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Un informe profundo sobre la historia de Jorge Bergoglio

Casi todos los miércoles en Roma, los fieles y los curiosos esperan en la Plaza San Pedro por una audiencia general con el Papa. Desde la elección de Jorge Mario Bergoglio en marzo del año pasado, la convocatoria a los eventos papales se triplicó, ascendiendo a 6.6 millones. En una mañana fresca de diciembre, los miles de peregrinos parecen brillar a la luz del sol, cubriendo la plaza como una alfombra pixelada. Quizás sean todos los smartphones elevándose hacia los cielos.

Arriba, el papa Francisco, el vicario número 266 de Jesús en la Tierra, el hombre cuya evidente humildad, empatía y sobre todo devoción hacia los marginados económicamente encaja perfectamente en nuestros tiempos, parece más fornido que en la televisión. A pesar de haber prescindido de los accesorios pontificios más extravagantes, luce sorprendentemente elegante, con un tapado blanco, una bufanda también blanca y una sotana color crema, impecablemente entallada.

Así comienza la nota de tapa de Rolling Stone, con Francisco; un informe escrito por Mark Binelli en el que se profundiza en la transformación de Bergoglio desde que asumió como sumo pontífice, las decisiones que lo llevaron a liderar esta “revolución gentil” y su historia de vida. Abajo, algunos fragmentos…

Francisco y la dictadura. Si hay algo parecido a unamancha en el historial de Bergoglio es su comportamiento durante la última dictadura. Como un superior provincial, tenía mucho menos poder que un obispo y las denuncias públicas de la junta militar lo hubieran matado.

Los defensores argumentan que trabajó de manera efectiva por lo bajo, arriesgando su propia vida disfrazando a cientos de civiles marcados como seminaristas y ayudándolos a escabullirse fuera del país. Pero sus detractores creen que fue cómplice del arresto y tortura de un par de activistas jesuitas. Bergoglio niega rotundamente el cargo, insistiendo en que inmediatamente trató de lograr su liberación pero uno de los curas, Orlando Yorio, escribió un libro en el que se lo acusa de ser uno de los responsables de alertar a la junta. Yorio murió en 2000. El otro cura, Francisco Jalics, refuta lo dicho por Yorio; en octubre se reunió con el Papa en Roma. La periodista Elisabetta Piqué le cree a Jalics y sostiene que la controversia es “una verdadera farsa; Bergoglio tiene la conciencia limpia. Está en paz con él mismo. Hizo todo lo que pudo.”

Francisco y el Vaticano. Hasta los gestos simples, como su rechazo al palacio papal, trascendieron el mero simbolismo. “La razón principal por la cual no quiso vivir ahí tiene que ver con la autonomía”, dice un clérigo del Vaticano que trabajó de cerca con varios papas. “En el palacio, lo pueden controlar.”

Mientras que los otros papas mantuvieron agendas públicas detalladas, Francisco escribe a mano su propio itinerario en una agenda privada. “Esto es insólito”, dice un miembro del Vaticano que prefiere mantenerse anónimo. “Los ayudantes que normalmente saben qué pasa ahora tienen que comprender hablando con otras personas.” Confirma el Padre Lombarda, el secretario de prensa del Vaticano, con un suspiro: “Antes podía contactar a la Curia y saber cuáles eran los planes diarios. Ahora, tenemos que descubrir la agenda. Él se toma la libertad de organizarla.”

Tiempos de cambio. En estos meses, Francisco continuará reuniéndose con los ocho cardinales que citó para la tarea especial de reformar la Curia. También armó una comisión para aconsejarlo con respecto a cómo tratar el tema de la pedofilia en la iglesia, desde medidas preventivas a tratamiento de las víctimas. Se contrataron consultores externos para examinar los movimientos del banco del Vaticano, donde Francisco ya expulsó a varios oficiales. Y cuando los obispos vayan a la próxima asamblea, que se va a centrar en el tema de la familia, tendrán que enfrentarse a los resultados del nuevo cuestionario que el Papa pidió que fuera distribuido entre las parroquias, solicitando opiniones sobre el matrimonio igualitario, el sexo prenupcial, el divorcio y la anticoncepción. Para una organización con tal rigidez jerárquica como la Iglesia Católica, tal decisión democrática es profunda y potencialmente transformadora.

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