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Enrique Dans: “La mayor crisis de la democracia en toda su historia”

Enrique Dans – (DEMOCRACIA – CAMPAÑAS – WHATSAPP) Con las midterms norteamericanas a punto de consumarse y etiquetadas como cruciales, el Departamento de Justicia norteamericano acusa a Rusia de interferir en su proceso electoral a través del llamado Project Lakhta, consistente en la creación de miles de cuentas de correo electrónico y perfiles falsos en redes sociales que ocultaban su identidad utilizando VPNs, y pretendían ser activistas norteamericanos que generaban contenido en un amplio rango de temas destinados a generar división, tales como el control de las armas, las relaciones raciales o la inmigración. Las mismas tácticas (o parecidas) que llevaron a la Casa Blanca a Donald Trump, que en estas elecciones vuelve a ser el mayor anunciante en Facebook, siguen ejecutándose con muy leves variaciones.

Por Enrique Dans, Profesor en Sistemas de Información del IE Business School de España.

Mientras, en Brasil, la desinformación se extiende sin freno a través de WhatsApp, una herramienta que utilizan constantemente 120 millones de brasileños, y la compañía afirma que tomará acciones legales contra quienes la utilicen para campañas de spam y desinformación electoral. Según las investigaciones preliminares, todo indica que el candidato ultraderechista Jair Bolsonaro ha tomado a Donald Trump como modelo y, en una campaña repleta de acusaciones de financiación ilegal, ha pagado a través de diferentes compañías a múltiples agencias de social media para enviar cientos de millones de mensajes con desinformación, rumores y noticias falsas a los smartphones de ciudadanos brasileños atacando a su oponente, Fernando Haddad.

En un estudio reciente sobre cien mil imágenes difundidas a través de WhatsApp durante la campaña electoral, más de la mitad contenían información falsa o manipulada. La campaña de WhatsApp llevada a cabo por Bolsonaro podría suponer hasta tres infracciones de la ley electoral brasileña, por implicar a compañías , que tienen prohibido realizar donaciones políticas, en la financiación de la operación, porque cualquier gasto electoral debe estar convenientemente registrado con los reguladores, y porque la compra masiva de listados de números de teléfono para distribuir mensajes es ilegal. Si se llega a demostrar que Bolsonaro se benefició de la masiva campaña, su candidatura podría ser cancelada, o en caso de haber sido ya elegido, podría ser destituido de la presidencia, pero existe un marcado escepticismo sobre las posibilidades de actuación de una legislación electoral que tiende a actuar de manera limitada y, habitualmente, muy tarde.

La situación es completamente excepcional, y enormemente preocupante en cuanto a su trascendencia por lo que supone de amenaza a la forma de gobierno de la mayoría de los países occidentales.

 

Las elecciones norteamericanas y brasileñas no son más que los últimos ejemplos de la que es, sin duda, la mayor crisis de la democracia en toda su historia: el uso de una herramienta tecnológica, las redes sociales y su capacidad para el micro-targeting, para manipular a los votantes mediante mensajes inflamatorios y noticias falsas. Toda campaña electoral consiste en tratar de convencer a los votantes para que dirijan su voto hacia una opción determinada, pero los elementos utilizados para ello tienen que estar dentro de unos límites razonables, y sobre todo, no incluir interferencias de países extranjeros o actividades directamente ilegales que vulneran la legislación electoral. En campaña valen muchas cosas, pero no puede valer todo, y no está en absoluto claro que las acciones de Facebook en su nueva war room estén realmente sirviendo de algo para detener esos procesos de manipulación.

La situación es completamente excepcional, y enormemente preocupante en cuanto a su trascendencia por lo que supone de amenaza a la forma de gobierno de la mayoría de los países occidentales. Es sin duda algo que nos vamos a encontrar, repetido con escasas variaciones, en todo proceso electoral que venga a partir de ahora, en cada país, hasta poner a la democracia bajo una sombra de permanente sospecha. Es el momento de entender que situaciones excepcionales reclaman medidas excepcionales. Medidas que es temerario limitar únicamente a las soluciones que puedan proponer las propias compañías tecnológicas y de redes sociales, y que tienen necesariamente que incluir el dotar de dientes a la legislación electoral, la exclusión sumaria de todo candidato que recurra a este tipo de armas, y el control minucioso de la influencia extranjera en los procesos. La legislación electoral, sencillamente, ha demostrado no estar a la altura del escenario tecnológico actual, y resulta imprescindible lograr que pueda estarlo lo antes posible. ¿Está la democracia preparada para responder a un problema así, que cuestiona su propia esencia y naturaleza?

Hasta el momento, no lo ha estado. Y las consecuencias están siendo gravísimas.

This post is also available in English in my Medium page, “Why social networks are the gravest threat to democracy in its history”

Por Enrique Dans, Profesor en Sistemas de Información del IE Business School de España.

 

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