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El boom inmobiliario de la costa peruana ya no se limita al sur de Lima. Con la entrada en operación del Puerto de Chancay y la consolidación del corredor Chancay–Ancón como eje logístico e industrial, un nuevo tipo de desarrollo está tomando forma: el condominio de playa pensado no para el verano, sino para vivir todo el año.

 

El caso más representativo de esta tendencia es Valentina del Mar, el desarrollo inmobiliario ubicado en el kilómetro 101 de la Panamericana Norte, frente al litoral de Chancay. Conversamos con Xavier MacLean Motte, director gerente de MacLean Arquitectos y responsable del diseño del proyecto, para entender qué hay detrás de esta apuesta.

Con más de 37 años de trayectoria, más de 80 casas de playa y campo diseñadas y otras 30 edificaciones en Lima Metropolitana, MacLean forma parte de una generación de arquitectos que está viendo cómo el litoral norte deja de ser un destino de fin de semana para convertirse en una alternativa real de residencia permanente. Y Valentina del Mar es, en sus propias palabras, el ejemplo más claro de ese cambio.

Un concepto híbrido: playa y ciudad en un mismo proyecto

«La idea parte del concepto de condominio de playa por su cercanía al mar, pero para ser utilizado como vivienda permanente y gozar de ambas características en un solo proyecto», explica MacLean. El planteamiento de Valentina del Mar se organiza en tres condominios independientes y cerrados, integrados entre sí, con énfasis en seguridad, recreación y acceso a servicios comerciales.

Esa hibridez no es casual. Está pensada para una población específica: quienes trabajan en la industria portuaria cercana o tienen empresas en el parque industrial adyacente al proyecto. «La idea es contar con un conjunto habitacional ordenado que integre la playa con un lugar para vivir permanentemente», señala el arquitecto, marcando una diferencia clara frente a los condominios clásicos del sur del litoral, que —según él— «solo se ocupan en verano». Valentina del Mar, en cambio, apuesta por que sus propietarios «gocen del mar y vivan durante todo el año cerca de su empresa o trabajo».

Si tuviera que resumir la identidad del proyecto en una frase, dice, sería esta: «un nuevo concepto de vivienda que agrupa exclusividad, confort, seguridad, recreación y comercio en un mismo lugar».

El frente de playa como columna vertebral del diseño

Con cerca de 875 metros de litoral —casi nueve cuadras—, el frente de playa es el elemento organizador de todo Valentina del Mar. El diseño prioriza la vista al mar, pero al mismo tiempo protege el proyecto de cualquier subida de marea gracias al acantilado frontal, de 22 metros de altura. La línea de alta marea se encuentra a 50 metros del acantilado, y los lotes frontales están retirados 25 metros adicionales del borde, lo que —de acuerdo con MacLean— hace prácticamente imposible una inundación por oleaje anómalo.

La topografía también resuelve un problema típico de estos desarrollos: cómo repartir vistas al mar entre lotes de distinto valor y ubicación. Con un 60% de áreas libres y una pendiente natural del terreno de 7%, los lotes más alejados del frente ganan altura equivalente a dos pisos, lo que permite aprovechar los niveles superiores para terrazas techadas, parrilla y piscina, incluso en los lotes interiores del condominio.

En materia sísmica, el arquitecto destaca que el suelo del terreno donde se asienta Valentina del Mar combina arena gruesa y hormigón, a diferencia de otros proyectos de playa asentados sobre arena fina, considerada menos resistente. A esto se suma un reglamento de construcción estricto y supervisión de obra permanente, condiciones que el proyecto exige a todos sus propietarios al momento de edificar.

Puerto, industria y un nuevo patrón de crecimiento urbano

Uno de los puntos más reveladores de la conversación es la lectura que hace MacLean del rol del Puerto de Chancay en la configuración de Valentina del Mar. Consultado sobre si zonas ancladas a puertos de gran escala tienden a replicar patrones de crecimiento urbano vistos en Shenzhen o Tánger Med, su respuesta es afirmativa: «la cercanía del proyecto al puerto de Chancay constituye un eje de desarrollo que permite el crecimiento de la zona y resuelve una necesidad de vivienda de trabajadores, industria, depósitos, etc., tal como ha sucedido en otros países desarrollados».

Esa visión se extiende a un horizonte de diez años. MacLean imagina, en el marco del corredor Chancay–Ancón, un «mega proyecto que juntará zonas residenciales, comerciales e industriales en una nueva gran ciudad», que no dependerá de las vías de comunicación entre Lima y Chancay, al estar Valentina del Mar ubicado a solo 20 kilómetros del puerto. Esa cercanía —apunta— permitiría a trabajadores portuarios llegar a sus casas en 20 minutos, y a las empresas industriales y comerciales mover o almacenar productos en el mismo tiempo.

Sostenibilidad y autonomía de servicios

El abastecimiento de agua en Valentina del Mar está garantizado mediante pozos propios, con una napa freática confirmada en el subsuelo y las aguas residuales se tratarán en una planta propia (PTAR). La vegetación contempla especies nativas resistentes al aire salado, como palmeras y huaranguillo.

El club house del proyecto, por su parte, toma como referencia conceptos de diseño contemporáneo inspirados en hoteles como Anantara en Bali y Costa Brava en España, combinando elementos rústicos —piedra, troncos de eucalipto y vegetación— con una propuesta más resort que condominio tradicional.

La lectura para el inversionista

Para MacLean, el argumento de inversión detrás de Valentina del Mar es directo: «no existe un proyecto similar en el área» y los lotes «incrementarán su valor muy rápidamente por la cercanía al puerto de Chancay». Más allá de la revalorización, insiste en que el verdadero diferencial del proyecto es que permite vivir «como en un balneario» pero utilizando la vivienda los doce meses del año, con recreación, servicios y comercio al alcance de la mano, dentro de un esquema cerrado y ordenado, casi como una ciudad independiente. Este posicionamiento —vivienda permanente frente al mar, a un paso del corredor logístico más dinámico del norte chico— es, de hecho, el eje sobre el que el proyecto viene construyendo su estrategia comercial, incluyendo su acercamiento a peruanos residentes en el extranjero interesados en invertir en el litoral.

Consultado sobre qué aspecto suele pasar desapercibido para el público al conocer Valentina del Mar por primera vez, MacLean apunta a la dimensión más estructural del proyecto: se trata, dice, de «un nuevo concepto en el norte de la ciudad de Lima que integra diferentes aspectos de la producción, industria, vivienda y recreación claramente diferenciados y ordenados», con potencial de generar un crecimiento importante en toda la región.

Su mensaje final a los inversores va en esa misma línea: Valentina del Mar, afirma, impulsará desarrollos complementarios en hotelería, clubes y villas que podrán crecer en paralelo, y extiende una invitación abierta a quienes estén evaluando invertir en la zona.