Francisco sobre su origen el día de su elección, algunas aceleradoras e iniciativas que buscan proyectos innovadores y dan algún empuje económico.
 Una de ellas, es Wayra, la aceleradora que pertenece a la compañía de telecomunicaciones Telefónica y otorga un capital semilla de hasta 50.000 dólares a aquellas startups que tienen “hambre” de crecer y expandirse más allá de sus fronteras. “Wayra fue pensada para Latinoamérica porque imaginamos que tenía el ecosistema emprendedor que buscábamos. Sabíamos que los proyectos en esta región eran buenos y por eso nos expandimos en primer lugar en Argentina, Colombia, México y España. Es decir, estaban dadas las condiciones ideales por tener mucho talento, personas con iniciativas e ideas diferentes pero que no encontraban recursos para llevarlas adelante”, relata Andrés Saborido, Country Manager de Wayra Argentina.

Por Wharton School de la Universidad de Pennsylvania y Universia

Cuatro compañeros de una universidad decidieron crear en 2011 un sitio de búsquedas de descuentos, promociones y beneficios para los usuarios que tienen una o más tarjetas de crédito y débito. Así nació Skonto, que se convirtió en la primera aplicación argentina en formar parte de Store, la tienda de aplicaciones de Microsoft para el Windows 8. Si bien Diego Verzino y Federico Del Pup, estudiantes de marketing e ideólogos del emprendimiento, contaron con el apoyo de la UADE (Universidad Argentina de la Empresa) y la participación de otros dos estudiantes especializados en informática, todavía esperan llegar a un punto de equilibrio para que el negocio pueda autofinanciarse.
 
Skonto es una de las numerosas empresas de perfil tecnológico que están surgiendo a lo largo de toda la región en los últimos tiempos. Tanto es así que algunos expertos consideran que se está fraguando una auténtica revolución cultural en el ámbito empresarial. El pasado 13 de octubre, The Economist se hacía eco de este fenómeno y publicaba el artículo The lure of Chilecon Valley en que se destacaban las políticas públicas del país, a través de Start-Up Chile, una iniciativa surgida en 2010 para atraer talento tecnológico y crear un Silicon Valley a pequeña escala.
 
“La iniciativa básicamente consiste en que el Estado chileno co-invierte con inversores locales a fondo perdido”, señala Paris de l´Etraz, director del Venture Lab del IE Business School, cuyo objetivo es incubar el desarrollo y la consolidación de la creación de empresas startup. La entidad estatal pone el 90% de los fondos para desarrollar el proyecto hasta 40.000 dólares, “pero no trata de convertirse en inversora, tan solo quiere ayudar a las empresas locales a crecer. Si llega un emprendedor con referencias, cualificado, asume parte de la inversión”, añade De l´Etraz. Gracias a esta iniciativa en que los emprendedores tienen que permanecer en el país al menos 7 meses, Chile es el país más destacado de la región en cuanto a iniciativa empresarial.
 
Sin embargo, las comparaciones con Silicon Valley pueden ser exageradas, comenta De l´Etraz, que acaba de asistir a varios Venture Days en América Latina donde se presentaban startups a una audiencia de inversores locales e internacionales. “La gente cree que Silicon Valley es algo que se puede replicar fácilmente, pero su ecosistema emprendedor es muy característico”. En su opinión, lo más destacable es que los inversores ángeles tienen experiencia previa como emprendedores y, por tanto, “conocen la mentalidad emprendedora, saben identificar una empresa y un equipo emprendedor, cómo evaluarlo y hacerlo crecer”. Sin embargo, en la mayoría de los países del mundo, incluyendo América Latina, los inversores ángeles o aquellos que dirigen fondos de inversión no tienen perfil emprendedor, vienen de la banca de inversión y ahora invierten en empresas. “La mentalidad del inversor-banquero es de transacción, no de emprendedor”. Por eso, dice, “es necesario cambiar el chip en cuanto al tipo de inversor”.
 
Por otro lado, Silicon Valley cuenta con dos de las universidades más prestigiosas de ingeniería del mundo -Berkeley y Standford-, además de existir una diversidad muy difícil de replicar, constituida por gente muy brillante procedente de todas partes del mundo. Muchos lugares han intentado replicar el modelo de Silicon Valley y alguno lo ha logrado con mucho éxito, como Israel, “pero se trata de un caso especial porque recibe mucho dinero de EEUU y hay numerosos inversores y fondos de origen americano. Además, hay una cultura muy emprendedora”, relata.
 
Ahora bien, las barreras para parecerse a Silicon Valley están cayendo, destaca De l´Etraz, quien señala que países como España se están convirtiendo en un buen destino para crear startups porque “los precios de los salarios han bajado, existe una buena educación y experiencia a nivel técnico, así como buena calidad de vida, mientras que en Silicon Valley los precios son prohibitivos”. Y cita como ejemplo a Tyba, una empresa de estudiantes extranjeros radicada en España que ayuda a conectar empresas con jóvenes talentos a través de Internet.
 
Las mismas condiciones se están dando en numerosos países de América Latina. Javier Zúñiga, director de la carrera Ingeniería en Informática de UADE, en Argentina, recuerda que el país cuenta, además, con “muy buena calidad de los recursos humanos en su formación y un buen nivel de inglés para proyectos o trabajos internacionales, algo fundamental en TI”.
 
Los obstáculos
 Aún así, todavía quedan obstáculos por sortear. El argentino Del Pup, de 29 años, se queja de la falta de financiamiento de riesgo tanto en su país como en el resto de la región. Y añade que tampoco hay suficientes entes gubernamentales que apoyen al emprendedor, “a pesar que el mundo de Internet está creciendo y necesita empuje”.
 
De l´Etraz añade que en una reciente visita a Argentina ha visto a los emprendedores algo nerviosos por la falta de confianza extranjera en el mercado local, lo que ha provocado que muchas startups se marchen a otros países. “En el Venture Day de México había varios proyectos argentinos. En Colombia, también. El argentino es muy emprendedor y se vende muy bien. El país ofrece muchas oportunidades, pero hasta que no se estabilice la situación política no va a crecer como debería”.
 
Martín Vivas, facilitador en Buenos Aires de Startup Weekend, una iniciativa que propone armar empresas en solo tres días, admite que los fondos de inversión no llegan a Argentina. “El inversor trata de generar una relación con los emprendedores y en ese sentido estamos un poco lejos”, agrega el facilitador y también integrante de Palermo Valley, una comunidad de emprendedores que busca impulsar la industria de Internet, por ejemplo a través de viajes hacia otros mercados. La otra cara de la moneda es que en visitas a Silicon Valley, “hemos visto proyectos de otros países que no tenían diferencias con los nuestros. Tenemos mucha calidad en nuestros profesionales”, dice orgulloso.
 
Independientemente del contexto en que se mueve cada país de la región, De l´Etraz señala que queda un tema crucial por resolver: hacer políticas fiscales favorables a inversores ángeles, a través de desgravaciones en caso de pérdidas. “El 10 de julio tenemos un Venture Day en Colombia y uno de los requisitos es que las empresas sean colombianas. ¿Pero qué significa ser colombiana cuando muchas empresas se montan en Miami, pero hacen negocios en Colombia, o en otros lugares, por el tema fiscal?”, reflexiona De l´Etraz. Y añade que “los gobiernos deben tomar este tema en serio y hacer políticas, como hay en EEUU, para atraer la inversión y que sea fiscalmente interesante arriesgar en el mundo del startup”.
 
Dada la situación, De l´Etraz no cree que en este momento se esté produciendo una revolución en el emprendimiento tecnológico de la región, aunque sí cree que tendrá lugar como evidencia que el número de eventos emprendedores se haya incrementado y haya una mayor implicación por parte de los gobiernos, “como el macroevento emprendedor organizado en noviembre por el Gobierno de Perú”, señala. Sin embargo, advierte que para que se produzca la ansiada consolidación del fenómeno se necesita una mayor participación del sector privado.
 
Las aceleradoras
 Por suerte llegaron “al fin del mundo”, tal y como dijo el flamante Papa argentino Francisco sobre su origen el día de su elección, algunas aceleradoras e iniciativas que buscan proyectos innovadores y dan algún empuje económico.
 
Una de ellas, es Wayra, la aceleradora que pertenece a la compañía de telecomunicaciones Telefónica y otorga un capital semilla de hasta 50.000 dólares a aquellas startups que tienen “hambre” de crecer y expandirse más allá de sus fronteras. “Wayra fue pensada para Latinoamérica porque imaginamos que tenía el ecosistema emprendedor que buscábamos. Sabíamos que los proyectos en esta región eran buenos y por eso nos expandimos en primer lugar en Argentina, Colombia, México y España. Es decir, estaban dadas las condiciones ideales por tener mucho talento, personas con iniciativas e ideas diferentes pero que no encontraban recursos para llevarlas adelante”, relata Andrés Saborido, Country Manager de Wayra Argentina.
 
“Les ofrecemos un espacio de trabajo en Telefónica y durante 4 o 12 meses los ayudamos con coaching y mentores para que hagan foco en temas legales, constitución de la sociedad y diseño del producto. Buscamos darles metodológicas ágiles para desarrollar la aplicación, probarla y darle valor, incluso en un fin de semana”, detalla Saborido.
 
Una vez que el proyecto está terminado, Wayra ofrece la posibilidad de trabajar para Telefónica. “Eso le da escala al emprendedor porque estamos en 12 países. A cambio de estos servicios retenemos un 10% del equity o capital del startup, pero la decisión de dar o no servicios a Telefónica la toma el emprendedor”, aclara el ejecutivo. Ese es el caso de la argentina Joincube, una red social interna para empresas que trabaja tanto para el grupo español como para otros países. En Chile, incluso, recibió capitales de un fondo de inversión.
 
Saborido, de Wayra, entiende que muchas veces los emprendedores están a la espera de la llegada de los inversores ángeles, pero como no hay disponibilidad de capital para todos, en su opinión, “lo interesante es que las empresas se focalicen en un mercado regional o global y así poder acceder a fondos extranjeros”. La aceleradora ya invirtió en 18 emprendimientos en Argentina y 180 en todo el mundo.
 
Aprender a fracasar
 Otras iniciativas como los Startup Weekend, en que cada participante pitchea una idea en un minuto, luego se votan las mejores y se arman los equipos para desarrollarla, pocas veces consiguen que las “startup se conviertan en empresas de verdad”, reconoce Martín Vivas. Sin embargo, en su opinión, sirven para que los participantes adquieran habilidades que les van a ayudar a labrar su futuro como emprendedores. Entre ellas, la experiencia y aprender a equivocarse, lo cual es muy útil en el caso del emprendedor argentino, “muy dado a frustrarse, a diferencia del anglosajón que sabe esperar a que una idea fluya con el tiempo y madure”.
 
Vivas destaca que aunque el argentino tenga otras cualidades, como su capacidad para resolver problemas complicados, le cuesta proyectar, “quizás porque vivimos en crisis constantemente” y le resulta difícil tener un proyecto a largo plazo, a 5 años vista. “El emprendedor espera grandes resultados en poco tiempo”, dice.
 
Por otro lado, el emprendedor de la región se enfrenta a otro hándicap desde el punto de vista cultural: “un fracaso empresarial se considera un fracaso personal”, destaca De l´Etraz. En su opinión, en esto influyen también las políticas fiscales. “Siempre te dicen que no tengas miedo a fracasar, pero no te ayudan a sentirte así porque si tu proyecto fracasa, no puedes hacer borrón y cuenta nueva, te llevas las deudas contigo. Mientras que, en EEUU si soy empresario y fallo, quiebro mi empresa, hago borrón y cuenta nueva y empiezo de nuevo”.
 
Además de aprender a equivocarse, los especialistas señalan que el emprendedor latinoamericano debe perderle miedo a contar una idea. Martín vivas explica que “muchas veces los emprendedores creen que se la van a robar, y esto tiene que ver también con el miedo al fracaso. En Latinoamérica vienen con el preconcepto de que la competencia es el enemigo, que equivocarse esta mal, pero el enemigo nos enseña. Esta es una industria transparente, y si te va bien es porque estás haciendo las cosas de forma correcta”.
 
Al respecto, Federico Del Pup, de Skonto, recomienda que “aunque la idea sea pequeña, hay que comentarla y ponerla en marcha. Hay que contar el proyecto porque mientras más participen mejor. No se puede solo contra el mundo”, asegura. De hecho, la empresa incorporó a Ignacio Raffa y Nicolás Vilela, estudiantes de informática, para agregarle valor a la parte técnica. “Fue muy importante porque suman otra mirada al negocio. Todas las partes ganan para llegar a buen puerto, es una forma de economía cooperativa”, dice.
 
Por otro lado, el profesor Zúñiga señala que a algunos proyectos que comienzan dentro de las carreras de informática les falta visión comercial. “Nosotros los ayudamos para que se asocien a alumnos de otras especialidades. Tratamos de acompañarlos y sumarles la parte que les falta en su formación profesional, como el armado de un plan de negocios”, describe el director de UADE.
 
Por eso, en opinión De l´Etraz, las universidades tienen mucho que aportar en la consolidación de la actividad emprendedora en la región. “Los estudiantes son los que tienen que empezar a pensar como emprendedores y hay que empezar a enseñarles que el fracaso es parte del aprendizaje, así como venderse mejor. Ese es el gran reto”.
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