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RESUMEN CON IA

El Proyecto Stargate —la mayor apuesta en infraestructura de IA de la historia, con 500.000 millones de dólares comprometidos— ya es una realidad en construcción. Con campus operativos en Texas, expansiones en Emiratos Árabes y Argentina, y una inversión global en centros de datos que supera los 270.000 millones en 2025, la carrera por el cómputo ha dejado de ser una tendencia para convertirse en la nueva geografía del poder económico. Para los directivos, controlar el acceso a esta infraestructura ya no es una decisión técnica: es la decisión estratégica más importante de la década.

 

Hay decisiones empresariales que no se toman en una sala de juntas. Se toman en el desierto de Texas, a 5.000 trabajadores construyendo turnos de noche, o en Abu Dabi, donde el hormigón del mayor campus de inteligencia artificial fuera de Estados Unidos ya lleva meses fraguando. Lo que está ocurriendo con la infraestructura de IA en 2026 no es un ciclo tecnológico más. Es una reconfiguración de las bases físicas sobre las que se construirá la economía de las próximas décadas. Para cualquier directivo que tome decisiones de transformación digital, entender este fenómeno ya no es opcional.

 

Stargate: de anuncio presidencial a obra en marcha

En enero de 2025, el presidente Donald Trump convocó una rueda de prensa en la Casa Blanca junto a Sam Altman (OpenAI), Larry Ellison (Oracle) y Masayoshi Son (SoftBank) para anunciar el Proyecto Stargate: una empresa conjunta con el compromiso de invertir 500.000 millones de dólares en infraestructura de IA en Estados Unidos a lo largo de cuatro años. La escala del anuncio lo situó de inmediato en la conversación pública como el mayor proyecto de infraestructura tecnológica de la historia, comparable por su ambición al Proyecto Manhattan.

Dieciséis meses después, el proyecto ya no es solo un titular. Es cemento, acero y silicio.

El campus insignia de Stargate, ubicado en Abilene, Texas, tiene dos edificios operativos desde septiembre de 2025 y otros seis en construcción, con previsión de completarse a mediados de 2026. Cuando esté terminado, albergará más de 450.000 unidades de procesamiento NVIDIA GB200, las GPUs de última generación diseñadas para cargas de trabajo de IA. A 5.000 trabajadores en turnos de 24 horas no les basta con la jornada laboral convencional para mantener el ritmo exigido.

Más allá de Abilene, seis campus adicionales en territorio estadounidense están en distintas fases de desarrollo: Shackelford County y Milam County en Texas, Doña Ana en Nuevo México, Lordstown en Ohio, una ubicación en el Midwest aún por confirmar, y Saline Township en Michigan. La capacidad total comprometida bajo desarrollo ya supera los 7 gigavatios, sobre un objetivo final de 10 GW. Según OpenAI, más de 400.000 millones del compromiso total ya están en juego.

La arquitectura financiera del proyecto es igualmente reveladora. SoftBank completó su inversión de 41.000 millones en OpenAI. NVIDIA anunció en septiembre de 2025 una inversión de 100.000 millones en el proyecto a cambio de proveer sus procesadores. AMD acordó suministrar GPUs para hasta 6 GW de capacidad. Y Oracle, aliado operativo clave, firmó un acuerdo de colaboración que supera los 300.000 millones de dólares a cinco años. Para reducir su dependencia a largo plazo de NVIDIA, OpenAI está desarrollando su propio chip de IA personalizado —nombre en clave «Titan»— en colaboración con Broadcom, fabricado en el proceso de 3 nanómetros de TSMC, con producción masiva prevista para la segunda mitad de 2026.

 

La dimensión internacional: una carrera geopolítica

Si Stargate comenzó como un proyecto de política industrial americana, su expansión global ha convertido el acceso a infraestructura de IA en una cuestión de soberanía nacional. Los países que no construyan o atraigan esta infraestructura quedarán en posición de dependencia tecnológica estructural.

El Stargate UAE, fruto de una alianza entre G42 (el grupo tecnológico de Abu Dabi), OpenAI, Oracle, NVIDIA, Cisco y SoftBank, es el ejemplo más avanzado. La primera fase de 200 megavatios está en construcción acelerada, con entrega prevista en el tercer trimestre de 2026. El objetivo final es un campus de 1 gigavatio, parte de un parque tecnológico de 19,2 kilómetros cuadrados que será el mayor campus de IA del mundo fuera de Estados Unidos. En el desierto de Abu Dabi, los sistemas mecánicos ya se están instalando. Para los Emiratos, Stargate no es solo infraestructura, es una declaración de ambición nacional en la era de la IA.

En América Latina, el primer nodo Stargate se construye en la Patagonia argentina. OpenAI y Sur Energy anunciaron en octubre de 2025 una inversión de hasta 25.000 millones de dólares, con una capacidad de 500 megavatios que lo convertiría en el mayor centro de datos de la región, superando instalaciones en Brasil, Chile y México. La elección de la Patagonia no es casual: el frío natural reduce el coste de refrigeración, y la energía hidroeléctrica ofrece una fuente limpia y abundante.

 

El contexto global: una industria que ha redefinido la inversión

Stargate es la manifestación más visible de una tendencia estructural que está transformando la economía global. Según datos de UNCTAD, en 2025 los centros de datos captaron más de 270.000 millones de dólares en inversión extranjera directa anunciada, representando más de una quinta parte del valor global de todos los proyectos greenfield. Es la primera vez en la historia que un sector de infraestructura tecnológica supera a manufactura, energía o logística en captación de inversión global.

El informe Global Investor Outlook 2026 de Colliers es aún más contundente: durante los primeros tres trimestres de 2025, los centros de datos concentraron el 31% del capital global destinado a inversión inmobiliaria, duplicando su promedio histórico del 15% desde 2020. Han desplazado a las oficinas y a los activos industriales como la categoría más demandada por el capital institucional.

El mercado global de centros de datos de IA, valorado en 21.270 millones de dólares en 2026, crecerá a 133.510 millones en 2034, con una tasa compuesta anual del 25,8%. Para ponerlo en perspectiva: solo entre 2024 y 2026, los grandes tecnológicos destinarán un billón de dólares a esta infraestructura. América del Norte lidera con más del 45% de participación, seguida de Asia-Pacífico con un 30% en rápido ascenso, y Europa con alrededor del 20%.

 

El reto energético: el cuello de botella que nadie esperaba

El mayor obstáculo para la expansión de la infraestructura de IA no es la financiación, ni la tecnología, ni el talento. Es la electricidad. Los grandes centros de datos de IA consumen entre 50 y 150 megavatios por instalación. A escala de Stargate —10 gigavatios de capacidad total— estamos hablando de una demanda energética equivalente a la de varios países medianos. Los retrasos en permisos de conexión a la red eléctrica, que pueden llegar a cuatro años, se han convertido en el principal factor de riesgo operativo para los promotores.

JLL estima que más del 50% de los proyectos en construcción durante 2025 sufrieron retrasos de tres meses o más, principalmente por cuellos de botella en el suministro eléctrico. Los promotores están respondiendo con pedidos de materiales de hasta 24 meses de antelación y explorando soluciones de generación distribuida, incluyendo plantas de gas natural, energía solar, e incluso reactores nucleares modulares.

Las nuevas tecnologías de refrigeración son igualmente críticas. Más del 45% de los nuevos centros de datos en 2026 utilizan refrigeración líquida, frente a los sistemas de aire tradicionales. Los servidores modernos de IA pueden generar diez veces más calor que los servidores convencionales, lo que hace que la gestión térmica sea un factor de ingeniería tan importante como el procesamiento en sí.

 

Lo que significa para los directivos: tres decisiones estratégicas

El boom de infraestructura de IA no es solo relevante para los que construyen centros de datos. Para los líderes de cualquier sector, plantea decisiones concretas que no admiten demora.

 

Primera: la posición en la cadena de valor de la IA. Las empresas que accedan a capacidad de cómputo con anticipación —ya sea mediante contratos de cloud con los hyperscalers o mediante infraestructura propia— tendrán una ventaja estructural sobre las que dependan del mercado spot. El 77% de los proyectos en construcción ya están comprometidos con inquilinos antes de terminarse. La escasez de capacidad no es un escenario futuro: es el presente.

 

Segunda: la revisión de la estrategia energética corporativa. La IA no es solo un coste de software. Es un coste energético creciente. Las empresas que integren IA a escala en sus operaciones deberán incorporar la huella energética de sus modelos en sus estrategias de sostenibilidad y en sus análisis de coste total. En Europa, el RGPD y la regulación de IA añaden una capa adicional de compliance que condiciona dónde pueden almacenarse y procesarse los datos.

 

Tercera: la vigilancia del impacto macroeconómico. El Foro Económico Mundial, en su Reunión Anual de 2026, señaló que el boom de los centros de datos ya está generando señales tempranas de mejora de productividad en la economía americana, con un crecimiento del PIB combinado con desaceleración del empleo en ciertos sectores. Las empresas que adopten IA antes verán beneficios de productividad antes. Las que esperen pagarán el coste de la transición con retraso y sin las ventajas del primer movedor.

 

Conclusión: La infraestructura es la estrategia

«La IA solo podrá hacer realidad sus promesas si desarrollamos la capacidad informática necesaria para impulsarla.» — Sam Altman, CEO de OpenAI

No es retórica corporativa. Es la descripción de una realidad física: sin gigavatios de cómputo, no hay modelos de frontera; sin modelos de frontera, no hay ventaja competitiva basada en IA.

Lo que Stargate y el boom global de centros de datos revelan, en último término, es que la transformación digital ha entrado en su fase más capital-intensiva. La carrera ya no se gana con mejores algoritmos en un portátil. Se gana con acceso a la infraestructura que los entrena y los ejecuta. Para los directivos, entender dónde se construye esa infraestructura, quién la controla y a qué precio es, hoy, tan estratégico como entender el mercado en que compiten.


 

Artículo elaborado para Management Society con datos actualizados a mayo de 2026.

Fuentes: OpenAI, Oracle, Foro Económico Mundial, UNCTAD, Colliers, JLL, Fortune Business Insights.