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Las empresas enfrentan el desafío de ser más amigables con su fuerza laboral gay. El mundo corporativo parece haber abrazado los derechos de los homosexuales con entusiasmo a tal punto que el 90% de las empresas de la lista Fortune 500 tiene políticas para prevenir la discriminación homofóbica.
Por el equipo de INCompany

 “Creo firmemente en las palabras de Martin Luther King: La pregunta más persistente e imperiosa que plantea la vida es: ¿Qué haces por los demás? Es una pregunta que me hago muy a menudo, y me he dado cuenta de que mi deseo de intimidad me ha impedido hacer algo que es más importante. Por eso he decidido hablar hoy”, escribió Tim Cook, CEO de Apple, el jueves 30 de octubre. “No me considero un activista, pero soy consciente de lo mucho que me he beneficiado del sacrificio de otros. Por eso, si oír que el consejero delegado de Apple es gay puede ayudar a alguien que está intentando aceptarse a sí mismo, o consolar a cualquiera que se sienta solo, o inspirar a la gente para que siga reclamando la igualdad, entonces compensa haber renunciado a mi privacidad”, escribió Tim Cook.

“No me llama la atención el anuncio de Tim Cook. Es otra forma de diferenciarse por parte de Apple y sus ejecutivos. Mientras en el siglo XX se suponía que lo diferente se ocultaba (y un Tim Cook no hubiera hecho pública su identidad sexual), en el siglo XXI ser transparente es más importante”, destaca Paula Molinari, presidente de la consultora argentina Whalecom y autora de diversos libros.

“Tim Cook confiesa que la decisión no fue fácil. Como bien dice, el siempre mantuvo su vida privada en privado. Pero seguramente, la tensión entre lo privado y la transparencia debe haber sido fuerte. En una organización que alienta la gestión de la diversidad, hablar de lo privado es mostrarse en forma transparente. Transparencia y diversidad, dos tendencias macro imponentes de esta era. Las empresas que sepan gestionarlas serán las más atractivas para sus empleados y para sus clientes. De nuevo Apple, en la vanguardia”, destaca Molinari.

El CEO de Apple se ha sumado a la larga lista de líderes estadounidenses que comparten públicamente su homosexuallidad. En un ensayo publicado el jueves 30 de octubre en la revista Bloomberg Businessweek, Tim Cook se ha convertido en el ejecutivo más importante de una compañía de Estados Unidos en hacer pública su orientación sexual.

“Hace años que mucha gente conoce mi orientación sexual. Muchos de mis colegas en Apple saben que soy gay, y no parece que eso influya en cómo me tratan. Por supuesto, tengo la suerte de trabajar en una empresa que fomenta la creatividad y la innovación y que sabe que solo pueden florecer cuando se aceptan las diferencias. No todo el mundo es tan afortunado. Aunque nunca he negado mi sexualidad, tampoco la había revelado en público, hasta ahora. Por eso quiero decir con claridad: Estoy orgulloso de ser gay, y considero que ser gay es uno de los mejores regalos que me ha hecho Dios”, señala.

El caso de John Browne
Aunque cada vez existen más gestos de las empresas para establecer políticas que favorezcan la presencia y aceptación de los homosexuales, todavía son muy pocas las que tienen máximos responsables abiertamente gays o lesbianas. The Economist cuenta la historia de John Browne, que dejó su cargo de Presidente en British Petroleum tras un escándalo mediático homosexual publicado en los tabloides británicos, y que ahora publica el libro The Glass Closet (“El armario de cristal”), recuerda Anna Molas Closas de la Fundación Factorhuma.

El 1 de mayo de 2007 John Browne dimitió como máximo responsable de BP y su carrera quedó aparentemente destruida. Un tabloide británico publicó su aventura con un ex chico de compañía. Durante las semanas posteriores a dicha publicación, Browne fue sujeto de un juicio mediático, práctica en la que los británicos parecen expertos. Tres años más tarde, el desastre del Deepwater Horizon, una explosión que provocó la fuga de millones de litros de petróleo frente a las costas del Golfo de México, sugirió que podría haber habido razones más graves además sus preferencias sexuales privadas para cuestionar el mandato de Browne en BP. El desastre pareció confirmar tanto las preocupaciones de algunos analistas que decían que Browne había sacrificado la inversión para lograr mayor crecimiento, como las acusaciones de los ecologistas de que el cambio de marca de BP de British Petroleum a Beyond Petroleum (“Más allá del Petróleo”) fue solo un lavado de imagen superficial.

A pesar de todos los golpes a su reputación, Browne ha llevado a cabo un destacable trabajo para resucitar su carrera. Ha convertido Riverstone Holdings, una firma de capital riesgo, en un poderoso actor de las iniciativas del fracking en Europa. También se ha reconvertido en portavoz líder para los derechos de los homosexuales en el mundo corporativo. Su nuevo libro The Glass Closet (“El armario de cristal”) es la declaración más completa de su posición: una parte la dedica a recordar cómo fue vivir en una mentira mientras dirigía una de las compañías más grandes del mundo, y otra parte es un manifiesto corporativo sobre “por qué salir del armario es un buen negocio”.

Aparentemente, el mundo de la empresa ha abrazado los derechos de los homosexuales con entusiasmo. Más del 90% de las empresas de la lista Fortune 500 tiene políticas para prevenir la homofobia. Tanto Lloyd Blankfein, Jefe de Goldman Sachs, como Jaime Dimon, Jefe de JPMorgan Chase, se han declarado a favor de los matrimonios del mismo sexo. Las redes internas para personal homosexual, como Glam (Gay, lesbian, bi, and trans at McKinsey) o Gayglersde Google, se han convertido en parte del mobiliario corporativo. Browne afirma que él incluso ha oído que hay estudiantes de escuelas de negocios que fingen ser homosexuales para aumentar sus oportunidades de conseguir trabajos en compañías de élite.

Si miramos más allá de los gestos más visibles, sin embargo, el panorama no es tan alentador. Ninguna de las 500 compañías de Fortune 500 ni del FTSE 100 tienen a un solo CEO abiertamente homosexual. Christopher Bailey se convertirá en el primero del FTSE cuando pase a ser Jefe de Burberry este mismo año. Según el libro, se estima que un 41% de los empleados gays en los Estados Unidos y el 34% en Gran Bretaña siguen en el armario.

Browne defiende que las altas esferas de los negocios se ven obligadas a ser lentas en su adaptación a la evolución de las costumbres: la composición de los comités de dirección es producto de una carrera que empezó hace décadas. Pero también señala que muchos empleados jóvenes aún escogen seguir en el armario. Tienen miedo de que si salen se les encasille como idóneos para algunos trabajos pero no para otros, o que se vean dañadas sus oportunidades en un mercado laboral salvajemente competitivo. Y prefieren mantener sus vidas privadas para ellos mismos.

El último punto es seguramente comprensible: el trabajo es un sitio donde la gente va a ganar dinero más que a desnudar su alma. Pero Browne muestra poderosas objeciones a esta manera de ver las cosas. La barrera entre “trabajo” y “vida” es muy delgada, particularmente en un entorno actual de trabajo bajo tanta presión. Las empresas están constantemente invitando a sus colaboradores para ejercer funciones sociales. Por encima de un cierto nivel de jerarquía, los hombres y mujeres de negocios no tienen más remedio que trabajar desde el centro de atención: aquellos que disfrazan su identidad sexual para llegar a lo más alto, cuando lleguen corren el riesgo de sufrir el destino de Browne.

Browne está razonablemente convencido de que salir del armario es bueno para los negocios. Abrazar los derechos de los homosexuales ayuda a las empresas a ganar la guerra entre el talento de mayor formación –no sólo porque tienen mejores oportunidades de contratar a empleados homosexuales (que constituyen entre un 5 y un 10% de la fuerza de trabajo) sino también porque envían una señal positiva a los heterosexuales favorables a los derechos de los gays. Salir del armario probablemente mejora la productividad de los empleados homosexuales: él cita un montón de estadísticas, juntamente con su propia biografía, para mostrar que la gente es más creativa si no está usando una cuarta parte de su cerebro para esconder quienes son. Resulta todavía más convincente al defender que una combinación de la lógica empresarial con un cambio en las actitudes sociales reducirán radicalmente el número de empleados que se sienten obligados a esconderse en el armario.

Orgullo y obstáculos
Sin embargo, la defensa entusiasta de Browne le lleva a pasar por alto algunas cuestiones difíciles que se plantean en el avance hacia unos lugares de trabajo más tolerantes. Nunca dice nada malo sobre los “consultores en diversidad” que le proporcionan la mayoría de estadísticas que aparecen en el libro. Parece haber pasado por alto que dichos consultores son miembros de un sector de autoservicio que constantemente redefine la discriminación para mantener su trabajo. Elogia a los jefes que se expresan en favor del matrimonio homosexual, pero no dice nada sobre aquellos que exponen razones para oponerse, y sobre el derecho a expresar sus opiniones -como Brendan Eich, quien se vio obligado a dejar su trabajo como Jefe de Mozilla, un empresa de software, por hacer campaña contra el matrimonio homosexual en California.

En particular, debería haber dicho algo más sobre la forma en que los derechos de los homosexuales complicarán la globalización, señala Anna Molas Closas de la Fundación Factorhuma. El mundo se está dividiendo en dos polos opuestos: un Occidente cada vez más abierto con los gays; y los 77 países que aún prohíben las relaciones homosexuales consentidas entre adultos. Uganda, Nigeria y Rusia han endurecido sus leyes homofóbicas como reacción a la liberación gay de Occidente. Browne elogia a compañías como IBM, que se enorgullece de seguir la misma política antidiscriminación en los 170 países en los que opera. Pero en la práctica muchas multinacionales y sus empleados homosexuales deberán tomar decisiones difíciles. En el propio sector de Browne, será difícil para las empresas enviar a trabajadores abiertamente gays a muchos de los países del mundo con producciones de petróleo más importantes, tal vez limitando sus perspectivas profesionales. En los países ricos la vieja cultura del don’t ask, don’t tell (“no preguntes, no digas”) se está acabando rápidamente, gracias en parte a historias como las de Browne. La nueva cultura, aunque es mucho más admirable que la antigua, va a enfrentar a las empresas con algunas complicadas pruebas de gestión.

(Anna Molas Closas de la Fundación Factorhuma ha escrito parte de este artículo).