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El mundo está cambiando y hay transformaciones que son para bien. Hoy existen nuevas formas de hacer las cosas. Las ideas encuentran caminos creativos para salir del cascarón, materializarse, desarrollarse, fortalecerse y perdurar en el mercado. Un número importante de personas han mostrado interés en el entorno emprendedor, que ya no es la cosquillita reservada a unos cuantos ni el privilegio de los que se encuentran cerca de alguna divinidad o un alto potentado, destaca Cecilia Duran en un artículo en Forbes Magazine.
Ante la escasez creciente de empleos, jóvenes y maduros están dejando el recelo por emprender y cada vez el sueño de empezar un negocio propio parece más factible.

Sin duda, el mundo del emprendimiento es un atractivo círculo en expansión, poblado por cambios, evolución y desarrollo. Pero antes de salir entusiasmados a perseguir gigantes y terminar estrellando nuestras lanzas en las aspas de un molino, es pertinente advertir que en ese terreno también hay errores, riesgos y fracasos. Emprender es una aventura extraña. Por un lado, he visto ideas maravillosas naufragar por falta de paciencia, por mala administración o por un cálculo deficiente del riesgo. Por otro, he visto cómo ideas raras, a las que no se les veía la menor posibilidad de seguir adelante, llevan años de operación consolidada y creciente. A simple vista, no parece haber una explicación científica que nos aclare esta divergencia, pero un análisis adecuado puede darnos luz.

Es verdad que no hay fórmulas mágicas para conseguir el éxito, ni existen recetas garantizadas para triunfar. El que diga eso está vendiendo espejitos y, más que prestarles atención, hay que salir huyendo de su radio de influencia. Lo que sí podemos encontrar son puntos de concordancia y discrepancia entre los proyectos que siguen trabajando y aquellos que naufragaron.

Los que tuvieron éxito:
1. Trabajaron su propio éxito. Tuvieron la asertividad de imaginar su proyecto y de sortear los obstáculos que encontraron en el camino. Supieron apuntalar la idea sobre la base de sus fortalezas y se ocuparon de que las debilidades estuvieran controladas. Jamás delegaron lo relevante y siempre fueron un punto de apoyo para resolver problemas. Ellos metieron las manos y no les importó embarrarse las manos de trabajo para sacar las cosas adelante.

2. Jamás creyeron en los atajos. Mientras otros emprendedores se enfocaron en la venta su idea o en buscar un mecenas que les garantizara la eliminación del riesgo, el emprendedor exitoso estaba y está trabajando más allá de sus capacidades en el buen desempeño de su proyecto.

3. No esperan a que alguien haga las cosas por ellos ni pretenden que otro venga a resolverles el problema. Desde un inicio toman al toro por los cuernos y hacen las cosas. Se atreven a traspasar el umbral de la planeación y se ponen en acción.

4. No hacen cola por ayuda del gobierno. Una buena parte de los emprendedores que han triunfado, confían tanto en su idea que salen a conseguir recursos y los obtienen. No pierden el tiempo tratando de obtener un soporte, un subsidio, una ayuda. Entienden que el tiempo es oro y que si llega el apoyo en el momento preciso, lo toman, pero no ocupan como pretexto la falta de interés de funcionarios de gobierno o de planes de desarrollo para echar a andar su idea.

5. No viven esperando el momento justo. En esto hay que ser claros: el momento justo no existe. Siempre es lo mismo. Las variables macroeconómicas se pueden comportar en forma desfavorable sin dar aviso. La inflación puede aumentar, el tipo de cambio puede elevarse, la inseguridad puede crecer, el precio del petróleo se puede desplomar, y no permiten que esos movimientos cancelen el proyecto. Tienen una misión, una visión y la energía suficiente para construir una gran empresa, a partir de la nada.

6. Tienen experiencia, son disciplinados y saben pedir ayuda. Existe una visión generalizada de que el emprendimiento es desordenado, poco disciplinado, autodidacta y todopoderoso. Falso. Los casos de éxito han aprovechado la trayectoria anterior, tal vez hasta los fracasos del pasado, para construir un proyecto y salir adelante. Pero también han tenido la humildad de reconocer que nadie es bueno en todo y levantan la mano pada pedir ayuda, consejo y asesoría en los temas que no dominan.

7. Tienen fe en su idea y la predican. Creen tanto en ella que si no tienen acceso a fondos de fomento, deciden emprender con dinero propio. Lo curioso es que el hecho de que los emprendedores tengan la convicción personal y profesional de invertir su propio dinero y tener transformaciones exitosas, es en parte una garantía del porvenir de dichos fondos.

8. No pierden el tiempo. Tiene algo muy claro: el tiempo es escaso para todos. Saben que no es momento de tomar las cosas con calma y perder meses en el proceso. Sin embargo, son cautelosos y saben tener la paciencia y la perseverancia para esperar a que el proyecto eche raíces, crezca su tallo para poder recoger sus frutos.

9. Se capacitan y actualizan constantemente. Están ávidos de recibir información que les permita mejorar el proyecto, simplificar procesos, motivar a su equipo.

Los que fracasaron:
1. No tenían un plan de trabajo. Trabajaban de forma desordenada y vivían el proyecto día a día, sin rumbo, objetivos y metas claras.

2. Esperaron eternamente que alguien les ayudara y es probable que sigan esperando. Se estacionaron en la creencia que los proyectos deben ser fondeados por el gobierno, que la capacitación debe ser gratuita, los insumos regalados y además creyeron que los inversionistas debían tocar a sus puertas para ofrecerles fondos a costo cero. Jamás comprendieron que nadie tiene ninguna obligación de hacer lo que ellos no quieren hacer.

3. Tenían más pretextos que buenas ideas. Es frecuente escuchar a emprendedores que viven dando excusas de por qué no en vez de ocuparse en por qué sí. Además son críticos acérrimos de los que sí se atrevieron y tienen tan extraordinarios argumentos que viven acariciándolos en vez de ponerse en acción.

4. Menospreciaron e ignoraron las palabras de aquel discurso memorable que pronunció John F. Kennedy en el que dijo: “No te preguntes lo que puede hacer la nación por ti, pregúntate que puedes hacer por tu nación.”

En síntesis, para emprender y sobrevivir no hay fórmulas mágicas. Hay puntos de encuentro y discordancias que vale la pena tener en cuenta si se tiene una idea en la que se cree con tantas fuerzas como para echarla a andar.